Jueves, 09 Junio 2016 00:00

El divorcio visto por el pediatra de atención primaria

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La pediatría social es un campo que apasionaba a mi maestro, el catedrático de Pediatría Dr. Sánchez Villares, de quien aprendí a observar y bucear en las familias. Me había propuesto describir las consecuencias del divorcio de los padres en los hijos desde mi personal periscopio de la consulta del centro de salud. Día a día entro en contacto con estos pequeños e indefensos seres abocados a una situación para la que no están preparados en absoluto.

Los números son espeluznantes: sólo en España se rompen más de 100.000 parejas cada año. En 2014 se produjeron 105.893 rupturas, divorcios, separaciones y nulidades, sin contar las parejas no registradas.

A veces acuden a la consulta niños que tienen síntomas físicos que no obedecen a ninguna causa específica de enfermedad. Al bucear, como yo lo llamo, te lo dicen de sopetón: “Nos estamos separando”. Cuando los niños se enfrentan a una realidad que no se esperaban, se sorprenden, asustan y somatizan la situación porque no tienen aún los recursos suficientes para expresar sus emociones. Es decir, que manifiestan con síntomas físicos como dolores de barriga, fiebre, irritabilidad, cambios de comportamiento, etc., lo que están sintiendo, incapaces de digerirlo.

Los niños pequeños también sufren a su manera el divorcio. En el caso de los más pequeños no lo entienden y son como esponjitas que absorben las tensiones y suelen manifestarlo con retrocesos en sus logros, como volver al chupete, a utilizar el pañal o comer y dormir peor. Por su parte, los más mayores casi siempre tienen alteraciones de conducta y peor rendimiento escolar.

Para los niños, la separación de sus padres siempre será dolorosa, traumática y despierta en ellos sensaciones que les llevan a preguntarse  si podría ocurrirles algo como quedarse completamente solitos…

Minimizar el impacto en los niños

Las consecuencias serán muy diferentes en función de cómo se realice la separación.  Si un divorcio se lleva a cabo de forma adecuada, la adaptación para los niños será mucho más rápida y los síntomas serán leves y transitorios. Si por el contrario la separación es traumática, los síntomas serán más graves y perdurarán en el tiempo. Por ello, es fundamental que los padres actúen de forma correcta con sus hijos durante el proceso de divorcio sin olvidar que pareja e hijos son dos cosas diferentes.

Recientemente atendí a una madre con dos hijos de corta edad, niño y niña, que se quedaron en el domicilio conyugal mientras se realizaron las medidas preliminares de separación. El padre y la suegra, propietaria del domicilio, acudían a la casa, se encizañaban y hablaban de los fallos de unos y otros delante de los niños, espectadores mudos de esta batalla. 

El pediatra tiene que añadir a la historia clínica del niño una historia social porque siempre que hay una alteración de conducta hay que preguntar el contexto familiar. En ocasiones, los padres cuentan en consulta lo que está pasando, pero otras veces no es así, intuyes que pasa algo y es entonces cuando tienes que preguntar.  

Los pediatras sabemos que, por ejemplo, el destete, un cambio de domicilio o el comienzo de la guardería pueden ser circunstancias más importantes para un niño que un virus. No obstante, las historias clínicas, plagadas de episodios banales, toses y estornudos, en mi caso siempre recogen estos datos y otros tan relevantes como la muerte o la enfermedad grave de un progenitor, el divorcio reciente o conflictivo de sus padres, etc., porque me parecen  hechos trascendentes. 

En general, los pediatras podemos manejar los síntomas normales en la consulta y sólo en algunos casos hay que derivar a un psicólogo. La mayoría de las separaciones no requieren atención por expertos de ningún tipo, solo acompañamiento y comprensión.

No deberíamos psiquiatrizar situaciones vitales frecuentes pero hay que instruir al entorno del niño (padres, pediatras, escuela) para que observe cómo se va adaptando el pequeño progresivamente a la nueva situación y detecte si hay signos de alarma. Los niños necesitarán ayuda de un profesional, sobre todo, cuando los síntomas sean intensos, por ejemplo, si tienen una ansiedad muy elevada. Desde las consultas se trabaja siempre a la vez, con el niño y con los padres.

El divorcio de los padres es un estresor importante que implica cambios en los referentes principales del niño y requiere un proceso de adaptación. La reacción de los niños a este cambio dependerá del manejo adecuado que hagan los padres y de la vulnerabilidad individual. 

Lo importante es tener la información necesaria para saber gestionar la situación y que los niños sufran lo menos posible. Hay padres que vienen a consulta justo cuando han tomado la decisión de separarse para saber qué es lo que tienen que hacer ante sus hijos, para que les demos unas pautas de cómo actuar y saber gestionar el divorcio. También es verdad que estos casos de prevención son menos frecuentes que aquellos que vienen tras las consecuencias de un mal divorcio. 

A tener en cuenta

Para poder ayudar a cada niño hay que considerar que el divorcio les afectará en función de varios factores:

• La edad y las explicaciones recibidas.
• El grado de conflicto previo entre los padres, si persiste la hostilidad y si se mantiene o no relación con ambos.
• Si se ha criado o no conjuntamente a los hijos.
• La capacidad económica de ambos padres para mantener el estilo de vida.

Decálogo para ayudar a los niños

1. Expresarles cariño constantemente y hablar con ellos todas las veces que sea necesario de forma clara. Escucharles bien y comprobar que no les queda ninguna duda, sin mentirles ni engañarles en este momento en que deben saber que pueden confiar en sus padres.

2. Dedicarles tiempo, al menos unos minutos, preferentemente haciendo algo que les guste y observar posibles cambios de conducta.

3. Recordarles continuamente que no tienen la culpa de la separación, y que tampoco pueden hacer nada para unirles de nuevo.

4. Mantener la misma estructura, límites y disciplina de siempre, pues esto les dará tranquilidad y seguridad.

5. Apoyar las relaciones de sus hijos con la familia del otro, a menos que sean perjudiciales para ellos.

6. Buscar ayuda en familiares y amigos para manejar las emociones.

7. Cuanto mejor estén los padres con su ex pareja, mejor se encontrarán los niños. No hablar mal del otro delante de ellos.

8. No dejar que el hijo esté en mitad del conflicto, ni mucho menos pedirle que sea un árbitro.

9. No usar a los hijos para averiguar cosas de la ex pareja ni tratar de competir por el amor de los niños.

10. No refugiarse en los hijos para sentirse mejor (si es necesario hablar conviene buscar a un amigo sin convertir a los niños en confidentes). 

Dos reglas para evitar daños colaterales 

Los padres nunca se descalificarán mutuamente delante de los niños.
No convertir a los pequeños en espectadores de las discusiones de los mayores y mucho menos pedirles que tomen posición a favor de alguno de los dos progenitores.

Soy pediatra con 35 años de experiencia, mi vocación no es sólo curar al niño enfermo, sino protegerle y ayudarle a crecer en todos los aspectos de su vida, tanto en su cuerpo, como en su psicología, como en su espíritu. Y hacerlo desde dentro del entorno que arropa al niño -la familia- asesorando a quienes los cuidan.

Tengo tres hijos, soy católica y Laica del Hogar de la Madre.