Martes, 05 Agosto 2014 02:00

Matrimonio: Sagrada Escritura y Tradición

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El matrimonio cuando se aborda desde el punto de vista teológico se basa en las fuentes de la Sagrada Escritura y la Tradición.

Nosotros debemos tener en cuenta el matrimonio desde una doble realidad:

  1. Como institución natural, tiene su origen en Dios, en el momento de la creación.
  2. Como sacramento, la aportación a esta institución natural de la realidad sacramental.

SAGRADA ESCRITURA

El matrimonio es una institución natural, ya que el hombre y la mujer están hechos el uno para el otro, pero también es una institución religiosa, porque ha estado unido a ritos sagrados a lo largo de toda la historia, aunque actualmente ha surgido una cierta presentación del matrimonio como pacto o acuerdo refrendado por la autoridad civil correspondiente.

Antiguo Testamento

Desde el mismo origen, en la creación, nos encontramos el matrimonio, es esa unión hombre-mujer creada directamente por Dios. Ya en ese relato del Génesis (1,27) encontramos una serie de características con respecto al matrimonio: “A imagen de Dios los creo, macho y hembra los creó”:

Desde aquí podemos obtener una serie de características en el matrimonio:

  1. Unidad, en la SE se usa varón-varona, en singular, muestra la unidad, es lo que significa “una sola carne”, porque expresa una unión de amor superior.
  2. Indisolubilidad, tal unión no es ocasional ni sólo estable, sino que ha de ser permanente, la unidad conlleva que no puede separarse.
  3. Finalidad procreadora: “Les bendijo y dijo, sed fecundos y multiplicaos” (Gn 1,28). La finalidad de la bendición es la procreación, el designio de Dios al crearlos uno con una y en unidad permanente, es la fecundidad procreadora.

Este planteamiento choca con una realidad del pueblo de Israel, que es la poligamia, Abrahán tenía dos mujeres (Gn 16,1-4), igualmente Jacob, etc.

Son varias la causas que originaron la poligamia pero principalmente dos:

  1. Pensaban que así se ampliaba la población del mundo: “multiplicaos” (Gn 1,28). 
  2. Por motivos políticos, emparentándose con otras tribus.

Pero lo que está claro es el estado de corrupción que se había llegado desde el pecado original. El retorno a la cultura monogámica tiene a su vez un doble origen:

  1. Los cantos de la Biblia a la belleza del primer amor. 
  2. La concepción teológica de Dios como único esposo y fiel frente a su pueblo que representa a la esposa.

Otro reto es la realidad del divorcio, que es la ruptura de la indisolubilidad, nos lo encontramos en el Dt 24,1-4: “Si un hombre se casa con una mujer, pero después le toma aversión porque descubre en ella algo que le desagrada, y por eso escribe un acta de divorcio, se la entregará y la despedirá de su casa. 2 Una vez que esté fuera de su casa, si la mujer se desposa con otro 3 y este último también la rechaza, escribe un acta de divorcio y la despide, o bien muere, 4 su primer marido no podrá volver a tomarla por esposa, puesto que ella ha sido mancillada. Esto sería abominable a los ojos del Señor, y tú no puedes manchar con un pecado la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia”.

Nuevo Testamento

Mc 10,2-12: “1 Después que partió de allí, Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más. 2 Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?». 3 El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?». 4 Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella». 5 Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. 6 Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. 7 Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, 8 y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. 9 Que el hombre no separe lo que Dios ha unido». 10 Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. 11 Él les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; 12 y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».”

La respuesta de Jesús es que ninguna de las dos escuelas tiene razón, porque desde el principio Dios instituyó el matrimonio como indisoluble.

Afirma un matrimonio monogámico e indisoluble que es el proyecto de la creación, la razón de la otra realidad es la “dureza de corazón”. Esta misma enseñanza después la recogerá Pablo en 1Cor 7,11: “Si se separa, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su esposo. Y que tampoco el marido abandone a su mujer.”

Pero viene una aparente excepción, Mt 5, 31-32: “31 También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. 32 Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.” Y Mt 19,9: “Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio».”

