Miércoles, 05 Marzo 2014 01:00

Rezar en Familia

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No sé rezar... : “Me cuesta mucho hacer un espacio en mi día para orar con Dios”; “En mi casa hay mucha bulla y no puedo concentrarme en la oración”; “Siento la necesidad de rezar, pero no tengo el hábito”.

Son algunas  de las afirmaciones que solemos decir o pensar cuando queremos acercarnos a Dios a través de la oración. No estamos lejos de la verdad: muchas veces las tareas propias de la vida familiar, las distracciones o la falta de hábito juegan en contra de nuestra vida cristiana y del deseo de una vida de oración más intensa.

Tenemos que preguntarnos: ¿Cómo hacer para que mi familia viva en presencia de Dios? ¿Cómo rezar en familia?

Vivimos en una sociedad que con frecuencia nos empuja a dar las espaldas a Dios, rechaza el concepto cristiano de familia y nos transmite una avalancha de criterios antievangélicos. La fuerza atractiva del entretenimiento (videojuegos, fiestas, redes sociales, etc.) parecen tener mayor protagonismo que el dialogo personal y cálido entre esposos, entre hermanos y entre padres e hijos.

La situación del mundo de hoy, hace aún más urgente la necesidad de rezar en familia. Hacerlo no sólo nos ayuda a mantenernos firmes en la fe y en las buenas costumbres, sino que también es un excelente medio para fortalecer los vínculos familiares y centrarlos en lo esencial: en Dios que es Amor y fundamento de todo amor humano.

Tener una disciplina y un orden en la rutina familiar puede ser de gran ayuda. Sería muy bueno que en la casa se destinara un lugar especial para la oración (con una imagen de Jesús o de la Virgen María, un crucifijo, una Biblia, un cirio que se encienda en momentos especiales, etc.).

Los signos visibles nos ayudan a recordar que Dios está cerca a nosotros y presente en nuestras vidas.

El silencio del hogar en el horario que haya intervalos de oración tiene que servir de unión de las tareas más cotidianas como bendecir y agradecer a Dios la comida, orar con los niños antes de dormir, ir a Misa los domingos, rezar en familia el Rosario…Todo ello va marcando el ritmo de vida familiar, sellando en los niños y en los jóvenes la huella de la espiritualidad cristiana. Los padres cristianos están llamados a transmitir la fe a los miembros de su familia. Al ir descubriendo los secretos de espiritualidad de los niños, los padres vuelven a hacerse niños para entrar al Reino de los Cielos (Mc 10,13-16). Asumen el papel de guías espirituales de sus propios hijos y son para ellos sus primeros catequistas. Les enseñan a rezar a sus padres entonces el hábito de oración surgirá en ellos con mayor naturalidad.

El Papa Benedicto XVI señalaba que: “la familia es Iglesia domestica y debe ser la primera escuela de oración”. En la familia los niños, desde la más temprana edad, pueden aprender a percibir el sentido de Dios. Si no se aprende a rezar en familia, luego será difícil colmar ese vacío. Debemos pensar que hay motivos para rezar en familia: una pareja de recién casados en alabanza a Dios, por el embarazo de la mujer y nacimiento de un hijo nutrida de esperanza y confianza a Dios.

Tener presente a Dios en el seno familiar, es fuente de unión, alegría, fortaleza y confianza en la Providencia Divina. Jesús manifiesta con frecuencia que la salvación y la unión con Dios es asunto personal: nadie puede sustituirnos en el trato con Dios. Pero Él también ha querido que nos apoyemos unos en otros. Esta unión, tan grata al Señor, se ha de poner de manifiesto entre aquellos que tienen los mismos vínculos de espíritu o de la sangre; exige poner en juego tantas virtudes que el Señor ha prometido concedernos más fácilmente aquello que le pidamos en común.

La Iglesia ha vivido desde siempre la práctica de la oración en común, que no se opone ni sustituye a la oración personal para la que el cristiano se une íntimamente a Cristo. Muy grata al Señor es, la oración que la familia reza en común; de esta manera, lograremos que Dios no sea considerado un extraño, a quien se va a ver una vez a la semana, el domingo, a la iglesia; que Dios sea visto y tratado como es en realidad: también en medio del hogar, porque, como ha dicho el Señor, donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos (MT 18,20).

En todos los ambientes cristianos se sabe qué buenos resultados da esa natural iniciación a la vida de piedad, hecha en el calor del hogar. El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y mas fundamentales afectos; aprende a rezar.

La familia cristiana ha sabido transmitir, de padres a hijos, oraciones sencillas y breves, fácilmente comprensibles: jaculatorias a Jesús, A Nuestra Virgen María, Al Ángel de la guarda…Pero la plegaria por excelencia es el Santo Rosario: “Una familia que reza unida permanece unida; una familia que ora, es una familia que se salva".

¡Actuad de manera que vuestras casas sean lugares de fe cristiana y de virtud, mediante la oración rezada todos juntos! 

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