Viernes, 08 Febrero 2019 00:00

Vivir sin televisión

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Estar…está. Y en el mismo sitio de siempre. Pero no se ve ni lo mismo, ni durante el mismo tiempo. No llevo la cuenta, ni recuerdo desde cuándo, pero calculo un año aproximadamente. 

Mi marido y yo llevábamos bastante tiempo hablando sobre la paupérrima calidad de los programas infantiles que veían nuestros hijos, sobre todo el mayor. Había algunas series que ya hacía tiempo que no le dejábamos ver, pero aún así, las permitidas seguían plagadas de personajes soeces, macarras, listillos, vacilones, malotes…que promovían toda una exorbitante lista de valores que no encajaban en modo alguno con los nuestros y con lo que queríamos enseñarles a nuestros hijos. La programación para adultos, si bien es cierto que no la veíamos demasiado, era cada vez más indeseable también. 

Así que, en más de una ocasión, nos propusimos quitar la tele…tirarla a la basura directamente. Pero ¡ay! ¡Qué difícil es quitarle su trono a la reina de los salones! Bueno, realmente ha ido conquistando más reinos y se ha erigido también, en muchos casos, en soberana de habitaciones, cocinas… Hace solo dos días, estando en clase con niños de cuatro años, no dejaba de sorprenderme cuando muchos de ellos me contaban que tenían una televisión en su habitación… O que tenían cuatro televisores en casa… Claro, no podían concebir la idea de que yo no viese “la tele”…; uno de ellos incluso me decía: “¿Pero, y entonces, qué haces?”.

Pues eso, que no se concibe la existencia sin, al menos, una televisión. Y eso nos pasaba a nosotros, que después de tantos años con ella, nos costaba echarla de casa. A veces escuchaba hablar sobre alguien que había decidido quitarla de su casa y estaba tan contento, y realmente me parecían superhéroes de última generación. 

Y entonces pasó que un día cualquiera, cuando llegué de buscar a mis hijos del cole, mi marido nos dijo que la tele se había “estropeado” (con guiño de ojo de soslayo hacía mí…). Imposible no percibir la cara de angustia, incredulidad, desasosiego y pánico en la cara de mis hijos, del mayor principalmente (y quizá la mía al pensar en las continuas protestas que ya veía venir por su parte). Aunque debieron pensar que tampoco pasaría tanto, porque seguro que lo podíamos arreglar. No hubo tele esa noche y… ¡no se acabó el mundo! Ni siquiera para mi hijo mayor, que pensé que entraría en una especie de shock si pasaba muchas horas sin ella. Tampoco ocurrió nada al día siguiente. Es cierto que era raro no escucharla en todo el día, pero para nada molesto. No se veía ningún canal, pero sí el dvd, por lo que algún rato poníamos alguna película de dibujos animados del pequeño. 

Resultó que la tele “no podía arreglarse”, y tampoco podíamos permitirnos comprar otra, así que todos en casa nos hicimos a la idea. Y al tiempo, no ver la tele empezó a ser normal, incluso para mi hijo mayor, que dejó de quejarse. 

De esto hace ya, como digo, un año más o menos y, echando la vista atrás, puedo valorar un poco qué ha supuesto este cambio en mi familia. 

- Primero, tenemos más tiempo para otras cosas. Sí es verdad que la tentación de acabar sentado delante de cualquier otro aparato electrónico (léase ordenador, tablet, móvil…) surge en muchas ocasiones, pero intentamos priorizar otro tipo de entretenimiento que nos haga interactuar más. 

- Mi marido y yo tenemos la tranquilidad de haber tomado una decisión correcta que beneficia en mucho a nuestros hijos. 

- No vemos las noticias, pero… ¿realmente compensa levantarse y ser bombardeado con una mala noticia tras otra que, en muchas ocasiones, incluso están manipuladas? Realmente prefiero leer un libro mientras desayuno. Y para estar un poco al tanto de lo que ocurre en el mundo, se puede recurrir a internet fácilmente.

- Alguna vez he escuchado eso de: “Pero pobrecitos, se van a sentir excluidos en el cole cuando los amigos hablen de los dibujos”. Aún no he escuchado de parte de mi hijo mayor ninguna queja al respecto (el pequeño con ver “La patrulla canina” en algún dvd, es feliz). 

- Se acabó llenar el tiempo de “momentos de tele” solo por costumbre, haya la programación que haya. Ahora somos más conscientes de en qué empleamos el tiempo. Tenemos más tiempo para descansar, conversar, rezar, prestarnos atención. El tiempo en pareja es más productivo y satisfactorio. Y si nos apetece ver la tele en algún momento, tenemos la opción de alquilar alguna película en la biblioteca. 

- Y, sin duda alguna, el mayor cambio de todos lo ha dado mi hijo mayor. No me di cuenta hasta hace unos meses, pero haciendo cálculos… ¡todo encaja! Su comportamiento estaba siendo bastante malo, incluso su manera de hablar y sus formas se parecían muchísimo a las de los personajes macarras que veía en la tele… y hace ya meses que esto empezó a cambiar, su comportamiento ha mejorado muchísimo, su forma de hablar, de expresarse…ya no hay en general malas contestaciones, ni malas formas, ni malos modos… Y, por más que lo pienso, no encuentro otro condicionante que haya podido provocar esto, excepto la supresión de la televisión. 

¡Bendito momento en que se “estropeó” la tele!

Judit Hernández

Mi blog "Camino al cielo en familia" 

Chris FernandezEstoy casada y soy madre de tres niños. Estudié Magisterio y actualmente trabajo como profesora de religión. Soy miembro de los laicos del Hogar de la Madre.

Judit Hernández es autora, editora y responsable del Blog Camino al cielo en familia, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

https://www.infofamilialibre.com/index.php/judit-hernandez

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