“En su predicación, Jesús enseñó sin ambigüedad el sentido original de la unión del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo: la autorización, dada por Moisés, de repudiar a su mujer era una concesión a la dureza del corazón (cf Mt 19,8); la unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios mismo la estableció: "lo que Dios unió, que no lo separe el hombre" (Mt 19,6). Esta insistencia, inequívoca, en la indisolubilidad del vínculo matrimonial pudo causar perplejidad y aparecer como una exigencia irrealizable (cf Mt 19,10). Sin embargo, Jesús no impuso a los esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada (cf Mt 11,29-30), más pesada que la Ley de Moisés. Viniendo para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios. Siguiendo a Cristo, renunciando a s í mismos, tomando sobre s í sus cruces (cf Mt 8,34), los esposos podrán "comprender" (cf Mt 19,11) el sentido original del matrimonio y vivirlo con la ayuda de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.” (CEC 1614-1615).

El llamado “privilegio paulino”

“En cuanto a las otras preguntas, les digo yo, no el Señor: Si un hombre creyente tiene una esposa que no cree, pero ella está dispuesta a convivir con él, que no la abandone. 13 Y si una mujer se encuentra en la misma condición, que tampoco se separe de su esposo. 14 Porque el marido que no tiene fe es santificado por su mujer, y la mujer que no tiene fe es santificada por el marido creyente. Si no fuera así, los hijos de ustedes serían impuros; en cambio, están santificados. 15 Pero si el cónyuge que no cree desea separarse, que lo haga, y en ese caso, el cónyuge creyente no permanece ligado al otro, porque Dios nos ha llamado a vivir en paz. 16 Después de todo, ¿qué sabes tú, que eres la esposa, si podrás o no salvar a tu marido, y tú, marido, si podrás salvar a tu mujer?” (1Cor 7,12-16).

Se trataría de un matrimonio mixto, bautizado con un pagano/a. Se trata de un caso en el que no habría verdadero matrimonio, porque Pablo no da validez al matrimonio meramente civil de la época, por lo que correspondería a una declaración de nulidad del matrimonio.

En el Nuevo Testamento nos encontramos con otras afirmaciones acerca de la realidad matrimonial:

  1. El Matrimonio compara a la unión de Cristo con la Iglesia (Ef 5,22-32).
  2. El matrimonio como vocación (1 Cor 7,1-9).
  3. Obligaciones de los esposos, del respeto y del amor mutuo como el Señor nos ama.
  4. Relaciones padres-hijos, unos padres cristianos deben tratarlos con cariño y no excederse en la corrección (Ef 6,4).
  5. Relaciones de los hijos con sus padres, la obediencia (Ef 6,12).

 

LA TRADICCIÓN DE LA IGLESIA

Los Santos Padres

La doctrina cristiana sobre el matrimonio se abrió paso en medio del mundo pagano y tuvo que enfrentarse con una praxis y una legislación divorcista, ya que las leyes del Imperio permitían el divorcio por simple consentimiento de los cónyuges. 

Los Padres distinguían muy bien entre lo preceptuado por el Evangelio y lo permitido por la ley del Imperio: “Una cosa son las leyes del César y otra, la ley de Cristo; una cosa es la ley de Papiniano y otra, la de Pablo” (San Jerónimo). Este conocimiento de esta diferencia se muestra en las fuertes penitencias que estaban sometido los bautizados que pedían el retorno a la Iglesia después de haberse divorciado. 

La Iglesia no tuvo al principio un rito universal para la celebración del matrimonio, seguramente el primer ritual sería el del siglo IX, pero su instauración para todo Occidente vino en el Concilio de Trento. Así que los bautizados asumían el rito común de su zona, sustituyendo las oraciones a los dioses por oraciones a Jesucristo. 

Los Padres distinguen entre separación y divorcio, el objetivo de no contraer nuevas nupcias. Desde ahí los Padres defienden la unidad del matrimonio, en rechazo de la poligamia: “una costilla, pues también una mujer” (Tertuliano) y desde ahí la indisolubilidad, el texto de Mateo lo interpretan como separación nunca como divorcio, es verdad que hay autores que parecen que abren una puerta, pero cuando hablan del divorcio en sí se niega. 

Pero si se da una unanimidad moral en el campo de la moral, cuando se baja al campo pastoral, entra una serie de divergencias o mejor dicho de excepciones, para evitar males mayores no se sabe cuántos pastores admitieron esta práctica, lo que sí se sabe es que se hizo.

Autor: Isabel Bandera, LHM

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