Lunes, 22 Junio 2015 00:00

Andrea: Un testimonio de adopción

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Conocía a Andrea de vista, de su colegio, que es también el colegio de mi hija. Por entonces ella tenía 18 años y como es una chica abierta y alegre, me saludaba espontáneamente cuando me veía. Pronto noté que sentía un cariño especial por mi hija, pese a los 14 años de diferencia que las separaban.

andreaUn día en la parroquia, después de la Misa dominical, se acercó a nosotros para saludarnos. Me contó que era adoptada con una naturalidad pasmosa y con ese gesto me ganó el corazón para siempre. Ahora, con 22 años, estudia Atención Socio-sanitaria,  es rubia, esbelta, de tez clara y tiene una personalidad arrolladora.

Así cuenta ella misma la historia de su adopción:
“En 1993 llegó al mundo una niña en Bucarest, Rumanía. Se llamaba Roxana. Nada más nacer, sus padres la dejaron en un orfanato. Por razones que desconocemos, aquella era la única opción que tenían. Allí la criaron hasta los seis años. Era una chica de personalidad oscura, no podía sonreír a nadie. Vivía apartada de sus compañeros, no encontraba la felicidad y siempre veía con tristeza el mundo. No era capaz de ver la luz: solía irse por los pasillos con su peluche preferido y pasaba las horas en soledad, esa soledad que llevaba dentro.

Al poco tiempo de cumplir seis años, llegaron al orfanato dos personas especiales: una mujer llamada Fina y un hombre llamado Abilio. Aunque Roxana no lo sabía, iban a ser sus padres. Cuando ella los vio, sintió miedo. No podía ni acercarse a ellos porque no quería saber nada de nadie.

Una mujer del orfanato le preguntó a Roxana: “¿Estas preparada para cambiar tu vida? Ellos te darán el amor que no te dieron tus padres. Ellos te harán cambiar el corazón”. Aunque no le contestó, la niña pensó que tendría que hacerle caso. Así lo hizo. Poco después, sus nuevos padres decidieron cambiarle el nombre por Andrea. Andrea Leoz, y aquel gesto quedará marcado en su corazón toda su vida.
Al llegar a España descubrió otra vida como quien descubre otro mundo. Nada más bajar del avión se encontró una sorpresa: su familia. Allí estaban esperándola. No se lo podía creer. Pensaba que era un sueño, porque cuando los vio entendió lo que era sonreír.

Cuando llegó su nuevo cumpleaños, se llevó de nuevo otra sorpresa: por primera vez pudo celebrarlo con sus primos. A partir de entonces comenzó a llegar la felicidad.

Con el paso del tiempo fue cambiando. Se volvió sonriente, guapa, deportista y tuvo la suerte de recibir el Bautismo, tomar la Comunión y Confirmarse. Pero una de sus mayores fortunas resultó acudir al colegio, un lugar en el que la respetaban y donde pudo conocer más a fondo su religión. Y eso que Andrea era una chica rebelde, e incluso tenía alguna que otra riña con sus profesoras, pero allí la apreciaban mucho e incluso la llamaban, con cariño, “la loca de Guadalaviar” (ese es el nombre del centro). Aunque tuviese problemas con algunas compañeras, trataba de solucionar cualquier desavenencia. Cuando alguien se metía con ella, sentía dolor por dentro, pero no se enfadaba.

Con la adolescencia llegaron algunos excesos. Su vida fuera de la escuela se hizo algo peculiar: solía ir de fiesta por la noche con sus amigas y muchas veces terminaban borrachas. Al poco tiempo, comenzó un ciclo de formación profesional en pastelería y repostería. Fue entonces cuando notó que debía cambiar, que tenía que hacer algo.

Como la nueva escuela cuenta con una capilla, una mañana se acercó por su cuenta y se arrodilló ante el Sagrario, en donde está presente Jesús bajo la apariencia del pan. Cerró los ojos y tuvo la sensación de ver una luz interior y de escuchar una voz que le animaba a rechazar aquellas cosas que le hacían daño y le separaban de Dios y de los demás. Supo que debía empezar a ayudar a sus compañeras para vivir en paz. Y se lo propuso, especialmente con algunas personas con las que no tenía una buena relación.

