Lunes, 29 Agosto 2016 00:00

¿Estás preparado para el matrimonio?

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Al menos cuatro años para sacarse una carrera, cuestión de constancia y bastante tiempo y esfuerzo para aprender inglés, unos tres o cuatro meses de preparación al parto… ¿Y para prepararse al matrimonio? ¿Un fin de semana?

Como verás, no debemos estar dando al matrimonio la importancia que tiene. Un parto dura unas horas, el matrimonio toda la vida. Si estás llamado al matrimonio, será tu mayor empresa, tu misión primordial, lo más importante. ¿No crees que es necesario estar preparado? La improvisación en el matrimonio da lugar al fracaso.
Así que, ¿cuándo empezar?

Lo que sigue son palabras del papa Pío XI:
Quienes tienen intención de contraer santo matrimonio, tengan muy en cuenta tal porvenir. Es necesario corregir las inclinaciones desordenadas, fomentar y ordenar las buenas desde la más tierna infancia.
No puede negarse que, tanto el fundamento firme del matrimonio feliz, como la ruina del desgraciado, se preparan y basan en los jóvenes de uno y otro sexo durante los días de su infancia y juventud. Y así ha de temerse que quienes antes del matrimonio, sólo se buscaron a sí mismos y a sus cosas, sean en el matrimonio cuales fueron antes de casarse, es decir, que cosechen lo que sembraron”.

La vocación de todo hombre es DARSE. Ese es el plan de Dios. Algunos viven esta vocación consagrados totalmente al servicio de Dios, de la Iglesia, de la sociedad. Otros están llamados a donarse a su esposo o esposa.

Para poder darse es imprescindible la entrega, el olvido de sí, superar el egoísmo para centrarse verdaderamente en el otro. No es fácil, y menos aún hoy en día cuando todo nos conduce al individualismo.
Nos habla Pío XI de una preparación desde la infancia, ¿en qué sentido?
Hacen falta virtudes adquiridas, ejercitadas desde hace tiempo, pues con llegar al altar con una serie de buenos deseos e intenciones no es suficiente. La paciencia, la delicadeza, la recia voluntad, el control de los impulsos, la laboriosidad, la generosidad, la alegría, la modestia, la comprensión… todo ello serán “regalos” que podemos llevar a nuestro esposo/a al altar. Si no soy dueño de mí, no puedo entregarme en totalidad a la otra persona.

¿El campo de entrenamiento?    
La familia es un campo privilegiado para ejercitarse en el amor. Obedecer a los padres con prontitud y alegría, esforzarse en los estudios y el trabajo, ser generoso con los hermanos, sacrificarse gustoso por los otros, ser paciente con sus fallos… hay infinidad de ocasiones en el día a día familiar para entrenarse. Cabe destacar en este ámbito que el ejemplo de los padres es la mejor forma de educar en las virtudes.

El centro de estudios o el lugar de trabajo también es otro lugar donde poder entrenarse. Trabajar con alegría, dando lo máximo de sí, ayudando al que tiene dificultades…
Y por último, en el círculo de amigos. Un sinfín de momentos compartidos en los que transmitir alegría, colaborar, ofrecer ayuda, escuchar, mostrarse atento, hacer buen uso del lenguaje, respetar, evitar las críticas y el chismorreo…

En estos tres ámbitos se debe dar una formación personal permanente que tendrá sus frutos también en el matrimonio.
Y después de esto uno está preparado para ejercitarse en el paso previo al matrimonio: el noviazgo.
Aquí el aprendizaje será conjunto con aquel/aquella que, habiéndolo sopesado seriamente, considero que es la persona idónea para mí.
Para conocerse mejor, finalidad del noviazgo, hay que dialogar. Diálogo leal, sin querer engañar ni ocultar mi verdadero yo; si hay defectos, es mejor que sepa que nos estamos esforzando por corregirlos. Si discrepo en algún tema, también es mejor exponerlo a callarse para agradar, pues a la larga puede ser fuente de conflictos, especialmente si se trata de temas importantes.

Y después, dar, y dar, y dar…lo mejor de uno mismo. Ambos. Cuanto más se haya dado en el noviazgo más fáciles serán los primeros años de convivencia en el matrimonio, pues ya se va bien entrenado.

“En todo amar y servir”, como repetía San Ignacio. En el matrimonio, el amor y el servicio se hacen uno. Servir es darnos por desbordamiento, porque el movimiento del amor en nosotros provoca esta reacción.
Y como ya nos lo dijo Él mismo: “Sin mí no podéis hacer nada”… así que, orad juntos. Pedidle la gracia de crecer cada día en amor y entrega para llegar a ser un matrimonio santo.

Mi blog "Camino al cielo en familia" 

Chris FernandezEstoy casada y soy madre de tres niños. Estudié Magisterio y actualmente trabajo como profesora de religión. Soy miembro de los laicos del Hogar de la Madre.

Judit Hernández es autora, editora y responsable del Blog Camino al cielo en familia, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com