Miércoles, 21 Enero 2015 01:00

Madre solo hay una

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Tenía 17 años y mi vida era una mezcla de muchas cosas, todas en desorden. Trabajaba por las mañanas y estudiaba lo que podía por las tardes. Mi válvula de escape era el billar de mi barrio: “Billares Osaka”. Allí intentaba olvidarme de los madrugones, las bromas pesadas de mis compañeros, el resentimiento que sentía por tener que trabajar…

Dios no contaba gran cosa para mí. Muchos domingos el balón le ganaba la partida a la Misa y me dedicaba a jugar al fútbol. En casa, mis padres rezaban el rosario, y yo con ellos a veces. Estaba tan perdido que rezaba a la Virgen y no sabía a cuál, pues pensaba que había tantas como nombres había escuchado.
Yo no la conocía pero Ella sí sabía quién era yo y lo que necesitaba y se sirvió de un compañero de trabajo. En un ambiente hostil, lleno de egoísmo, en el que no te podías fiar de nadie, destacaba la sonrisa franca y abierta de Javier. Yo le espiaba, esperando a que algo o alguien, se la borrara de la cara. Pero él seguía imperturbable, día tras día. Una mañana no pude más y le pregunté: “¿Por qué estás siempre alegre?”. Su respuesta fue: “Ven y verás”. Y yo fui. Él me llevó a la Milicia de Santa María, allí me confesé y allí descubrí que la Virgen es mi Madre, ¡y es solo una!
Un recuerdo, que guardo en mi memoria con especial cariño, de esta etapa se refiere precisamente a la Virgen. Durante el mes de mayo por la tarde al salir de la academia iba acompañado de mi amigo Juan a la Iglesia de las Calatravas y allí le cantábamos y rezábamos a Nuestra Madre. Después de estar todo el día entre trabajo y academia, en un ambiente de competencia feroz, aquello era como estar un ratito en el cielo.
Hoy, en casa y con mis hijos, también el mes de mayo tiene “un sabor especial”. El día 1 salimos todos al campo para recoger flores silvestres y adornar la imagen de la Virgen delante de la que rezamos y cantamos: “Vamos todos con flores a María, que Madre nuestra es”.

Mi nombre es Juanjo soy abogado de profesión. Estoy casado con Mª José y tenemos 7 hijos y... dos perros. Cuando me hablaron de este proyecto rápidamente me vino a la cabeza la idea: solo puedo dar lo que llevo en el corazón, un gran amor por mi Madre, la Virgen. Ella me ha acompañado a lo largo de mis 54 años y sigue estando conmigo día a día. Eso es lo que quiero compartir con vosotros, con su ayuda, por supuesto.