Viernes, 07 Mayo 2021 00:00

3 maneras de recuperar el corazón del matrimonio

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¿Por qué molestarse en hablar del plan de Dios para la familia? En primer lugar, parece que Dios ha sido expulsado de él, y en segundo lugar, hoy en día parece inútil intentar definir qué es la familia. Realmente ambos, Dios y la familia, están bajo ataque, pero ¿eso significa que no deberíamos hablar de ninguno de ellos? Al contrario, es una razón más para hablar de ello.

En tiempos de antaño, la gente entregaba su vida por causas nobles: su país, su fe, etc. Surgieron herejías y nacieron mártires para defender las verdades más básicas de nuestro Credo. Ahora, el mundo necesita distintos tipos de mártires: aquellos que están dispuestos a rendir su vida en defensa de la dignidad de la persona humana, la vida, el matrimonio y la familia. Esta arena es el Coliseo de nuestro tiempo.

Es necesario que volvamos a nuestras raíces, para echar un vistazo al comienzo, los comienzos de nuestra creación. “Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Dios los bendijo y les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos. Llenad la tierra y sometedla”. (Génesis 1:27-28). Aquí tenemos la clave para el plan de Dios para la familia. Así que, vamos a desglosarlo un poco:

1- “Dios los creó a Su imagen y semejanza”, el plan de la familia y el del matrimonio comienza con el adecuado entendimiento de quiénes somos. Cada uno estamos hechos a Su propia imagen y semejanza. Esto significa que tenemos la capacidad y también la responsabilidad de amar y vivir en comunión los unos con los otros. Y porque tenemos espíritu encarnado, que es inmortal y se expresa en el cuerpo, estamos llamados a amar como un todo unificado. La dignidad de la persona humana está basada en esta verdad. No podremos empezar a comprender la familia a no ser que primero nos entendamos a nosotros mismos.

2- “Hombre y mujer los creó”, el cuerpo ha sido creado para compartirlo en amor espiritual. Es importante reconocer que, cuando Dios nos creó, Él nos creó hombre y mujer. Este punto en particular ha sido recientemente objeto de ataque, en nuestro mundo existe una gran confusión en torno al sexo. No está permitido enseñar, hablar o ser criado para creer que el propósito de la sexualidad es la unión del amor entre el hombre y la mujer y la creación de vida. Esta realidad, no es solo una verdad de fe válida solo para los cristianos, es un hecho verificable ya que establece que las relaciones heterosexuales son el fundamento para la existencia de la sociedad. La sexualidad no es solo algo puramente biológico, sino que se refiere al núcleo más interno de la persona humana. No solo somos mujeres u hombres porque elegimos serlo, somos quienes somos en nuestro cuerpo y nuestra alma. La complementariedad y la unión del hombre y la mujer es esencial para una familia y matrimonio estable. Requiere totalidad y compromiso.

3- “Dios los bendijo y les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos. Llenad la tierra y sometedla”. La totalidad del amor conyugal también señala las demandas de una paternidad responsable. El amor de un hombre y una mujer en el matrimonio está llamado a ser fructífero y encuentra su culmen en la común tarea de cuidar la creación. La procreación y la educación de los hijos es la corona de la mismísima institución del matrimonio y el amor conyugal. El amor recíproco de la pareja, que los une como una carne, los hace también capaces del gran posible don: colaborar con Dios trayendo nueva vida al mundo. El cuidado y la educación de los hijos es una gran tarea y responsabilidad. Los hijos también tienen derecho a un ambiente estable y de amor con sus padres. Incluso cuando la procreación no es posible, los esposos pueden ejercitar su llamada a ser fructíferos mediante una vida de servicio, esto se puede hacer de muchas formas.

Este es el plan de Dios para la familia. Jesús afirmó: “¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. (Mateo 19:4-6)

Es tiempo de volver a nuestro diseño original: para saber quiénes somos y descubrir la grandeza de la familia llamada a vivir de acuerdo con el plan de Dios.

Hna. Mary Donovan, SHM.

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