Batalla en el desierto

Las tentaciones de Jesús en el desierto (Mt 4, 1-9; Mc 1, 12-13; Lc4, 1-13) marcan el comienzo de nuestra vida cuaresmal. Durante cuarenta días, Jesús es tentado y yo, en el transcurso de mi “inmadura vida espiritual”, durante muchos años, pensé que era Él quien las sufría y me quedaba con “la formalidad” de esta época tan esencial en la vida eclesial.

Quizás la benevolencia divina se compadeció de mí y fue sembrando “luces” que me han ayudado a penetrar en el misterio de estos días. El pasado año, durante esta época le pregunté a una compañera qué le ocurría. La contemplaba distante y huraña, y en su rostro se vislumbraba un leve gesto que yo interpretaba de dolor. Ella me contestó: “Estoy luchando contra mis demonios…” Y yo pienso: “Eso es vivir la Cuaresma”.

Durante este tiempo, el “tentador” anda suelto “como león rugiente buscando a quien devorar” (1Pe 5,8-9) . Somos tentados a nivel individual y a nivel comunitario, es decir, la tentación es personal, a la vez que toda la Iglesia es tentada. Paraos a observar a las personas de vuestro alrededor: trabajo, familia, amigos, grupos de fe.

La primera semana de Cuaresma sentí que mi interior se rompía, sin nada “concreto” que lo provocase, pero con una fuerza que me hacía tambalear. Conforme han avanzado los días, los conflictos en el ámbito laboral han aumentado de una forma tan absurda que no sabría si llorar o gritar. Mi hija adolescente se encuentra “especialmente” tensa y entristecida y no acierta a reconocer la causa, mi esposo y yo discutimos por nimiedades y una amiga muy cercana me confiesa la desesperanza y la debilidad que siente para enfrentarse al mundo. Podríamos decir que esto ocurre a diario y no posee la menor importancia, o podríamos contextualizarlo en un tiempo especial en el que toda la Iglesia se une en  penitencia y ayuno para fortalecer su fe y su adhesión a Cristo.

Cuando contemplamos nuestras debilidades nos hacemos más conscientes de la necesidad y de las “armas” que la Iglesia nos ofrece para combatirlas: Oración, oración y más oración; intensificación de la vida de Gracia en los sacramentos, limosna y ayuno. El desprendernos de nuestros deseos, gustos y bienes, nos fortalecen en la lucha que estamos sufriendo entre EL BIEN Y EL MAL en nosotros mismos, con los demás y en el mundo. Necesitamos la Gracia para que el tentador no arranque de nuestras almas EL ANHELO Y LA ALEGRÍA DE LA RESURRECCIÓN; de la esperanza en la VIDA ETERNA, del AMOR DE DIOS. El AYUNO nos traerá templanza que procurará el equilibrio en el uso de los bienes creados y nos asegurará el dominio de la voluntad sobre los instintos. LA LIMOSNA, nos ayudará a salir de nosotros mismos en pos de nuestros hermanos y LA ORACIÓN , nos situará en nuestra posición de criaturas y en la necesidad que tenemos del poder de Dios para todo.

Así es que amigos…¡es TIEMPO DE LUCHA! Y el combate tiene lugar tanto dentro como fuera de nosotros mismos. La garantía para salir airosos ya la conocemos: unirnos más al Señor; pero nadie dijo que fuese fácil o que no dejara cicatrices. En todas las batallas hay heridos y hay dolor, pero lo maravilloso de ésta es que ¡tenemos garantizada la VICTORIA!, pues CRISTO  ¡ganó la guerra por y para nosotros!

Demos gloria a Dios y mantengámonos unidos en la oración.

Mercedes Lucas

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas."

Soy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología por la Universidad de Murcia y estoy elaborando mi tesis doctoral cuyo tema central es la familia.
Estoy casada y tengo dos hijos y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es en la fe de donde mana mi alegría y esperanza  cada día.

Mercedes Lucas Pérez, es autora, editora y responsable del Blog Padres, adolescentes y esperanzas, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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