Viernes, 25 Febrero 2022 00:00

Eduardo se fue al Cielo

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Uno de los sufrimientos mas fuertes que puede experimentar una madre es ver morir a su propio hijo. ¿Qué madre no preferiría morir una y mil veces antes de que sea su hijo el que muera o al que le pase algo grave? A continuación entrevistamos a Patricia, mamá de cinco maravillosos niños. La entrevista se va a centrar en que nos hable sobre uno de ellos, Eduardo. Dice San Pablo en su carta a los Romanos que "todo sucede para bien para los que aman a Dios" (Rm 8,28). Y aunque la historia de Eduardo parezca cubierta de un velo de intenso de dolor y oscuridad, Dios permanece junto a nosotros en ese misterio del dolor y saca bienes siempre de todo.

En primer lugar, ¿podrías presentarte un poco...?
Estudié Psicología entre San Sebastián y Salamanca, compaginándolo con Criminología en la Fac. de Derecho. Posteriormente hice especialidades de ambas Licenciaturas en la Complutense. Años duros, de mucho esfuerzo por conseguir el mayor rendimiento a base de trabajo y motivación.

Cuando terminé de estudiar volví a Logroño en aras de abrir un buen despacho profesional y ahí, en clases de francés, conocí al que un año después sería mi marido. Nos casamos y al año nació mi hijo César, luego Carlos y en tercer lugar Eduardo. Siempre nos hemos organizado muy bien mi marido y yo para poder atender debidamente a nuestros hijos.

En el 2020 fue con nos vino el golpe de tener que enterrar a nuestro hijo Eduardo, de dos años. Murió en un accidente por ahogamiento, estando en casa con sus hermanos y yo trabajando también en casa.

¿Puedes contarnos tus recuerdos de aquel día?
Recuerdo perfectamente cómo sucedió todo, cada secuencia... Recuerdo cuando los médicos salían y nos decían que no respondía a la reanimación pero que iban a seguir intentándolo. Nunca olvidaré el momento en el que la médico me preguntó y comentó que debería valorar el parar la reanimación porque no conseguían una estabilización y sólo tendría como consecuencia unos grandes daños morales, mi respuesta fue que no me importaba cómo quedase mi hijo pero que lo salvaran. También tengo la imagen de estar llorando encima de su cuerpo preguntando: “¿dónde está mi hijo? porque aquí no está” mientras el Sacerdote estaba junto a mí callado y corriéndosele las lágrimas sin saber qué decirme.

Le enterramos en un Panteón comprado con este motivo, pero necesario puesto que la muerte no tiene momento.

¿Qué supuso para vosotros la muerte de vuestro hijo?
La pérdida de Eduardo supuso para nosotros un desgarro interno que te vacía totalmente, te desposee de lo que nos hace humanos, y aunque las personas me decían “ánimo, tienes más hijos” yo les contestaba “es como si me hubieran quitado un todo de dentro, como si me hubieran quitado toda la maternidad, como si me hubieran quitado todos mis hijos, puesto que una Madre es porque así se lo otorga un Hijo”.

No obstante, Dios nos puso en el momento preciso a dos justos sacerdotes que rápidamente metieron su brazo hasta el fondo de ese hondo dolor para tirar de nosotros hacia arriba, explicándonos todo lo que debíamos saber sobre qué es lo que le ocurre a un niño fallecido en estos casos. Esto nos dio la vida en esos primeros momentos, porque un consuelo humano se agradece muchísimo pero lo que nos tranquilizó como padres es saber a ciencia cierta la explicación magisterial doctrinal en estos casos. Por eso, la labor de los Sacerdotes es crucial en cualquier caso de fallecimiento y se hace mucho más evidente en estos casos de muerte repentina, totalmente inesperada en un niño de 2 años.

¿Un hecho así puede hacer tambalear tu fe y la de tu familia? ¿Notaste la ayuda de Dios?
Sí, por supuesto que notamos la ayuda de Dios. La Virgen se convirtió en nuestra depositaria de nuestras súplicas y de nuestros consuelos, ella nos ha protegido y nos protege a día de hoy. No hay Hijo que le pida protección y la Madre no le guarde bajo su manto maternal. Eso se siente, te arropa y no te deja caer.

