Lunes, 09 Mayo 2016 00:00

Matrimonio, ¿camino de rosas?

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En el consejo de San Pablo en Efesios 5, 21-28, hay detalles importantísimos sobre la santidad dentro del matrimonio y sobre la responsabilidad del marido con respecto a la santificación de su esposa y viceversa.

25. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, 26. para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, 27. y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada.

¿Para qué es la sumisión en el matrimonio? ¿Qué acota San Pablo en esta segunda parte de su consejo a los esposos? ¿Para qué los maridos deben amar a sus esposas como Cristo a su Iglesia? Lo dicen clarito los versículos 26 y 27: ¡para santificarla y para presentarla a Cristo santa e inmaculada!

¿Se dan cuenta los esposos de esta tremenda responsabilidad?  ¡La labor del hombre en el matrimonio consiste en santificar a su esposa para presentársela a Cristo santa e inmaculada! ¡Y que las esposas no se sientan que no tienen nada que ver en la santificación de los esposos! Ya San Pablo al comienzo de estos consejos a los esposos nos habla de una mutua sumisión: 21. Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo.

Y volvemos: ¿para qué es la sumisión de uno al otro?  Para la mutua santificación. Así que esto de la santificación es responsabilidad de ambos: cada uno se ocupa de su propia santificación y de la de su cónyuge. 

El matrimonio, entonces, es camino de santidad.  Es un camino hacia Dios, es decir, es un camino hacia el Cielo donde está Dios y donde Dios nos espera. Van marido y mujer hacia Dios por esa vía que es el Matrimonio Cristiano. Por lo tanto, deben ir mirando juntos desde Dios en una misma dirección hacia la Vida Eterna, procurando la propia y la mutua santificación. 

Se ha dicho que el matrimonio no es un camino de rosas, pero sí lo es, porque las rosas tienen flor, tienen aroma agradable, pero también tienen espinas. Así es el matrimonio: rosas y espinas. Y es un camino de santidad, es un camino de sacrificio y de cruz.  Algunos, de forma jocosa, lo llaman “el martirmonio”.  Y es que el matrimonio es, en cierta forma, un martirio; porque para llegar a la santidad matrimonial hay que negarse uno mismo día a día, minuto a minuto, por el bien del otro.  

En el pueblo de Siroki-Briejeg en Herzegovina, cuando una pareja se prepara para casarse, el Sacerdote les dice: "Has encontrado tu cruz".  Es una cruz para amarla.  Cuando los novios entran a la iglesia el día de su boda, llevan el crucifijo con ellos. El sacerdote bendice el crucifijo y los novios hacen los votos conyugales sobre el crucifijo.  Y al final no se besan ellos, sino que ambos besan la cruz. Después de la ceremonia, los recién casados llevan el crucifijo a su hogar y lo ponen en un lugar de honor.  Será para siempre el punto de referencia y el lugar de oración familiar. ¿Cuál es el resultado? ¡Nadie recuerda que haya habido un divorcio o familia rota entre sus trece mil habitantes!

Isabel Vidal de Tenreiro es esposa, madre de dos hijos y abuela de cinco nietos. Escritora venezolana especializada en temas de espiritualidad católica. Desde el noviazgo, ella y su esposo pertenecieron al Movimiento Familiar Cristiano, luego participaron en la promoción de los Encuentros Conyugales en su país. Dirige dos páginas web sobre temas católicos y conduce grupos de reflexión espiritual vía Internet.

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