Hoy Andrea procura vivir por los demás, pendiente de ese Dios que le busca desde que era un bebé, recién nacido en la lejana Rumanía.”

Andrea ha accedido a colaborar conmigo en el artículo de este mes contestando a las preguntas que le he planteado. Se lo agradezco muchísimo porque, con sus respuestas, tomo conciencia de cómo se sentirá mi hija en unos años, y aprendo a afrontar su adolescencia con valentía y responsabilidad. Me encantaría que el día de mañana acompañara a Ziguo en su propio proceso de aceptación de su condición de adoptada, pues creo que solo quien ha pasado por lo mismo podrá ayudarla verdaderamente.

-    Andrea, ¿qué es la adopción para ti?
Para mí la adopción es volver a nacer, la oportunidad  de vivir  y amar como todo ser humano.

-    ¿Puedes explicarnos cómo te sientes por ser adoptada?
Actualmente no siento nada, es más, ni me acuerdo de que lo soy.

-    Te adoptaron con seis años, ¿cómo fue tu adaptación al llegar a España?
Totalmente incomoda, sentí mucho miedo porque para mí fue una locura cambiar de vida completamente.

-    ¿Te consideras rumana? ¿Qué sientes por tu país de origen?
Sí que me siento rumana, lo siento en lo más profundo de mi ser y estoy muy orgullosa de serlo.
Tengo afecto y guardo en mi corazón lo que viví; no me arrepiento de haber vivido una infancia diferente.

-    ¿Te sientes española?
¡¡Por supuesto!! Soy  muy feliz de ser española, no lo cambiaría por nada.

-    ¿Te has sentido alguna vez diferente por el hecho de ser adoptada?
Si, la verdad es que he tenido esa sensación de sentirme diferente, y lo he pasado mal. Lo mejor es cambiar de chip, no pensar qué fuimos, sino pensar en lo que podemos llegar a ser.

-    ¿Te han dado de lado, ofendido o insultado alguna vez por ser adoptada?
Para nada, nunca he recibido ofensas de esas, es más, me acogen muy fácilmente por cómo soy, no por lo que es mi vida. Sí que he escuchado muchas veces que es muy fuerte mi historia y siempre me he sentido muy respetada.

-    Dado que tus rasgos físicos son europeos, ¿le dices normalmente a la gente que eres adoptada?
¡¡Claro!! Y sin miedo, no hay que tener vergüenza de cómo es tu historia, debemos cuidarla, y valorar nuestras vidas.

-    ¿Qué sentimientos tienes hacia tus padres biológicos?, ¿te gustaría conocerlos?
Sinceramente no me gustaría nada. Aunque por una parte sí que me gustaría porque querría conocer mis rasgos, por otra pienso que no vale la pena verlos; yo ya tengo mi vida y no necesito ver el pasado: conservo en mi corazón mi historia, pero no pongo en medio a mis padres biológicos.

-    ¿Sientes como padres a tus padres adoptivos?
Sí, ellos son el regalo que Dios me ha dado; basta con ser feliz de corazón teniendo una madre y  un padre. Ellos me han dado la oportunidad de vivir, y por nada la cambiaria.

-    ¿Habláis de la adopción en casa?
Para nada, llevamos una vida normal como toda familia.

-    ¿Te has sentido alguna vez culpable de ser adoptada?, ¿afortunada?
¡¡Nunca!! Jamás se me había pasado eso por la cabeza, siento que soy muy afortunada por tener una familia.

-    ¿Eres feliz?
Buena pregunta, la gente me pregunta que cómo lo hago para ser tan alegre y tan feliz siempre día a día, todos me identifican como una persona con mucha vitalidad.
SÍ QUE SOY FELIZ.

-    ¿Qué es lo mejor y lo peor de ser adoptada?
Lo mejor es que tengo unos padres que realmente me quieren, y lo peor es que cuando escucho cosas sobre adopciones me recuerda la imagen de mi pasado.

