Sábado, 26 Febrero 2022 11:25

Beato Franz Jägerstätter: un epistolario 1/2

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Ya disponemos en el presente portal de un artículo al respecto de este desconocido y silencioso mártir de la Iglesia de la convulsa primera mitad del siglo XX, beatificado durante el pontificado de Benedicto XVI en 2007, por lo que no ahondaremos en detalles biográficos que pueden encontrarse allí. Sin embargo, y como se apunta en el citado texto, lo que conocemos del fervor de Franz es gracias a la labor de recopilación de documentación que se ha llevado a cabo durante las últimas décadas predominantemente de su correspondencia privada, y del posterior, estreno de la película de Terrence Malick, Vida Oculta (2019).

Sus cartas se encuentran publicadas en un epistolario que muestra la profunda sensibilidad religiosa de nuestro mártir, su enamoramiento sincero de Dios y su compromiso con la Verdad, sin ensombrecer la cotidianidad de la vida familiar de aquellos que se han consagrado al Matrimonio, sin empequeñecer la ternura y dulzura en el trato conyugal a pesar de las circunstancias, sin, a la postre, dejar de ser un hombre sencillo, tradicional, oculto.

Es por esto que nos gustaría rescatar algunos ejemplos que ilustren, mejor que cualquier descripción, el candor que irradian ambos esposos, Franz y Franziska, al verse envueltos en el torbellino que a partir de 1938 (fue el único de su pueblo, St. Radegund, que votó NO en el plebiscito convocado por A. Hitler para legitimar la anexión de Austria por Alemania) transformará la tranquila vida familiar de trabajo y religión en una batalla espiritual por el Bien, y que nos harán comprender que no es sino un profundo y correctamente ordenado amor por este mundo lo que hace posible la renuncia total por la Gloria Celestial.

La vida de Franz no había sido precisamente devota en su juventud, no obstante, para cuando contrajo matrimonio con Franziska Schwaninger (abril de 1936) su conversión era completa (no en balde fue su futura mujer la que requirió un compromiso sincero con Jesucristo y su Iglesia como condición para el enlace). El Señor los bendijo con tres hijas (Aloisia «Loisi», Rosalia «Rosi» y Maria «Maridl»), y la vida diaria transcurría entre los ajetreos y el cuidado de la casa y granja familiar (Leherbauer), que era su sustento y donde habitaba la familia junto con la madre de Franz, Rosalia, y los encargos en la parroquia local en la que Franz era voluntario. Sin embargo, con el comienzo de la segunda guerra mundial en 1939, todo varón capaz del III Reich era formalmente candidato a prestar servicio militar en el frente; para ello, era necesario someterse a instrucción militar obligatoria, y aquí es donde comienza nuestra sucesión de cartas; Franz fue llamado a presentarse ante las autoridades militares en 1940, cinco días después del armisticio con Francia, quedando Franziska al cargo del mantenimiento de la hacienda. Citaremos ahora fragmentos de algunas cartas:

De Franziska a Franz; St. Radegund, 20 de junio de 1940

¡Querido esposo!
Con anhelo diario hemos esperado tu carta [antecede a ésta una escueta carta de Franz en la que anuncia su llegada a Braunau, lugar de los entrenamientos]. Tu madre está aún enferma y en cama […]. Las niñas siguen sin portarse bien. Requieren mi continua atención. Ha sucedido lo que temía. No he podido encontrar a nadie que me prestase ayuda con el trabajo […]. Habría sido maravilloso si hubieras podido quedarte al menos dos semanas más. […] No es muy agradable cuando se tiene uno que apoyar demasiado en los vecinos, siempre pidiéndoles ayuda y agradeciéndoselo. Hoy he ido a la ciudad para formalizar la petición, pero Huber no sabía nada al respecto. ¿Has pagado ya el seguro de incendios? ¿Cuánto tenemos que pagar? […]

Hoy ha habido una boda en St. Radegund. [El padre] Johann Pleikner ofició el matrimonio de Fred Ofenmacher y su novia. He recibido hoy tu carta y me he puesto inmediatamente a responderte. Son las 11:00 p.m. El resto ya duerme, y debería terminar mi carta antes de que se me cierren los ojos por completo.

Recibe cálidos cariños de tu Fani, quien siempre está pensando en ti, y también de tus suegros.
*

De Franz a Franziska; Braunau, 22 de junio de 1940

¡Queridísima esposa!
Al fin puedo escribirte de nuevo; sigo con buena salud. Ojalá sigáis todos bien allí. ¿Cómo están las tres pequeñas? Ya se habrán olvidado de su padre. Espero que podamos reunirnos el Domingo 30 de junio.
Esta mañana no hemos tenido entrenamientos. […] ¿Sería esto siquiera entrenamiento para tu padre? Espero que haya podido visitarte de nuevo esta semana. […] Hay sobre 170 nuevos reclutas, muchos de los cuales son padres de familia. [...] Espero que hayas podido encontrarme un reemplazo para el trabajo. Creo que bastarán con seis semanas de entrenamientos. ¿Habrá terminado para entonces la guerra? Al final, lo que deseo es estar con mis seres queridos por algún tiempo. Ahora sólo puedo estar contigo en mis pensamientos.

