Jueves, 09 Mayo 2019 00:00

Orar con los niños

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Queremos orar en familia, sabemos que es una experiencia decisiva para el encuentro con el Dios vivo. Nos falta el "cómo", el medio de suscitar una participación activa y espontánea. No nos atrevemos a proponer la oración familiar y dejamos, con pesar, pasar el tiempo.

No pretendemos enseñar a nadie a hacer oración en familia, lo que sí queremos es dar testimonio de que la oración en familia es posible.

¿Qué es necesario para hacer oración? En primer lugar, hay que poner en marcha la voluntad. Tener la audacia de creer en el poder de la oración. Si Dios nos pide que oremos, no debería ser tan difícil. La oración es una llamada cuya respuesta está ya preparada en el corazón del hombre; más preparada aún en el de los niños.

Lo más difícil es empezar. Pasar del juego, del estudio, del trabajo, a la oración, dejar de lado el resto.Tomar conciencia de la presencia de Dios entre nosotros, hacer un poco de silencio, dedicarle el tiempo necesario. Nosotros, los padres, debemos poseer un cierto poder de convocatoria, una cierta credibilidad. Es imposible este tipo de oración, si no se habla jamás en familia, si no se hacen cosas juntos, si nos aburrimos, si nuestra fe apenas se vive en casa.

En segundo lugar, la oración es como el amor, es un encuentro de amor. Necesita ser alimentada, ser celebrada en un espíritu de fiesta, poniendo voluntad y afecto. Solo hace falta ponerse manos a la obra, aunque nos sintamos torpes, porque sabemos que el Señor actúa con gran poder a partir de situaciones creativas, que Él vuelve fecundas.

La oración es una fiesta y, como en cualquier fiesta, hay cuatro elementos siempre presentes: la música, la comida, los signos, el reencuentro. Son muchas las experiencias que podríamos aportar que vivimos a lo largo de la vida, y siempre vimos en ellas, por detrás, la ayuda y la mano del Señor.

Pues bien ¿Cómo era nuestra oración familiar? Cuando nuestros hijos mayores tenían 6 ó 7 años, organizamos la oración en casa; hasta ese momento, rezábamos en la mesa, por la noche al acostarlos, en la Eucaristía… pero, a partir de esa edad, empezamos a dar importancia a la oración en familia.

Para ello, utilizamos documentación de las fichas de catequesis, y oraciones que empezaban a hacer en el colegio; más tarde, documentación de las convivencias, intentando que todo fuese un complemento y una ayuda, aproximando nuestro modo de orar al de los niños y siguiendo un esquema similar a nuestras oraciones.

Potenciábamos momentos fuertes de oración coincidiendo con la liturgia, durante todo el Adviento, Cuaresma, preparación de su Primera Comunión, de su Confirmación o de su Matrimonio, e intentábamos tener un día al mes de oración en familia.

Este esquema que presentamos, es fruto de nuestra experiencia, pero creemos que pueden existir otros muchos igualmente válidos, lo importante es que cada familia adapte su modelo de oración a sus circunstancias.

Hoy vamos a presentar un breve y sencillo esquema para hacer oración en casa con nuestra familia. El modelo de oración que presentamos hoy, va dirigido a la oración con los niños y, el próximo mes, os propondremos la oración con adolescentes.

 
ORACIÓN EN FAMILIA CON LOS NIÑOS

Este esquema tiene una pedagogía participativa y enraizada en la vida de la familia, que cada una debe adaptar a sus circunstancias y particularidades.También podrín ser utilizado para la oración conyugal.

1. Preparación de la oración. Aquel de nuestros hijos que veamos con algún pequeño problema, es el que prepara la oración, ayudado de una buena Biblia infantil, para que la traducción sea más asequible, y supervisado por nosotros. Un signo visible para los niños es procurar que el lugar de oración sea siempre el mismo. Presentárselo dispuesto de forma que incluya una imagen (crucifijo, Biblia, vela, imagen de la Virgen…), que se podrá cambiar de forma que se adapten a los tiempos litúrgicos y las celebraciones familiares (cumpleaños, bautizos…).

Ejemplo de oración inicial:

Jesús, enséñanos a rezar mejor.
A veces me cuesta comunicarme contigo.
No encuentro las palabras, no sé qué decir.
Quiero hacer un rato de silencio, para que tú me puedas hablar al corazón.
Quiero sentirte a mi lado.
Quiero contarte lo que me pasa y las cosas que vivo.
Me quiero poner en tus manos, Jesús, para aprender a dar gracias, a pedir perdón, a pedirte lo que necesito.
Háblame Tú, Señor, que estoy dispuesto a escucharte.

2. Lectura de la Palabra (Mt, 19,13-15: Se acercaron entonces unos los niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos; los discípulos lo regañaban, pero Jesús dijo: dejad a los niños, no les impidáis que se acerquen a mí: de los que son como ellos es el Reino de Dios. Les impuso las manos y siguió su camino).

Se hacen dos lecturas, una personal, en voz baja y, la segunda lectura, la hace un miembro de la familia, en voz alta, despacio, dando sentido a lo que lee (esta lectura la pueden hacer los más pequeños, es un momento en el que demuestran a sus hermanos que ya saben leer).

3. Meditación durante unos minutos en silencio. Tras ellos, destacaremos los personajes del texto bíblico y haremos preguntas relativas a ese pasaje, formuladas con calma, dejando pensar, sentir. Podemos cerrar los ojos para que cada uno mire en su interior. Estas preguntas deben ser respondidas también por los padres.

4. Participación. Cada uno comunica lo que el Señor en ese momento le inspira, que puede llegar a ser una oración profunda y participativa.

5. Reconciliación con Dios y con todos miembros de la familia. Los hijos y padres se piden perdón unos a otros por los fallos cometidos, destacando lo bueno y malo de su comportamiento y del de los demás miembros de la familia. Este es un buen momento de ayuda mutua y corrección fraterna. Para ello, cada miembro puede completar alguna de las siguientes frases, respetando el orden establecido:

Te agradezco... 
He visto en ti el rasgo de Jesús…
Gracias por…
Me gustaría que…
Te pido perdón por…
Me gustaría que me ayudaras en…
No me gusta que…
Te pido perdón por…

6. Acción de gracias.

7. Canto. A modo de ejemplo, indicamos este:

Yo tengo un Amigo que me ama,
me ama, me ama.
Yo tengo un Amigo que me ama,
su nombre es Jesús.
/ Y ESTAREMOS EN SU VIÑA, TRABAJANDO,
EN LA VIÑA DEL SEÑOR/ (2)
Tú tienes un Amigo que te ama,
te ama, te ama.
Tú tienes un Amigo que te ama,
su nombre es Jesús.
ESTRIBILLO.
Tenemos un Amigo que nos ama,
nos ama, nos ama.
Tenemos un Amigo que nos ama,
su nombre es Jesús.
ESTRIBILLO.
Tenemos una Madre que nos ama,
nos ama, nos ama.
Tenemos una Madre que nos ama,
la Madre de Jesús.
ESTRIBILLO.

8. Oración final.

9. Celebración: Compartimos unas chuches, una merienda…

Los dibujos que adjuntamos se pueden entregar a los más pequeños para que los coloreen.

 

Adolfo y Mª Carmen

 

dibujo1

dibujo2

dibujo3

dibujo4

 

 

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