Martes, 01 Junio 2021 10:39

Recuperemos la cena en familia

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¿Te has preguntado alguna vez qué ha pasado con la cena familiar? Ya sabes, ese momento en el que todos -mama, papá y todos los niños- se sientan a la misma hora alrededor de la mesa para disfrutar de la comida juntos. Si no lo has hecho, quizás es porque eres una de las pocas familias -y cuando digo pocas es pocas- que sí que tiene la costumbre de cenar reunida. Pero desgraciadamente, en la mayoría de las familias no es así.

Para muchos de nosotros no ha sido siempre así. Cuando los niños eran pequeños, era más fácil conseguir que todos nos sentásemos juntos. Era más facil encontrar un momento para cocinar tranquilamente, sin tener que llevar a los niños a ballet, fútbol o clases de violín, sin tener que dar clase en casa a cinco cursos diferentes o llevarlos y recogerles de tres colegios distintos. También es más fácil cuando tu marido tiene un horario de trabajo establecido y llega a casa a las 18:00h. Sin embargo, con el paso de los años, la cena se ha convertido en algo que cada uno hace por libre, un estilo de cocina: siempre hay comida caliente en el horno.

No es nuestra intención haceros sentir culpables, sino caer en la cuenta de que las cenas familiares son algo que debería reevaluarse, algo que ha bajado varios puntos en la lista de prioridades de las familias y que quizás es el momento de ponerlo en primer lugar de nuevo. Todos hemos escuchado la cita del Padre Peyton: "familia que reza unida, permanece unida". Me atrevería a decir que ocurre lo mismo con las familias donde todos cenan juntos.

Aquí estan algunas de las razones por las que deberíamos volver a pensar sobre este importante aspecto de la vida familiar y no dejarlo pasar por alto tan fácilmente:

1. Construyendo relaciones:
En las familias tan ocupadas de hoy en dia, los niños están apuntados a muchísimas actividades, los padres trabajan, son voluntarios en distintas organizaciones, se dedican al mantenimiento del hogar, etc. Pero cuando, durante una hora al día, todo el mundo deja lo que está haciendo y se sienta a compartir una comida, se tiene la maravillosa oportunidad de ser parte en la vida de los demás.

Hay muchas cosas que hacen que sea un desafío sentarse juntos en la mesa, mucho más, sentarse durante una hora: bebés inquietos, leche derramada y pañales sucios. Muchas de ellas están fuera de nuestro control y nosotros hacemos todo lo posible por resolverlo (o al menos vivir con ello), pero hay muchas otras distracciones que podemos evitar completamente.

En nuestra familia, en rara ocasión respondemos al teléfono durante la cena, y no encendemos la televisión o el ordenador. Incluso nuestros hijos mayores, cuando están en casa, no traen los móviles a la mesa. Sacar el teléfono y escribir un mensaje sería como ponerse a bailar rap encima de la mesa durante la comida. Es un momento para disfrutar de la compañía del otro estando completamente presentes el uno para el otro, sin distracciones.

Si estas comenzando a formar una familia, es un buen momento para llevar a cabo este buen hábito. Incluso si tus hijos aún no pueden hablar, puedes inculcarles desde una edad temprana la importancia de pasar tiempos juntos. En vez de tener prisa por llevártelos en cuanto terminen de comer, anímalos a quedarse en la mesa contigo mientras termináis de comer. Cuando nuestros bebés y niños pequeños comían en una silla alta, se sentaban con nosotros toda la comida, quizá jugando o con un libro. Las sillas altas nos gustaron porque se unen directamente a la mesa, a la misma altura que nosotros. Una ventaja adicional es que, si están acostumbrados a sentarse durante una hora en las comidas, entonces será mucho más fácil conseguir que esten sentados durante la Misa de los domingos, es muy fácil, ¡de verdad!

Las cenas familiares te invitan a hablar, reírse y compartir juntos. Piensa en dentro de unos años... quizás tu hija compartirá contigo y con sus hermanos las divertidas anécdotas de su compañero de laboratorio de biología o tu hijo os hablará de su deseo de viajar a ver las montañas rocosas. De lo contrario, estos momentos de sus vidas podrían pasar por alto entre el ajetreo y el bullicio de la actividad familiar. Y cuando crezcan y se vayan a la universidad, volverán a casa y estarán ansiosos por volver a sentarse alrededor de la mesa, esta vez quizá por horas, y hablar y compartir historias con su familia. Se forman vínculos profundos entre los miembros de la familia alrededor de la mesa, vinculos que durarán toda la vida.

2. Creando recuerdos:
Tengo buenos recuerdos de cuando era niña, sentada alrededor de la mesa y preguntándole a mi padre sobre lo que estaba pasando en el mundo. Él, con mucho gusto, se embarcaba en una mini ‘conferencia’ sobre política, historia o avances científicos. Era un hombre muy erudito, le encantaba compartir su sabiduría y enseñar a sus hijos, nosotros estábamos ansiosos por escuchar. Al crecer en un mundo en el que no existía Google, esta fue la forma en la que aprendí muchas cosas. Crecí con la seguridad de que mi padre era el hombre más inteligente del mundo.

También recuerdo cómo mi madre preparaba comidas caseras todas las noches y nos hacía esperar hasta que mi padre volvía de trabajar para cenar todos juntos. Algunas noches nuestros estómagos sonaban realmente hambrientos, pero ella se mantenía firme. Eso nos mostró el respeto que tenía por su esposo, el cabeza de familia.

En nuestra familia, debido a que ahora comer juntos es muy importante para nosotros, el tiempo que dedicamos a la comida a menudo depende de lo que suceda por la tarde. En lugar de que las clases de baseball o de piano (o cualquier otra cosa) nos quiten tiempo juntos, intentamos estar juntos entre esas actividades. A veces comemos muy pronto y otras veces más tarde, eso no importa, lo importante es hacerlo juntos. Y sí, esto requiere algo de planificación: saber con tiempo cuándo comeremos, qué comeremos y cuándo lo prepararemos.

