Sábado, 09 Agosto 2014 02:00

Droga y Fe

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La mayoría de los adolescentes han tenido alguna experiencia con bebidas alcohólicas y con otras drogas.

Experimenta un poco y deja de usarlas, o las usa ocasionalmente sin tener problemas significativos. Algunos seguirán usándolas regularmente con varios niveles de problemas físicos, emocionales y sociales. Y otros desarrollarán una dependencia y actuarán por años de manera destructiva hacia sí mismos y hacia otros.

 Algunos jóvenes están en mayor riesgo que otros de desarrollar problemas relacionados con el alcohol y las drogas, como los de cuyas familias tienen ya historial en este tipo de sustancias. Éstas son típicamente las “drogas del umbral” que llevan a otras ilícitas.

 Las señales que están experimentando los adolescentes (físicas, emocionales, familia, estudios, problemas sociales…) son indicativas de otros problemas. Los padres pueden reconocerlas al ser indicativas de otros problemas, pero no son capaces de hacer un diagnóstico. Muchos jóvenes creen que las drogas les ayudaran a aclarar sus ideas y mantenerse más activos, pero las usaran como una forma de llamar la atención de sus padres o evadir los problemas que los agobian.

 La reacción de los padres no tardan en llegar, vienen las reprimendas, las llamadas de atención, los reclamos…y echarle la culpa llamándole irresponsable o crearle sentimientos de culpa. Ésta, entre otras razones, puede llevar a una persona a consumir drogas.

 La falta de comunicación en la familia, la pobreza familiar, la baja autoestima, pueden ser causas para generar adicciones. Todo esto se podrá contrarrestar cuando la familia, los padres, le brinden elementos y conocimientos necesarios para apartarlo de estas adicciones. Éstos han de venir acompañados de afecto, seguridad emocional, estabilidad familiar, comunicación permanente… FE.

 Muchas familias actualmente no tienen los cimientos de roca de los que nos habla el Evangelio, (MT.7, 24-27) para resistir las tempestades; los padres, a menudo, no son el ejemplo que deben seguir los hijos para aprender los valores de nuestra civilización cristiana. Los padres deben hacer acogedor el ambiente familiar, con el diálogo, la comprensión, el rezo y la participación, escuchar a sus hijos, evitar la sobreprotección y educarlos en una razonable austeridad acostumbrándose a soportar el sufrimiento. Los sermones sobre los daños de las drogas no siempre son efectivos, ayudarles a conocer un poco más el sufrimiento y el Amor de Jesús, lo que Él hizo por nosotros, que con la Gracia de Dios es capaz de abrirse a quien es el “camino, la verdad y la vida”.

 Expertos en este tipo de dependencias (psiquiatras, psicólogos, médicos, asistentes sociales, y porque no, personas consagradas), confirman que el modelo cristiano de la familia permanece como el punto de referencia prioritario sobre el cual insistir en toda acción de prevención, recuperación e inserción. La familia, “Iglesia Domestica”, es capaz de afrontar todo a la luz de la Palabra de Dios. Y si Dios ocupa el primer puesto, llega a ser el lugar del crecimiento y de la esperanza pues en ella cada día se reconstruye la vida cristiana con Amor, Fe, Paciencia y Oración.

 La enfermedad espiritual que cargan estos jóvenes en su interior les impide ser funcionales, y la incapacidad de responder a las exigencias de la convivencia humana, les hace odiar todo lo que sea norma o regla de urbanidad.

Por eso, no pocos jóvenes se destruyen en su intento de ser hombres refugiándose en el alcohol y las drogas. A menudo, tras esa actitud se encuentra la angustia y la desesperación; pero otras veces ese comportamiento oculta la búsqueda del placer, la falta de autocontrol o una irresponsable curiosidad de “probarlo” todo. Esa desesperación o esa búsqueda de placer son las que pueden destruir a una persona y todas las que viven a su alrededor.

Juan Pablo II dijo: “¿me equivoco acaso cuando os digo a vosotros, jóvenes católicos, que forma parte de vuestra tarea en el mundo y en la Iglesia revelar el verdadero significado de la vida allí donde el odio, la indiferencia o el egoísmo amenazan con trastornar al mundo? Frente a estos problemas y a estas desilusiones, muchos tratarán de huir de las propias responsabilidades, refugiándose en el egoísmo, en los placeres sexuales, en la droga, en la violencia, en el indiferentismo o en una actitud de cinismo. Pero hoy yo os propongo la opción del amor, que es lo contrario de la huida. Si vosotros aceptáis realmente este amor que viene de Cristo, este os conducirá a Dios”.

 Loreto Guevara, LHM

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