Miércoles, 20 Mayo 2015 00:00

Abelardo en mi vida

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Hay personas que conoces, que te dejan una huella profunda. Abelardo ha sido para mí una de ellas. Tengo el convencimiento interior de que Dios lo puso en mi vida para acercarme a Nuestra Madre.

Javier, mi compañero de trabajo, el que me llevó con 17 años a la Milicia de Santa María, también me animó a hacer mis primeros Ejercicios Espirituales. La persona que los dirigía era Abelardo de Armas.

Abelardo nace en Madrid en 1930. Su padre muere cuando él apenas tiene 7 años. Su madre, viuda con cuatro hijos, tiene que hacer maravillas para poder sacar a la familia adelante. Las estrecheces de la posguerra civil española le obligan a empezar a trabajar en plena adolescencia.

A los 20 años se encuentra con Dios en unos Ejercicios Espirituales organizados por el Hogar del  Empleado. Dos de los principales frutos serán el amor entrañable a la Virgen y su incansable celo apostólico. 

Posteriormente Abelardo se convierte en cofundador (junto con el P. Tomás Morales S.J.) de los Cruzados de Santa María (la rama de los consagrados de la Milicia de Santa María) y su primer Director General.

Su vida a partir de entonces estará llena de campamentos juveniles, conferencias a muchachos, clases de orientación moral y profesional a muchos jóvenes de empresas bancarias, Ejercicios Espirituales ignacianos, todo para atraer a muchos a Cristo. 

El 17 de Febrero de 1980 en el Convento de las Carmelitas de Duruelo, recibe una gracia que será clave para él: 

“La gracia que yo he recibido es que veo mis manos totalmente vacías. No tengo ningún acto de virtud. Sé que nada de lo bueno que hago es mío. Y no solo no tengo actos de virtud es que no los quiero. No quiero tener virtudes. Quiero que mi única virtud sea la confianza que nace de la virtud de Él. A partir de ese momento la gracia mayor para mí ha sido quedar inasequible al desaliento, por mucha que sea la miseria que contemple en mí, que esa sí que es mía.”

En 1997 presenta su dimisión como Director de los Cruzados de Santa María por motivos de salud y desde entonces sufre una creciente pérdida de memoria,

Yo fui uno de los privilegiados que le acompañó en las marchas por la Sierra de Madrid, en las noches dormidas al raso contemplando las estrellas. Recuerdo perfectamente el cielo estrellado, los pinos, los arroyo, hasta los olores. Él me enseñó a mirarlo todo con los ojos de la fe y a descubrir a Dios y a Nuestra Madre en la maravilla de la Creación. En todo veía a Dios.

Quiero terminar agradeciendo a Dios el que me pusiera en el camino a Abelardo de  Armas. Estoy convencido de que el tiempo nos lo mostrará como un gran santo.

Mi nombre es Juanjo soy abogado de profesión. Estoy casado con Mª José y tenemos 7 hijos y... dos perros. Cuando me hablaron de este proyecto rápidamente me vino a la cabeza la idea: solo puedo dar lo que llevo en el corazón, un gran amor por mi Madre, la Virgen. Ella me ha acompañado a lo largo de mis 54 años y sigue estando conmigo día a día. Eso es lo que quiero compartir con vosotros, con su ayuda, por supuesto.