Martes, 07 Junio 2022 00:00

Tiempo "extraordinario"

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Hemos salido del tiempo pascual, precedido antes por la Cuaresma. Tiempos fuertes dentro la Liturgia en los que el Señor ha actuado de distintas maneras para encontrarse con nosotros y alimentarnos para seguir creciendo en la fe.

La Cuaresma, tiempo de conversión fuerte, expresa nuestra vida aquí en la tierra, llena de dificultades y sufrimientos por nuestras propias limitaciones y miserias. Es un tiempo en el que experimentamos nuestros pecados, -quizás con más fuerza-, para tener el anhelo de llegar a la Pascua y ser salvados y liberados de nuestras esclavitudes; para poder entrar en la voluntad de Dios, ya que es esta la que da sentido y plenitud a nuestra vida. ¡Qué ciegos estamos cuando creemos que es nuestra voluntad la que nos hace felices! Es todo lo contrario. No sabemos muchas veces qué es lo que nos conviene. Dice el Salmo 119: “Me estuvo bien el sufrir, así aprendí tus justos mandamientos”. Sus mandamientos son siempre de amor y de vida; no son una carga ni un cumplimiento por nuestra parte. Nosotros no podemos con nuestras fuerzas, sino que necesitamos la fuerza de Dios para poder vivirlos. Nos presenta nuestra debilidad para que busquemos su fortaleza para seguir caminando por senderos de vida, no de muerte.

El tiempo pascual, que ha terminado con Pentecostés, es figura de nuestra vida en el Cielo, en el que no habrá llanto ni tristeza, ni sufrimientos. Sólo alegría, solo gozo y paz. Habrá unos cielos nuevos y una tierra nueva, en la que habite la justicia. Esto se puede empezar a vivir ya aquí en la Tierra, -aunque no en plenitud-, ya que todavía vivimos en la carne, pero en la esperanza de vivirlo plenamente en el Cielo. Por eso nos alegramos esperando esta realidad y decimos: “Ven, Señor Jesús. Maranatha."

¿No deseamos esto? ¿Estás tan acomodado en este mundo que te conformas con tan poco? ¿Crees que la felicidad y la vida te viene de lo que tienes aquí? Somos peregrinos y buscamos y caminamos hacia nuestro verdadero lugar, porque allí tenemos una morada preparada por el Señor. Yo deseo esto, aunque tengo que vivir aquí, esperando la hora de salir de este mundo al Padre, reconociendo que mi misión aquí no ha terminado y esa es su voluntad en la que quiero ser feliz, -dentro de la precariedad de mi vida-,y tengo que darle gracias por haberme creado y poder vivir en este valle de lágrimas: esperando la redención total de mi cuerpo. ¡Bendito sea ÉL, por haber nacido!; y más todavía por querer recrearme de nuevo.

Ahora estamos viviendo el tiempo litúrgico del tiempo ordinario. No me gusta esta expresión porque parece que es menos importante que las anteriores: yo creo que es un tiempo “extraordinario”, en el que el Señor me hace vivir cada uno de los tiempos anteriores, según experiencias.

Puedo vivir el Adviento, esperando siempre la venida del Señor a mi vida, haciéndome niño, para enseñarme a mí la humildad y la pequeñez en la que tengo que vivir, para dejarme conducir por mi Padre y obedecerlo, porque todo lo que me diga o haga es para mi bien. Por eso, tengo que decir: “Ven Señor Jesús”.

Puedo vivir la Cuaresma, que es un combate continuo el que tengo que sostener para no ser engañada por el tentador que lo que busca es que no siga ni crea en el Señor, sino que me presenta una felicidad engañosa en la que no existe el sufrimiento, sino el hacer lo que me apetezca. Sobre todo busca que no anuncie a Jesucristo, ni la Vida Eterna.

Puedo vivir la Pascua, esperando cada día el paso del Señor por mi vida; levantándome en mis caídas y llevándome sobre sus hombros cuando estoy cansada y agobiada por los trabajos y fatigas de la vida; experimentando su Misericordia y su perdón, e invitándome a continuar caminando.

Como decía, es un tiempo “extraordinario”, en el que tengo que rememorar cada uno de ellos, con la fuerza del Espíritu Santo que conduce mi vida cuando me desvío.

¡Qué bueno es el Señor! ¡Cuántas gracias nos concede, aún en el sufrimiento y el dolor! Él va por delante, enseñándonos el camino por el que tenemos que caminar. ¡Gracias Señor!

¡Que el Señor os bendiga! Rezad por mi.

Reyes Sánchez

20200920 180210Reyes Sánchez vivió una de las experiencias más dolorosas que una madre puede sufrir. Su hijo Juan, a los 19 años, murió defendiendo a un amigo durante la Feria de Sevilla. A la luz de lo que vivió en esos momentos, escribe hoy.

https://www.infofamilialibre.com/index.php/reyes-sanchez

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