Jueves, 01 Enero 2015 01:00

¿Qué es la adopción?

Escrito por

Comenzamos una nueva sección en esta web sobre la Familia cristiana dedicada a la adopción, con mención especial a la adopción internacional por tratarse del tema que más conozco desde mi experiencia como madre adoptiva.

A lo largo de estos meses iremos tratando distintos aspectos relativos a la adopción, como los trámites necesarios para realizarla, la espera, la llegada del niño, la adaptación a la nueva familia o la revelación de los orígenes del menor. Especial mención haremos a la adopción de menores por monoparentales, así como la adopción de niños con necesidades especiales. En las últimas entradas abordaremos el tema de la búsqueda de los orígenes y conoceremos el testimonio de varios jóvenes adoptados. Para finalizar haremos un repaso del reflejo de la adopción en los libros de la Biblia.

¿Qué es la adopción?
La palabra adopción proviene del latín adoptio, y significa  recibir como hijo al que biológicamente no lo es. Para nuestro ordenamiento jurídico sería el acto mediante el cual se otorga a una persona mayor de edad la patria potestad de un menor en situación de desamparo o abandono  y  se crea un vínculo de parentesco entre ellos con análogos derechos y obligaciones a la filiación biológica.
La adopción es una opción de vida con implicaciones permanentes a la que se ha de llegar tras un profundo período de reflexión por parte de los adoptantes.  La motivación para adoptar puede ser variada, pero debe nacer del deseo de ser padres y nunca se ha de perder de vista su fin último: el bien del menor.
Por ello, es importantísima la función orientadora de los Servicios Sociales que tramitan los expedientes de adopción, que deberán analizar las causas que mueven a las personas a la adopción:  unas veces será esterilidad de los cónyuges,  los problemas para llevar a término un embarazo, la ausencia de pareja en personas monoparentales o el deseo de ampliar la descendencia en el caso de familias con hijos biológicos que quieran acoger de forma permanente y generosa a  un menor en situación de desprotección.
Especial mención suponen los dos primeros supuestos tratados, que se resumen en la dificultad para concebir. El hombre participa de la naturaleza creadora de Dios a través del don de la paternidad. Pero cuando el matrimonio es infecundo, esta gracia no es compartida y pueden aflorar sentimientos de inferioridad o culpa. Ello radica en la creencia errónea de que los hijos son un derecho, no un privilegio. En cualquier caso, el dolor que se experimenta  es equiparable al de la pérdida de un ser querido. Por ello será imprescindible superar el duelo por los hijos no nacidos y tener claro que el resultado que se obtendrá tras la adopción será diferente al inicialmente previsto. Será fundamental la comunicación en el matrimonio y conseguir que esta experiencia tan dolorosa, lejos de crear tensiones, sirva para unir a los cónyuges. En esta situación no hay culpables y la infertilidad, aunque sea debida a uno solo de los cónyuges, debe ser vista como algo compartido. El matrimonio es comunidad de bienes materiales y espirituales.
Para resumir diremos que la motivación para adoptar no debe basarse en la satisfacción de las necesidades afectivas de los adultos ni en la visión reduccionista de la compasión por la salvación de los menores. La adopción es un compromiso diario de maternidad/paternidad, un proyecto de amor que tiene como fin el desarrollo integral del menor que es, como el hijo biológico, un individuo distinto al padre o la madre y con una misión concreta dentro del plan de Dios.

La expectativa del hijo que llega
Como resultado del proceso de adopción, ya hemos dicho que, integramos en nuestra familia a un menor, que hasta el momento era completamente ajeno a nosotros. En muchos casos incluso podría ser de otro país y de otra raza.  Así, si en el caso de los hijos biológicos será fácil establecer el parecido físico con uno o con los dos progenitores, se conocerá la herencia genética que se hereda y la historia familiar que se arrastra, los hijos adoptados son, en este sentido, como una hoja en blanco, pues muchas veces no disponemos de información previa sobre ellos o la que tenemos no es del todo fiable.
Además, los padres desde el momento que sabemos que estamos  embarazados (biológica o “burocráticamente” hablando), tendemos a construir una expectativa hacia el hijo que se espera que puede o no coincidir con lo que finalmente llega. Si en el caso de los hijos biológicos hay que saber conjugar las ilusiones e ideas preconcebidas con el hijo real, en el caso de los niños adoptados se exige un plus de precaución, a fin de evitar confusión y rechazo, pues la propia condición de adoptado podría alterar algunas de las ideas previstas por nosotros. En este sentido, hay que adoptar al hijo tal cual es y no pretender transformarlo en  lo que querríamos que fuera.
La adopción es una escuela de amor. Adoptamos  a un menor y recíprocamente somos adoptados.  Les hacemos hijos y ellos nos hacen padres en una relación desinteresada y riquísima.  ¿Os animáis a adoptar?

Clara Martínez Gomariz es Licenciada en Derecho y Master en Dirección de Personal y Gestión de RRHH. Trabaja desde hace hace quince años en el sector de las telecomunicaciones. Soy Laica del Hogar de la Madre.
Casada desde 2001, es madre adoptiva de una niña china de ocho años de edad y se encuentra desde hace seis años en un segundo proceso de adopción en este mismo país. Es miembro de Andeni, Asociación Nacional en Defensa del Niño. Ha leído diversos libros y artículos sobre adopción y ha asistido a charlas sobre el tema. Además, se mantiene en contacto permanente con un grupo de familias españolas y americanas con menores adoptados en China.