Martes, 11 Abril 2017 00:00

Fundamento de la ciudadanía familiar

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No es difícil advertir en el panorama sociopolítico una crisis de integración política.

El Estado cada vez lo tiene más difícil a la hora de articular y dar cauce a situaciones que cada vez son más globales como el terrorismo, los problemas ecológicos, el poder de las grandes empresas mundiales o la cesión de soberanía a organizaciones supranacionales del estilo de la Unión Europea. Junto a estos fenómenos, para el ciudadano de a pie, la participación política se ha reducido a depositar la papeleta cada X años y ver cómo los partidos en el poder llevan a cabo políticas que, en no pocas ocasiones, poco tienen que ver con los programas electorales. Si esto fuera poco, la corrupción que se percibe como generalizada lleva a ahondar en el distanciamiento entre ciudadanía y política.

Nos hallamos en un momento de encrucijada en lo político al igual que en otras tantas cuestiones sociales. Es necesario redefinir determinados conceptos de lo político para poder conseguir una mayor humanización en las relaciones sociales. De todos ellos destaca el de ciudadanía.

El concepto de ciudadanía heredado de la modernidad se ha traducido en un poder de control sobre las relaciones públicas. Del Estado parte todo poder social, de modo que el resto de realidades sociales, como puede ser la familia, están capacitadas para ejercer derechos y responsabilidades en la medida en que el gran Leviatán lo tiene a bien.

Junto a esta concepción, y en cierta medida derivada de ella, la sociedad civil se ha entendido básicamente como mercado. En la base del mismo está la libertad civil de los individuos y, en relación a ella, el Estado debe controlar y regular el mercado para reconducirlo al interés general, especialmente a la igualdad de oportunidades.

Ciertamente junto a la primacía del Estado y el mercado en las relaciones con los individuos es cierto que ha habido una tendencia a desvincular el sistema social del Estado a través del Tercer Sector, el mundo de las asociaciones. No obstante no se ha tenido en cuenta la especificidad social del mismo así como del cuarto sector: la familia y las redes primarias. La familia es tratada como sujeto asistencial por parte de los restantes, por tanto carente de derechos propios.

Ante esta situación múltiple y compleja cargada de dilemas, el modelo de Estado-nación ha ido dando respuestas desde arriba intentando hacer más gobernable el sistema y expandiendo los denominados derechos de ciudadanía, es decir, dando más poder a los individuos. Sin embargo el cambio social en el que nos hallamos inmersos ha aportado nuevas realidades a las que el modelo moderno de la ciudadanía estatal es incapaz de responder satisfactoriamente. Entre ellas cabe citar la globalización, el aumento de la influencia de las tecnologías de la información y de la comunicación así como la consolidación de nuevas alternativas, más o menos viables, al sistema político moderno.

Ante este diagnóstico y los nuevos movimientos sociales se hace necesario un nuevo modelo de ciudadanía, una ciudadanía compleja. En ella no hay vértice en el Estado o el mercado, de modo que las relaciones sociales a nivel general son fundamentales y donde los Derechos Humanos se erigen en pilares de la ética social.

De este modo la ciudadanía dejaría de estar en el interior del Estado para ser un modo de vivir las relaciones humanas y sociales. La ciudadanía compleja dota de entidad reconocible no sólo a los individuos sino a las realidades sociales intermedias de modo que las asociaciones y las familias entrarían con verdadera carta de naturaleza en el juego sociopolítico. No se trata de que el Estado o el mercado les reconozcan determinadas parcelas de actuación sino de implementar medidas desde la ciudadanía y desde un Estado gestor que las coloquen en su lugar social propio.

jros Nací en Valencia (España) en 1972, estoy casado y soy padre de 5 hijos. Junto con esta tarea fundamental, que es mi familia, soy profesor en la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” y en el Instituto Pontificio Juan Pablo II (sección española), así como profesor en la Escolanía de Ntra. Sra. De los Desamparados de Valencia.

Siendo importantes el doctorado en Sociología, la licenciatura en Geografía e Historia y la diplomatura en Ciencias Religiosas, el máster en Ciencias del matrimonio y la familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II ha sido la pieza clave en mi formación. Desde la perspectiva de familia se abre un campo interesantísimo y urgente en la construcción de una sociedad más humana y una Iglesia más cercana.