Lunes, 11 Mayo 2015 00:00

Sobre el noviazgo

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Para quienes entendemos que el matrimonio es el lugar propio y exclusivo de la sexualidad humana, el noviazgo es su preparación. También hay sociólogos que entienden por noviazgo «una institución subsidiaria del matrimonio cuya función clave consiste en propiciar la adecuada selección del cónyuge futuro» (Duque 1993, 22).

Sin embargo, en el marco de la mentalidad corriente que separa sexualidad y matrimonio, el noviazgo ha venido a ser, más bien, la unión afectiva no del todo sólida entre un chico y una chica, con «derechos» o sin ellos, desemboque o no en la unión conyugal. Es curioso, por cierto, el hecho de que, con frecuencia, en el noviazgo así entendido se espere del otro una fidelidad y un afecto casi superior a los del matrimonio, como si el noviazgo fuera una unión más pura y plena. En las películas al uso sobre amoríos las uniones de chico y chica comienzan, por supuesto, por el sexo, y se mantienen con cierta estabilidad en uniones informales deliciosas, que se estropean precisamente cuando se las formaliza en matrimonio. En realidad es entonces el noviazgo un matrimonio mejorado, pero sin compromiso de estabilidad.

Ahora que se tiene por indudable que el matrimonio debe ser «por amor», los padres de los novios ya no tienen ninguna función reconocida y aceptada para la selección de pareja. Los chicos y las chicas establecen relaciones entre sí por su cuenta y riesgo, y lo hacen, además, a edades muy tempranas. En el mundo occidental suponemos que los chicos y las chicas pueden entrar en contacto afectivo-sexual (no meramente amistoso) desde la niñez. Hasta se considera a veces como una anomalía que un niño o una niña de diez o doce años no tenga ya «novia» o «novio». Nadie, por supuesto, les dice que las relaciones a esas edades deben ser meramente infantiles y lúdicas, sino que, por el contrario, los medios de comunicación, los centros educativos y los propios padres les animan a enredarse muy pronto en comportamientos maritales.

Con muy buen sentido, quienes establecen relaciones que quieren desembocar en matrimonio calculan las ventajas y los inconvenientes, y planifican el desarrollo de esa relación, pensando, además, en los medios de vida futura compartida. Esto es imposible para niños o adolescentes. Es una monstruosidad animar a los niños y adolescentes a mantener contactos semejantes a los de noviazgo, porque es imposible que el destino de esa relación pueda ser el matrimonio. Porque el matrimonio no se reduce a ser un camino de acceso a las relaciones sexuales, ni a la reproducción humana, sino una forma completa de vida. Los niños y los adolescentes no están en condiciones de plantearse aún semejantes horizontes: precisamente porque adolecen de madurez, de dominio sobre sí mismos.

Hay chicos y chicas jóvenes que, traspasados niñez y adolescencia, se ennovian sin perspectiva de futuro. En realidad, de suyo, el noviazgo es el noviciado del matrimonio, y por eso los novios miran las nupcias como un futuro anhelado. Sin embargo, los novios modernos se instalan en su noviazgo, hacen de su relación una situación estable. A ello contribuyen, desde luego, los agentes sociales, y también las circunstancias político-económicas. Por un lado, muchos novios hacen de su noviazgo una institución para vivir matrimonialmente en cuanto a sexualidad y afecto; por otro, la situación económica frecuentemente impide (al menos en España) configurar nuevos hogares. De este modo, quienes quieren vivir el noviazgo como camino al matrimonio, lo que tienen ante sí es, más bien, una pista llena de obstáculos.

Porque, en la actualidad, casarse es una locura. ¿Te atreves?

Doctor en Filosofía. He sido profesor en la Universidad CEU San Pablo, la Universidad Eclesiástica San Dámaso y en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Profesor de enseñanza media, actualmente ejerzo la docencia en un Instituto de Educación Secundaria de Madrid. Casado y padre de cinco hijos. He publicado diversos trabajos científicos, especialmente de metafísica y antropología, y sobre la figura de Antonio Millán-Puelles. También participo en programas de radio y en periódicos de internet.