3. Aprender modales y el arte de conversar:

Los modales básicos en la mesa, como no hablar con la boca llena, usar los cubiertos adecuados y pedir educadamente que te pasen algo de la mesa, son cosas que requieren algo de práctica, y la cena familiar es el escenario perfecto para aprenderlo.

La cena es tambien una oportunidad maravillosa para enseñar a nuestros hijos cómo conversar. No dominar la conversación, incluir a todos y abstenerse de discutir, no debatir acaloradamente o hablar de cotilleos y chismorreos, son normas básicas de etiqueta en la conversación que se deben enseñar y practicar. También es importante enseñar a nuestros hijos a discernir si la conversación es relevante (de alta calidad). A veces, cuando la conversación gira en una dirección más superficial (por ejemplo, hablando y hablando de la última película de superhéroes), mi esposo y yo la redirigimos hacia otra cosa. A veces, simplemente digo: ‘Es hora de elevar la conversación’ y cambiar el tema por completo.

Intentamos que la cena sea un tiempo de conversación alegre, no un momento para dar conferencias sobre cómo mantener el baño limpio o hablar de las dificultades en la Iglesia. No es que esos temas no sean importantes, pero tenemos que discernir si se puede hablar de ello en otro momento y tratar que los temas que hablemos en la cena sean positivos y más ligeros.

A veces, a mi marido le gusta contar historias sobre su familia, él creció en Puerto Rico, haciendo que nuestros hijos se sientan agradecidos de su herencia familiar. O cuando mi hijo era pequeño, solía representar una especie de ‘detrás de las escenas’ sobre alguna de sus actividades. A día de hoy, a los 22 años, todavía le encanta contarnos historias durante la cena y a nosotros nos encanta escucharle.

4. Creciendo en virtudes:
Además de aprender buenos modales, la hora de la cena familiar te permite crecer en muchas virtudes como:
- Orden y diligencia: ayudando a preparar la comida, poner la mesa y limpiar todo después de comer.
- Obediencia: sentarse en la mesa cuando toca y permanecer allí durante toda la comida.
- Autocontrol y templanza: pensar antes de hablar, comer despacio y no comer en exceso.
- Humildad: reconocer cuando es tiempo de escuchar y cuando es nuestro momento para hablar.
- Superación: comer todo lo que nos han servido con buena actitud (o al menos probar toda la comida), aunque no sea nuestro plato favorito.

La hora de la cena es una buena oportunidad para crecer en virtudes y el escenario ideal para enseñar a nuestros niños la importancia de los buenos modales. Si los niños no tienen la oportunidad, de forma regular, de sentarse durante una hora alrededor de la mesa con su familia y aprender los buenos modales, ¿cómo podemos esperar que cuando salgamos a comer fuera, o cuando hay invitados en casa, se comporten bien? El lugar perfecto para enseñar a los niños es el hogar, rodeados de quienes los quieren y desean lo mejor para ellos. Los padres deben crear oportunidades para practicar los buenos modales, y por medio de su ejemplo, les enseñarán a crear buenos hábitos que les ayuden a ser virtuosos durante toda su vida.

5. Dar gracias a Dios:
Finalmente, la cena familiar es una estupenda oportunidad para dar gracias a Dios, nuestro Creador, por todas las abundantes bendiciones que Él nos concede. Muchas familias aprovechan este momento para rezar por las almas del purgatorio una vez terminada la comida.

En nuestra familia, tenemos la tradición de pedir la intercesión de todos los santos, especialmente los de nuestra familia, antes de empezar a comer. Y como somos 11 (todos tenemos un santo protector, además de los santos de la confirmación y algunos santos intercesores especialmente importantes para nosotros) digamos que suele ser también un ejercicio de paciencia esperar mientras mi marido reza a cada uno de ellos. Cuando la gente se une a cenar con nosotros, a veces, veo a nuestros hijos mirando con simpatía (o con los ojos en blanco) a nuestro invitado mientas mi marido comienza la ‘letanías de los santos de la familia’, pero apuesto que ellos harán los mismo cuando algún día se sienten en la mesa con sus familias, o al menos se aferrarán a las propias tradiciones familiares.

Hay muchas otras razones por las que cenar en familia es muy importante. Los estudios han demostrado que las familias que comen todos juntos son más sanas y los niños son menos exigentes y están más predispuestos a probar nuevas comidas. Académicamente, a los niños les va mejor y están menos estresados cuando comen con sus familias. Un estudio demuestra que los niños pequeños tienen su vocabulario más desarrollado, simplemente por estar presentes en la conversación alrededor de la mesa.

Así que, antes de descartarlo como algo imposible en tu ocupada familia, piensa en empezar poco a poco, solo una o dos comidas juntos. Adquirir buenos hábitos debe hacerse con pequeños pasos, lentamente, de forma progresiva. Si tú estas convencido de que debe ser algo prioritario en tu familia, mira qué es lo que te impide realizarlo de forma habitual. ¿Son esas cosas más importantes? Pide ayuda a Dios y a su Bendita Madre y puedes estar seguro de que, si es bueno para tu familia, Él te dará las gracias necesarias para que esto suceda. Pero recuerda, nada que valga la pena se consigue sin sacrificio de nuestra parte, así que estate preparado para realizar cambios. ¡Recuperar las comidas familiares merecerá la pena!

¡Buen provecho! 

Cheryl Hernández

En este autor se agrupa a todos los colaboradores que escriben y colaboran con su experiencia y conocimiento para enriquecer la web.