Edificar la Iglesia doméstica

Edificar la Iglesia doméstica
Prácticas familiares para habitar en la Iglesia

Juan Antonio Reig Plá
Obispo de Alcalá de Henares
Vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II
para estudios sobre el matrimonio y la familia

Roma, 28 de Junio de 2017

¿Es la Iglesia habitable? Es una pregunta que muchos se hacen ante el rechazo que les causa una institución que se presenta como poco adecuada al estilo actual de vida. Para muchos la Iglesia y lo religioso adquiere la imagen del museo, que sirve para admirar la belleza de unos objetos inspirados, pero que ninguno imagina como su propia casa. Todo es para contemplar, nada se puede tocar ni cambiar de puesto. Sirve para sentirse en paz, pero no para responder a las preguntas inquietantes que ofrece el futuro.

La pregunta inicial en todo caso nace desde una desafección eclesial extendida en grandes sectores de la sociedad en un proceso creciente y dirigido en gran medida a la propuesta moral cristiana. Al tomarla como una propuesta ajena entre otras muchas se siente una mayor incomodidad al escucharla. En verdad lo que está en juego es la “habitabilidad”: encontrar en ella un espacio donde vivir. Este es el problema por encima de la racionalidad de la fe que fue en cambio lo que, en otro tiempo, hacía más difícil admitir la propuesta cristiana. La cuestión tiene que ver entonces con el modo de vivir con un contenido moral indudable.

No podemos dejar de tomar en serio la radicalidad de la pregunta, pero como es natural, desde una perspectiva más grande que el tono reivindicativo con el que se suele formular. En el ámbito público en el que se formula aquello que implícitamente se pide es que la Iglesia sería más habitable si adaptara su doctrina y moral a las claves más usuales en la sociedad, aquellas por las que las personas sienten la vida más agradable. Es una propuesta miope. Lo erróneo de la misma consiste en no captar que, precisamente, uno de los obstáculos mayores para la vida buena es buscar en primer lugar lo que agrada. Esto no es nunca un principio de habitabilidad, sino solo de agradabilidad. Ya lo vio el mismo Epicuro el cual, con su teoría del “jardín”, planteaba la habitabilidad más como protección del mal que como vida agradable. La simple adaptación a las condiciones ambientales no crea habitabilidad en el hombre, éste habita en el mundo cuando comprende sus exigencias internas y la creatividad propia, no cuando mira simplemente el exterior. Una choza, el fuego, el templo, los referentes para la habitabilidad, son creaciones humanas no una imitación. El hombre ha sido capaz de vivir en todos los ambientes del globo porque siempre ha construido algo y nunca se ha contentado solo en adaptarse. La Iglesia no es más habitable por presentarse más atractiva, sino por ofrecer una vida buena plena, donde otros ofrecen simplemente sentirse bien. Es la diferencia entre una casa y un hotel. En este último todo son servicios que el huésped paga porque no cuenta con nada propio. Todos aceptan la Iglesia como pieza de visita, incluso como marco para un evento, pero habitar es considerarla “suya” como una casa llena de vida...

Para leer el artículo completo pinche aquí.

Mons. Juan Antonio Reig Pla

Obispo de Alcalá de Henares, España.
 
En esta sección Infofamilialibre recoge solo los documentos de su magisterio que tienen relación con el tema de la familia.