Mi marido y yo hemos evolucionado en la misma dirección al mismo ritmo, con lo que creo que Cristo Jesús “nos ha ido moldeando” para fundirnos en un matrimonio más sagrado.

Tu concepción de la muerte, ¿ha cambiado sustancialmente?
Por supuesto que sí. Nosotros conceptualizábamos el hecho de morir como un suceso natural que “está ahí como parte de la vida” pero que llegaría en la vejez.  Ahora estamos preparados para cualquier cosa, nuestro objetivo en la vida es crear "Almas para el Cielo" y por parte de mi marido y mía es hacer la mayor cantidad de méritos aquí en la Iglesia peregrina, intentar llevar una vida cada día más santa para que cuando llegue el momento del Juicio “podamos ir donde tenemos que ir” y que, Dios mediante, nos conceda la alegría de poder volver a escuchar la voz de mi niño y poder verle envuelto en Luz de Gloria.

Intentamos evangelizar lo más posible en nuestro contexto más próximo y advertir de la importancia de permanecer en Gracia de Dios hasta el último aliento.

Una experiencia tan dura puede hacerte pensar en no tener más hijos.
Desde el primer momento, mi marido y yo sentimos una sensación de que algo más grande nos imbuía; el mismo peso de desgarro por un lado resultaba ser el mismo peso en el otro lado de la balanza de Amor y abandono en la Sabiduría de Dios y en el consuelo de nuestra Reina Mamá. De tal forma que a mayor desgarro mayor enamoramiento y sumisión a Su Voluntad. Por lo que ni nos cuestionamos el valorar el no tener más hijos. Además, nosotros siempre hemos considerado que Dios nos dará en el Santo Sacramento del Matrimonio los hijos que sean Su Voluntad. Por lo tanto,  sentimos que nuestro deber era suplicarle a Dios por intercesión de la Santísima Virgen y también por intercesión de nuestro Eduardo, que Dios nos diera otro hijo cuánto antes.

¿Pediste a la Virgen tener gemelos?
Por supuesto, fue lo primero que pensamos mi marido y yo además sin valorarlo en común ni comentarlo entre nosotros, sino más bien dimos por hecho de que era nuestra obligación hacerlo. Si nos podía otorgar la súplica de tener gemelos en un solo embarazo sería una bendición para nosotros. Y así fue. Rezamos muchísimo para un nuevo embarazo y las personas de confianza de nuestro alrededor también.

¿Había en vuestras familias algún antecedente familiar de gemelos?
No había antecedentes de gemelos. No obstante, aunque sí lo hubiera habido, tampoco le hubiera restado un ápice al mérito que Dios nos concedía de poder engendrar más hijos tan rápidamente al fallecimiento, más aún concedernos un embarazo de dos criaturas.

¿Qué sentisteis al conocer la noticia de tu embarazo?
Nos resultó tremendamente entrañable cuando vimos en la pantalla de la ecografía que eran dos bebés y ese sentimiento de agradecimiento se selló cuando nos confirmaron que eran un niño y una niña.

Los gemelos llegaron en el mismo año que Eduardo se fue al cielo, en 2020, y en una fecha muy especial...
Efectivamente, en el 2020 nos separamos de un hijo y he dado a luz a dos vidas. Los niños nacieron el día de la Virgen de la Esperanza.

¡Qué gran regalo para vuestra familia el nacimiento de los gemelos! Antes de concluir la entrevista, una última pregunta: ¿qué le dirías a una persona que pueda pasar por una situación parecida a la tuya?
Le diría que se abandone en la Voluntad de Dios a través de la Oración y la humildad, y que se consagre a la Santísima Virgen: “¿ No estoy Yo aquí que soy tu Madre?”, sentirá esa persona en su más hondo ser.

¡Gracias Patricia por compartir tu testimonio de fe con nosotros!

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