-    ¿Cómo ha influido en tu vida el hecho de ser adoptada?
Bastante bien, estoy orgullosa de ser Andrea Leoz como la persona que soy, y no vale la pena pensar nada más.

-    ¿Te ha ayudado tener una hermana también adoptada?, ¿habláis del tema entre vosotras?
Siempre quise tener una hermana, y sí que me ha ayudado cuidarla día a día como hermana mayor. También me ha ayudado para crecer como persona.
Nunca hablamos de la adopción, ella tiene su historia y yo la mía, pero nunca la compartimos, vale la pena vivir conjuntamente la vida que tenemos ahora.

-    ¿Crees que tu adolescencia está siendo más complicada que la de otras chicas por el hecho de ser adoptada?
¡¡Qué va!! Yo también he tenido mi juventud parecida a la de los demás, me he sentido una más, sin diferencias.

-    ¿Qué cosas te han ayudado en tu proceso de búsqueda de tu identidad y maduración? (palabras de algún amigo o familiar, atención psicológica, algún libro, pensamientos, Dios…)
Dios es quien ha cambiado toda mi vida, mi persona. Él estuvo siempre presente en mi vida; el problema fue que yo no lo conocí hasta que lo encontré y tocó mi corazón. Él es mi fortaleza, mi inseparable vivir, pero sobre todo el sentido de mi vida: todo tiene sentido si vivimos de Dios y con Dios. Con Él todo es posible (hasta algo que creamos que es imposible), con su amor me enseña a crecer día a día gracias a todo lo que me rodea (amigos, familia…)

-    Dado que eres católica practicante, ¿valoras la adopción como algo querido por Dios dentro de su plan personal de salvación para ti?
Sí, esta historia que Él ha hecho en mí la considero como una bendición, pues me permite transmitir y ayudar a los que no entienden por qué la vida nos puede hacer algo que no podemos comprender.

-    ¿Sientes una vinculación especial con otros niños adoptados?
Yo los veo como un regalo de Dios, como cuando vemos a una madre biológica con su hijo.

-    En una ocasión un director de colegio me dijo que lo peor de los niños adoptados son los padres de los niños adoptados. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación? ¿tan pesados somos?, ¿Crees que por el hecho de haber sido niños tan deseados los padres adoptivos estamos excesivamente pendientes de vosotros?
Sinceramente, no estoy de acuerdo. Es posible que los padres estén demasiado pendientes de los hijos, y es normal. Mi experiencia es que yo me cansaba de sentirme controlada, pero ahora entiendo por qué tanto control; mis padres deseaban ser padres, y la oportunidad de demostrármelo ha sido esta desde el principio, así que no me arrepiento de sentirme controlada. De las experiencias nos podemos sorprender.

-    ¿Crees que estáis sobreprotegidos?
Antes sí que me sentía demasiado sobreprotegida y  eso me resultaba incómodo, no  me sentía libre para valerme por mi misma.

-    ¿Adoptarías un niño cuando fueras mayor?
Si no hay otro remedio y mi instinto materno me dice que quiero tener un hijo, por supuesto que lo adoptaría, sin pensar que será diferente. Si acoges, cuidas y amas, nadie podrá quitarte lo que toda mujer desea ser, que es poder ser madre.


Gracias Andrea por tu sinceridad y tu disponibilidad, por tu tiempo y tu alegría, por el valiente testimonio de tu seguimiento juvenil de Cristo.

Clara Martínez Gomariz es Licenciada en Derecho y Master en Dirección de Personal y Gestión de RRHH. Trabaja desde hace hace quince años en el sector de las telecomunicaciones. Soy Laica del Hogar de la Madre.
Casada desde 2001, es madre adoptiva de una niña china de ocho años de edad y se encuentra desde hace seis años en un segundo proceso de adopción en este mismo país. Es miembro de Andeni, Asociación Nacional en Defensa del Niño. Ha leído diversos libros y artículos sobre adopción y ha asistido a charlas sobre el tema. Además, se mantiene en contacto permanente con un grupo de familias españolas y americanas con menores adoptados en China.