Viernes, 29 Abril 2016 00:00

Entregados al amor

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Hoy os vengo a proponer la vida del primer matrimonio que ha sido beatificado junto en la historia de la Iglesia: Luigi y Maria Beltrame Quattrocchi. Fueron beatificados por San Juan Pablo II el domingo 21 de octubre de 2001, el mismo día que se cumplían 20 años de la exhortación apostólica “Familiaris Consortio”, que puso de manifiesto la gran importancia del papel de la familia en la sociedad actual.

Luigi nace en Catania el 12 de enero de 1880 y, curiosamente, fue cedido por sus padres, que ya tenían otros dos hijos, a la hermana de su madre que no podía tener hijos, aunque nunca perdió el contacto con sus verdaderos padres.

El hecho de haber sido “hijo único”, no hizo que fuera un niño mimado, sino que fue educado por sus nuevos padres con gran responsabilidad siendo, además, brillante en sus estudios. Luigi fue un brillante abogado que culminó su carrera siendo vice-abogado general del Estado italiano.

María Luisa Corsini nació el 24 de junio de 1884 en Florencia. Su padre tenía un fuerte temperamento y su madre un carácter por el que tendía a dominar. María creció en un ambiente un tanto tenso pero siempre fue conciliadora y respondía a esas situaciones con una gran ternura filial.

La familia Quatrocchi y la familia Corsini mantenían una estrecha amistad; María también había recibido una educación bastante esmerada y era una chica más amiga de lo intelectual que de lo banal, por lo que empezó una buena amistad entre Luigi y ella, compartiendo conversaciones interesantes.

El amor fue surgiendo poco a poco a través de frecuentes encuentros y de una abundante correspondencia de la que se guardan no pocas cartas en las que se puede apreciar ese amor contenido y discreto, que ya se va vislumbrando y cómo poco a poco va tomando forma, hasta que el día 15 de marzo de 1905, Luigi le declara su amor a María. Estas cartas nos ponen en contacto con la intimidad más profunda de sus sentimientos y afectos, al mismo tiempo que nos permiten penetrar en sus corazones y seguir, año tras año, el progresivo camino ascendente de sus almas.

Resaltaría el hecho de que, aunque ambos profesaban una profunda fe, la de María era especialmente fuerte, de hecho, diría que fue ella la que dirigió en ese sentido la vida de toda la familia. Ella fue la “mujer fuerte” que llevó a buen puerto su barca. María procurará siempre llevar de la mano a Luigi con su ejemplo, sus insinuaciones y su oración, a un amor más intenso a Dios.

Contrajeron matrimonio el sábado 25 de noviembre de 1905. Su noviazgo fue corto, no fue necesario alargarlo más puesto que ya tenían un conocimiento profundo el uno del otro.

Tuvieron cuatro hijos, Filippo (1906), que ahora es Monseñor Tarsicio de la diócesis de Roma, el segundo varón fue Cesare (1909), que tomó como nombre de religión el de P. Paolino, monje trapense, y dos hijas, Stefania (1908), que ingresó en la orden benedictina con el nombre de Sor Cecilia, y finalmente, Enrichetta (1914), que formó un hogar como sus padres.

El embarazo del que nació Enrichetta fue verdaderamente complicado. En un principio, viendo los riesgos que corrían madre y bebé, los médicos aconsejaron que se practicara un aborto para, al menos, poder salvar a la madre. Tras una profunda meditación, tanto Luigi como María decidieron confiar plenamente en el Señor y se pusieron totalmente en sus manos negándose en rotundo a la propuesta de los médicos. Felizmente, el embarazo llegó a buen término y la niña nació sin ningún problema, no así la madre que quedó bastante debilitada pero, con un buen reposo y no pocos cuidados, lo pudo superar.

Hubo una persona muy importante que se cruzó en el camino de Luigi y María y que fue el Padre Pellegrino Paoli. Con él, María empezó un camino de profundización y madurez espiritual a través de la dirección espiritual por la que les propuso una serie de prácticas, entre las que se pueden destacar el inicio de una profunda vida de oración, la práctica de la mortificación, una vida de profunda caridad en la que siempre había un hueco en casa para los más necesitados, etc. La dirección espiritual iniciada con el P. Paoli se ve reforzada por el P. Mateo Crawley, que les abrió una nueva perspectiva cristiana: “la amistad con Jesús”. Su casa se convierte en lugar de acogida a Jesús, que viene en cualquier persona necesitada.

Luigi y María formaban un único ser en camino hacia una única meta: la santidad. Sabían que ellos mismos eran un sacramento visible del amor nupcial entre Cristo y la Iglesia.

La atención a los pobres en la profunda crisis del 29, la entrega generosa de María como enfermera voluntaria de la Cruz Roja durante la Segunda Guerra Mundial, su dedicación generosa en la restauración del espíritu evangélico después del trauma de la guerra mundial, su trabajo en la defensa de la familia y de la doctrina cristiana mediante conferencias en las que ambos cónyuges ayudaban a comprender la belleza y responsabilidad del amor conyugal, y muchas otras actividades en las que ambos se comprometieron generosamente, nos muestran el grado de compromiso adquirido.

Después de un fecundo matrimonio que duraría 50 años Luigi falleció santamente (1951). Por su funeral desfilaron multitud de personas de todos los ámbitos para despedirle. Todos testimoniaban el bien recibido.

María no dejó sus actividades de caridad y apostolado, viviendo una intensa vida espiritual. Poco a poco va reduciendo su actividad exterior, a la vez que acrecienta la vivencia interior a través de una profunda vida de oración, falleciendo en los brazos de su hija Enrichetta en Agosto de 1965.

A la ceremonia de beatificación del matrimonio, acudieron, además de una gran multitud, sus hijos Filippo y Cesare, que concelebraron la Eucaristía, y su hija Enricchetta.

Desde luego que formaron un matrimonio ejemplar. Muchas son las “pistas” que nos fueron dejando a lo largo de su prolífica vida, para vivir feliz y santamente el matrimonio, entre las cuales destacaría esa profunda vida de oración y la confiada entrega a la dirección espiritual, lo que les fue llevando a una gran y fecunda actividad apostólica.

A medida que se entregaron confiadamente al Señor, Él les fue indicando el camino que les proponía seguir, y eso es precisamente lo que tenemos que hacer actualmente los matrimonios cristianos, entregarnos confiadamente a la vida espiritual y confiar en que el Señor, poco a poco, nos irá mostrando el camino.

Para ver un vídeo de este matrimonio santo, pulsa aquí.

solemartinSoledad Martín, esposa y madre. Intento compaginar ésta que es mi verdadera vocación, lo mejor que puedo, con un trabajo como funcionaria en horario de mañana, lo cual me permite atender a mi familia puesto que tengo las tardes libres. Soy laica del Hogar de la Madre.