Viernes, 25 Marzo 2016 00:00

Los 10 nunca del matrimonio

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En todos los matrimonios siempre hay momentos complicados donde nos cuesta amar a nuestro cónyuge y queriendo o sin querer acabamos haciéndole daño. Pequeños rasguños que poco a poco se convierten en heridas y dañan nuestro matrimonio. Pequeñas cosas que antes no dábamos importancia pero se acaban convirtiendo en una gran bola de nieve. A continuación una lista de los 10 “Nunca” del matrimonio:

1. Nunca hablen mal del cónyuge
Como dice el refrán “los trapos sucios se lavan en casa”. Y así tiene que ser. Si hay problemas en el matrimonio o alguna rencilla, no se puede meter a terceros o contarles lo sucedido a ellos. Queramos o no, cuando el problema se haya resuelto y nuestro cónyuge nos haya perdonado, esas terceras personas sí pueden tomar partido de un lado u otro.  La comunicación en pareja es un pilar fundamental en el matrimonio. Si aun así queréis pedir consejo a alguien, buscar a un asesor espiritual, terapeuta familiar o alguna pareja con más experiencia y capacidad de  orientación.

2. Nunca hablen ni piensen en singular
Desde el momento que os disteis libremente el “Sí, quiero” en el altar, os convertisteis en una sola carne. Ya no sois dos individuos sino uno solo. Desde entonces los bienes materiales son de los dos, las decisiones las tenéis que tomar los dos… Por lo que el lenguaje también tiene que cambiar. Ya no es mi casa, sino nuestro hogar. No es mi coche, sino nuestro coche. “Nos fuimos a dar un paseo”, “nos fuimos de vacaciones”, “nos fuimos a cenar”… Lo importante ahora es la familia, los dos, por lo que no se puede ser egocéntrico y pensar antes en uno mismo en vez de en nuestro cónyuge.

3. Nunca se griten
Jamás se pueden gritar. Gritarse es una falta de respeto. Las faltas de respeto deterioran la relación de pareja y apaga el amor. Si existen desacuerdos o diferencias con algo, usar el diálogo. No el que más grita tiene razón. ¿Habéis pensado también en vuestros hijos? ¿Qué educación y ejemplo les dais si os ven gritar?

4. Nunca se duerman sin terminar la discusión
Muchas veces parece que el silencio resuelve el problema de la discusión, pero no es verdad. Es verdad que para resolver el problema hace falta comunicación, pero tiene que ser oportuna.  A oportuna me refiero que tiene que ser cuando tengáis la cabeza fría y no estéis con el calentón del momento. Entonces ahí es cuando podréis reflexionar en lo que pasa y tendréis la habilidad para pensar claramente. No dejéis la discusión hasta el día siguiente. El Papa muchas veces nos ha recomendado que no nos vayamos a la cama enfadados. Que nos pidamos perdón y que estemos en paz.  El matrimonio es un equipo de dos. Los dos tenemos el mismo objetivo que es llegar al cielo. O ganamos los dos, o perdemos los dos. Tenemos que perdonarnos “hasta setenta veces siete”, como le dijo Jesucristo a Pedro.

5. Nunca dejen de retroalimentarse
Algunas veces las discusiones más grandes las hemos tenido porque no damos importancia a pequeños agravios del día a día. Un mal gesto, palabra, comportamiento…, es un “suma y sigue” y al final explotamos por cualquier tontería. Para evitar eso, siempre hablar con la pareja en el momento en que algo nos haya afectado. Comunicación. Si nos preguntan qué nos pasa, no contestemos con “nada”, sino que hay que decir qué nos pasa. Vuestro cónyuge está ahí para ayudaros. Limar esas pequeñas asperezas del día a día nos evitará muchos problemas gordos en el futuro.

6. Nunca pongamos a nuestros hijos delante de nuestro cónyuge
Nuestra prioridad siempre es nuestro cónyuge. Esto no quiere decir que nos olvidemos de nuestros hijos.  Demandan mucha atención y cuidados de los padres, pero no podemos vivir por y para los hijos. Tenemos que sacar tiempo para pasarlo con nuestro cónyuge y preocuparlos por él/ella. Ayudarle en todo lo que podamos y pensar más en él/ella que en nosotros mismos.  Si hacemos eso, estaremos en un hogar con armonía y felicidad y eso hará que nuestros hijos crezcan en un ambiente sano, estable y feliz.  Si los cónyuges están bien, los hijos también lo estarán.

7. Nunca discutan delante de los hijos
Los hijos son los frutos del amor de los esposos. Si se discute delante de ellos, les puede generar muchos problemas como inseguridad, agresividad, ansiedad, depresión… Si hay algo que los esposos tengamos que discutir, hacerlo siempre en privado y que nuestros hijos no nos escuchen.

8. Nunca pierdan el romanticismo
Es uno de los mejores aliados para que siga vivo el amor a través de los años. Dar las gracias, agarraos de la mano, besaros cuando os vayáis al trabajo, dejaos notitas de amor, enviar un mensaje a medio día para saber cómo esta, un regalo o detalle porque sí… Hay muchas formas de ser romántico. Es muy importante que sigamos cultivando nuestro amor compartiendo un rato tranquilo todos los días juntos para preguntar cómo está o qué tal el día. También una vez por semana salir a cenar o dar un paseo como pareja, como hacíais cuando no teníais hijos, para que vuestro amor siga aumentando.

9. Nunca entren en conflicto con la familia del cónyuge
La familia política es muchas veces fuente de problemas en nuestro matrimonio. Si no conseguís tener una relación de fraternidad con la familia de origen del cónyuge, intentar mantener un mínimo de cordialidad y respeto por el bien de vuestra familia. Vuestro matrimonio es lo primero y no podéis dejar que otros influyan o perjudiquen vuestro matrimonio.

10. Nunca se olviden de Dios
Uno de los puntos más importantes: Dios siempre tiene que ser el centro de vuestra vida matrimonial y familiar. Si tenéis a Dios presente y os pegáis a Él, habrá amor, respeto, perdón y un matrimonio para toda la vida.

Soy madrileño pero llevo 13 años viviendo en Cardiff (Gales). Me casé el año pasado y somos papás de una niña. Trabajo en el departamento financiero de un hospital y estamos como locos por volvernos a España.