Sábado, 09 Agosto 2014 02:00

No os agobiéis por el mañana

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Evangelio: Mateo 6,24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

 Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?

 ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

 ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.

 Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.

Me han pedido que escriba un artículo acerca de la economía familiar y, el otro día, pensando en ello,  estaba haciendo un poco de oración delante de la Sagrario y sólo me venía a la mente el pasaje de S. Mateo que he copiado al principio.

 No sé si  verán la relación que hay entre una cosa y otra, pero pensando un poquito al respecto, no se me ocurre nada más esclarecedor. Mi meditación fue un poco la siguiente:

 Reflexionaba un poco acerca del mundo en que vivimos, cómo se mueve la política, la vida cotidiana y es evidente que el tema de la economía tiene a todos el cerebro echando chispas, por no decir los bolsillos.

 El dinero nos hace perder la paz y no es sólo por el hecho de tenerlo o no, es porque es la base en  que fundamentamos buena parte de nuestra vida y de nuestras decisiones.

 Quizás, al menos los cristianos, deberíamos replantearnos nuestro orden de prioridades y fiarnos un poquito más de algo tan grande a lo que llamamos Providencia. A esa confianza es a la que nos llama el pasaje del principio, ¿no tenemos el mejor y el más poderoso de los padres?, ¿acaso no es Él el artífice de toda la creación?, ¿no tendríamos que “ponerle a prueba” para darle la oportunidad de demostrarnos de lo que es capaz? 

Verdaderamente quedaríamos gratamente sorprendidos y lo digo con conocimiento de causa, no sería la primera vez que escucho testimonios de aquellos que han puesto toda su confianza en el Señor y verdaderamente no han quedado defraudados, testimonios de personas que le han puesto a prueba que, en momentos no sólo de grave necesidad, sino simplemente cuando algo se acaba y no se tiene la posibilidad de adquirirlo, lo han recibido sin saber de dónde viene o quién sabía de esa necesidad, y estoy hablando de algo a veces tan banal, como chocolate, o galletitas…. Y otras veces de cosas más necesarias como sal para cocinar (no sé si habéis probado alguna vez una comida sin sal y más durante una larga temporada) o gasoil para la calefacción y la cocina en lugares donde el invierno es crudo.... También de personas que, a través de su generosidad, han sido capaces de dar a otros que consideraban más necesitados, todo, y digo todo lo que les quedaba en casa para comer y quedarse sin nada, y al cabo de unas horas de haberse desprendido de todo, con el corazón alegre y satisfecho, aunque algo inquieto, alguien ha llamado a su puerta para entregarles incluso más de lo que ellos habían dado. 

 La verdad es que no hay quien supere a nuestro Dios en generosidad.

 Hemos elevado el dinero a la categoría de "dios", y domina todos los ámbitos de nuestra cotidianeidad, nos hemos sometido a él de tal manera, que todas las políticas gubernamentales o casi todas, están orientadas al tema de la economía. Quizás tendríamos que meditar un poco acerca de los fundamentos sólidos sobre los que apoyamos nuestra existencia, porque a la vista están las consecuencias de una sociedad mal fundamentada, una sociedad que no se basa en fundamentos morales sólidos no se sostiene, acaba hundiéndose.

 Pero bueno, lo nuestro es lo de cada día, y este artículo a eso iba dirigido, aunque bien podemos aplicarnos todo lo anterior.
¿Cual es nuestro orden de prioridades?, ¿qué es lo verdaderamente importante o necesario? Me da la sensación de que no nos paramos a pensar y digo eso, sólo pensar. Hemos dejado ir nuestra vida sin una profunda reflexión que nos ayude a "edificar sobre la roca", de modo que los vaivenes de la vida, no hundan nuestro barco. Nos hemos dejado llevar, nos hemos dejado convencer sin pasar bajo el tamiz de lo fundamental, nuestras decisiones trascendentes.

 Antes de plantearnos el tema económico y mundanal, hemos de fundamentar sólidamente nuestra vida personal y de familia, lo demás se nos dará por añadidura...

solemartinSoledad Martín, esposa y madre. Intento compaginar ésta que es mi verdadera vocación, lo mejor que puedo, con un trabajo como funcionaria en horario de mañana, lo cual me permite atender a mi familia puesto que tengo las tardes libres. Soy laica del Hogar de la Madre.

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