Martes, 16 Julio 2019 00:00

¿Reparto o donación?

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Hace no más de un mes, charlando durante unos minutos con un matrimonio amigo, el marido comentó (en un momento en que su mujer se había distraído para hablar con otra conocida…): “Nosotros, la verdad, es que discutimos mucho…Pero es que hay veces que…Mira, por ejemplo, si yo algún día llego más tarde por lo que sea, me encuentro la cena sin hacer y a mi mujer leyendo en el sofá; le digo entonces si no podía haberlo hecho ella y siempre me contesta diciendo que de la cena me tengo que encargar yo”.

Noté en sus palabras y su tono cierto cansancio ante este tipo de situaciones que debían de repetirse con asiduidad en su casa. Le pregunté si él no hacía también lo mismo, a lo que me contestó, con tono avergonzado, que “a veces sí, porque como ella me lo hace a mí, pues yo a veces también”. Se quedó esperando a que dijese algo y sólo se me ocurrió decirle que el amor no puede estar midiéndose continuamente, que uno ha de entregarse por completo todos los días a su marido o mujer. Me preguntó si eso no pasaba en mi casa y tuve que admitir que no, que mi marido y yo no tenemos reparto de tareas, pero los dos colaboramos y nunca discutimos por nada derivado de este tema. No hay nada establecido, sino que simplemente ambos queremos evitarle al otro el mayor trabajo posible, así que los dos hacemos todo lo que podemos…y así, sin planear nada, todo funciona bien. 

Pocos días después, encontré un artículo recomendado en una página web que estaba ojeando, en el que se hablaba sobre un estudio que habían llevado a cabo en Noruega y que aseguraba que las tasas de divorcio en los matrimonios que repartían las tareas eran un 50% más altas que en aquellos que no lo hacían. “Cuanto más se organiza una relación, con sus horarios, su estricto reparto de tareas y sus formalismos, más se convertirá en una relación de negocios”, señalaba el sociólogo Frank Furedi al respecto del estudio. Por su parte, Thomas Hansen, investigador y autor del estudio, asegura: “Estas parejas discuten con más frecuencia porque, si ambos tienen los mismos roles, es más fácil que tengan la sensación de que su pareja no contribuye en la misma medida o que se escaquea de sus labores”. 

Parece que este estudio venía a darme la razón sobre el egoísmo que acaba instalándose en este tipo de relaciones, en el que se está siempre midiendo quién da más, que causa tensiones porque el otro no colabora todo lo que esperamos, que pone la mirada crítica siempre sobre el otro y nunca sobre uno mismo, que acaba agotando el amor porque no se pone en práctica

Ante esto, el Evangelio viene a decirnos: “Haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio” (Lc 6, 35). El matrimonio es una mutua entrega de los esposos, que no ha de poner trabas ni condiciones, sino que, si nuestro amor debe ser como el de Cristo por su Iglesia, este amor está llamado a la entrega plena. Es legítimo, sin embargo, la búsqueda de la felicidad personal, pero la cuestión está relacionada con la voluntad: ¿Qué busco en primer lugar: mi propia satisfacción o el bien del otro? A este respecto, también encontramos referencias en el Nuevo Testamento: “No os encerréis solo en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás” (Flp 2,4).

Habrá casos en los que esta donación no se produzca por parte de ambos cónyuges, y sea uno de ellos quien lleve carga mayor. José María Iraburu, en el libro “El matrimonio en Cristo”, señala: “Entrégate, pues, al otro a fondo perdido, sin exigir gratificaciones, sin pasar después factura. No lleves la cuenta de lo que das al otro y de lo que recibes de él. Si, por gracia de Dios, eres tú el que da más, dale gracias a Dios por ello. Y si eres tú el que recibe más, dale por ello gracias a Dios”. 

El matrimonio es un camino de constante crecimiento, está llamado a una continua maduración, ya que, como decía Santo Tomás de Aquino: “La caridad, en razón de su naturaleza, no tiene límite de aumento, ya que es una participación de la infinita caridad, que es el Espíritu Santo…”. Como se señala en la exhortación apostólica Amoris Laetitia: “El amor que no crece comienza a correr riesgos, y solo podemos crecer respondiendo a la gracia divina con más actos de amor, con actos de cariño más frecuentes, más intensos, más generosos, más tiernos, más alegres. El marido y la mujer, experimentando el sentido de su unidad y lográndola más plenamente cada día”. 

La clave está en entender y profundizar la fórmula del sacramento del matrimonio que dice: “…y me entrego a ti…”. Tal cual. Sin matices. Sin condiciones. Me entrego, en alma y cuerpo.

Judit Hernández

Mi blog "Camino al cielo en familia" 

Chris FernandezEstoy casada y soy madre de tres niños. Estudié Magisterio y actualmente trabajo como profesora de religión. Soy miembro de los laicos del Hogar de la Madre.

Judit Hernández es autora, editora y responsable del Blog Camino al cielo en familia, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

https://www.infofamilialibre.com/index.php/judit-hernandez

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