Lunes, 08 Junio 2015 00:00

Noviazgo como preparación del matrimonio

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Viene a ser el noviazgo hoy, como sugerí en mi anterior entrada, una nueva modalidad peculiar de matrimonio. Tal como lo viven muchos de nuestros jóvenes, contiene la entrega afectivo-sexual, a veces la convivencia y el trabajo conjunto, pero se lo tiene como una forma solamente provisional de unión, no jurídica (aunque sea social y pública) y, desde luego, se da por entendido que se la puede romper si, por ejemplo, el amor se enfría.

Comenzó el noviazgo por ser una preparación al matrimonio, y los novios, según eso, eran jóvenes en camino hacia una unión institucional. Ayudado por un desvanecimiento de los objetivos esenciales del matrimonio, la liberación sexual, las crisis económicas occidentales y el enfriamiento de la conciencia cristiana, el noviazgo ha pasado a ser un casi-matrimonio.

Además, se ha extendido hacia edades más jóvenes y, también, más maduras. Los noviazgos de adultos alternan, a veces, con uno o varios matrimonios. Hay novios muy jovencitos, casi niños, que ya en el colegio comienzan a tener relaciones íntimas; y numerosos jubilados solitarios regresan a su infancia creando nexos de color de rosa cuando la vida se acaba. Entre tanto, cuarentones y cincuentones se entregan a una nueva adolescencia de sonrojos y devaneos tras emparejamientos fracasados.

Hay claros indicios de que, en algunos sectores de nuestra cultura, el noviazgo es tenido como más plenario y humano, más vivo e interior, que el matrimonio.

Resulta, por todo ello, llamativo que haya padres que, con las mejores intenciones y el mayor afecto hacia sus hijos, les animen a ennoviarse desde pequeños. Sorprende que la tía le pregunte picaronamente a su sobrina de cuatro años si ya tiene novio en el jardín de infancia. Es chocante que los abuelos pregunten al nieto preadolescente qué niñas de su clase le gustan, y que el niño de nueve años, animado por sus propios padres, se acicale con cuidado para salir por la tarde el sábado con su pandilla, en cuyo interior todo gira alrededor de apegos y desapegos entre chicos y chicas. Por no hablar de lo que sucede en las redes sociales.

El matrimonio requiere una preparación y, mientras tanto, las relaciones entre chicos y chicas deben ser una aproximación y puesta a punto para enfrentarse con el noviazgo (y con una posible vocación de celibato). Trasladar a la amistad entre chicos y chicas los rasgos y condiciones del noviazgo no puede reportar más que una pérdida de referencias, como vestir a un bebé con chaqueta y corbata. Hay dos niveles de aproximación al matrimonio: el de la relación y amistad, y el del noviazgo.

Durante la niñez y la adolescencia, especialmente cuando las hormonas están en efervescencia, el trato entre chicos y chicas debe mantener una distancia suficiente para que cada uno pueda fortalecerse y protegerse de sí mismo y de los entusiasmos. Antes de enfrentarse con la delicada cuestión de la elección de pareja es preciso conocerse un poco a sí mismo y serenar el ánimo: o sea, madurar. Al fin y al cabo, en la vida hay que hacer muchas más cosas que conocer a la mujer o al hombre a quien unirse para toda la vida. Pues se ha extendido, en efecto, una suerte de «totalitarismo» de las relaciones afectivas, como si el emparejamiento afectivo fuera lo único a lo que vale la pena prestar atención.

¿Cuándo llega el momento de proponerse un noviazgo? –Cuando uno se puede y se quiere casar. Mientras tanto, esperar, prepararse y madurar. A continuación, pensar: ¿quién es la persona que me conviene para formar una familia y entregarme para siempre?

Doctor en Filosofía. He sido profesor en la Universidad CEU San Pablo, la Universidad Eclesiástica San Dámaso y en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Profesor de enseñanza media, actualmente ejerzo la docencia en un Instituto de Educación Secundaria de Madrid. Casado y padre de cinco hijos. He publicado diversos trabajos científicos, especialmente de metafísica y antropología, y sobre la figura de Antonio Millán-Puelles. También participo en programas de radio y en periódicos de internet.