Sin embargo, lo más difícil se puede superar en el nombre de Dios.
Cálidos cariños a ti y a mi madre y a las tres pequeñas.

Tuyo, Franz.
PD: Espero nuestra reunión. No me mandes comida. Seguramente no pase hambre; las comidas son buenas. Saludos a tu padre y a los vecinos.
*

De Franz a Franziska; Braunau, 23 de junio de 1940

¡Queridísima esposa!
He recibido hoy tu carta [del 20 de junio] que esperaba con gran anhelo. La he abierto con el corazón lleno de gozo, y leído hasta el final con pesar. Es doloroso ver a alguien sufrir, especialmente cuando no puedes hacer nada. Y más todavía cuando este alguien es tu querida esposa. Te pido, querida Fanj, que me escribas con frecuencia, si es posible. Las cargas espirituales son generalmente más pesadas que las físicas, y poder hablar o escribir sobre ellas puede aligerarlas un poco. Hemos compartido muchas alegrías, hagamos lo mismo con los sufrimientos.

Querida Fanj, entiendo tu dolor, y sé lo que es sentirse abandonado por todos. Derrama tu corazón en mí, pues nadie más – salvo Dios y nuestra Madre del Cielo – podrá entender tu sufrimiento mejor que tu amado esposo. […]

Querida Fanj, no te desanimes incluso si parece que Nuestro Señor nos ha olvidado. No es así. Dios sólo quiere probar si mantenemos nuestra fe en el sufrimiento. Dios no privó a su Hijo amado de la experiencia del abandono. ¡Cuánto menos a nosotros! Tenemos que andar valientes por la senda del sufrimiento, comience éste antes o después. Podrán construir bellas alamedas, pero no podrán cambiar el camino al Cielo; siempre será pedregoso y bacheado.

Querida Fanj, no te enfades conmigo por no prolongar esas dos semanas. Hasta ahora, no me arrepiento de haber permanecido firme en mi decisión. Si no queremos condescender con los juegos de los líderes políticos, debemos confiar en una voluntad fuerte. […] Tengo que terminar mi carta. El Domingo está lentamente llegando a su final. […] Tengo el consuelo de que pasará sólo una semana más, y podremos entonces juntarnos de nuevo. […] Una vez más, ten coraje, querida Fanj. Y no te obceques demasiado en el trabajo o los quehaceres diarios. Deja sin hacer lo que no sea sencillo. Tu principal preocupación debe ser nuestras niñas, y no puedes llevar el peso del cuidado de los hijos y del trabajo. Así que cuida de las niñas y de mi madre. Son para nosotros más valiosas que el trabajo.

Te mando cálidos cariños y besos a ti y a las niñas, y sigo velando por ti.

Tu esposo, Franz.
 PD: Muchos cariños a mi madre. Le deseo todo el bien que el Señor considere. Saludos a mis suegros y a los vecinos. Que vaya bien. Te veo de nuevo el Domingo. ¡Hazme saber de ti!
*

Éstas son sólo las tres primeras cartas, un intervalo de tiempo de apenas dos semanas que pasan los esposos separados; nótese que no hay amor más fuerte que aquél que se construye sobre la roca de Cristo, y así se derrama en la adversidad. Desde el final de junio hasta octubre de 1940, Franz estuvo de vuelta en casa con su familia; tras ello, y de vuelta al campamento hasta abril de 1941 (con permisos y regresos de Franz en Navidad y otros durante los siguientes meses), se alternan misivas entre ambos que van en la línea de las que se adjuntan: Franziska tiernamente se queja de las cargas del día a día, de la soledad en la granja, y ansía la vuelta de su esposo; Franz, por otra parte, comunica poco a su mujer de la vida en la base militar, ahorrándole sufrimiento innecesario, se interesa por el día a día de la familia y frecuentemente la consuela con citas del Evangelio, con reflexiones sobre la oración o con sencillas palabras de amor.

La ternura, complicidad e intimidad que desprenden sus expresiones nos muestran a dos esposos, marido y mujer, reunidos bajo el techo familiar, centrados en el mantenimiento de su pequeña sociedad y volcados en amor a sus hijas y, fundamentalmente, a Dios y a Nuestra Madre la Virgen; nos muestran al motor natural del hombre, a su razón de ser, la familia tradicional, operando de forma natural y sobrenatural, más visiblemente en momentos de aflicción. Es de destacar que, en el transcurso del último periodo de entrenamiento, Franz se consagra a la Tercera Orden de San Francisco, de la que su mujer ya era miembro, en un acto de amor por la Santísima Virgen.

Beatus Franz Jägerstätter, ora pro nobis.

Para leer la segunda parte, pincha aquí.

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