Cuando el trabajo es vocación y misión

El acceso a la educación es un derecho que protege a los ciudadanos (al menos, en los países democráticos) de un Estado monopolizador y autoritario. Por ello, y por convicción, opino que debe estar dotada con los mejores profesionales y medios ya que redundará en una sociedad más libre y civilizada.

No entraré en el manido debate de la escuela pública, privada y concertada. Cada uno debe elegir la mejor opción para sus hijos según su criterio e ideas y está bien poder tener la posibilidad de hacerlo libremente.

Quizás lo que provoca mi inquietud es la percepción social y las opiniones injustas que denostan a la escuela pública (movidos por otro tipo de intereses que nada tienen que ver con la educación) y, junto a ellas y sobre todo, las que menosprecian, banalizan o critican el trabajo de sus profesionales, los profesores.

Veo cada día como los compañeros se desviven, preocupan y se dejan la piel por sus alumnos. Por llegar a ellos, por instruirles, por influir positivamente en sus comportamientos intentando impulsarles a una vivencia del aprendizaje más dinámico y activo.

A lo largo de estos años de docencia, observo cómo se esfuerzan por innovar, por descubrir acciones que provoquen, en los adolescentes, interés por el conocimiento, la vida y la sociedad.

Nos llevamos trabajo a casa invadiendo nuestra vida personal de papeles, lecturas, conflictos que nadie valora ni aprecia porque se considera que nuestro trabajo acaba cuando suena el timbre. ¡No tienen ni idea de cuán equivocados están!

Tengo una amiga que, cada noche, después de acostar a sus hijos, se quedaba en el ordenador 3,4 o 5 horas intentando mejorar su enfoque en las aulas.

La mayoría de mis compañeros, tienen un currículum de cientos de horas dedicadas a cursos, seminarios y conferencias de formación que nadie ve ni aprecia.

Yo misma tengo 2/3 de mi casa sometida a un continuo devenir de papeles, libros y material pedagógico que intentan iluminar el modo de transmitir a mis alumnos todo lo que sé.

Cientos de horas dedicadas a una labor que la sociedad no aprecia ni valora. Que “prefiere pagar para garantizarse una formación más elitista y, supuestamente, mejor”.

Pero os digo que no es así. Yo misma, a lo largo de mi carrera profesional docente, he coincidido con personas maravillosas que creen en lo que hacen, que se esfuerzan por comprender qué ha pasado para que los chicos se muestren tan indolentes y apáticos, pero que, a pesar de ello, siguen luchando cada día por intentar transmitir los valores del esfuerzo, disciplina y sacrificio a través de sus clases.

Como una imagen vale más que mil palabras os contaré cómo fue el instante en el que decidí escribir este artículo:

Este año, en mi centro, tenemos un primer curso realmente complicado. En realidad son dos, pero como a Religión nos los amontonan (desde siempre, no sólo ahora), a mí me toca bregar con el dos por uno.

La desgana, dejadez, apatía, pasotismo y disrupción son notables hasta el punto que los tutores decidieron convocar a los padres para “pedirles ayuda” y hacerles conscientes de que, sin ellos, era imposible que sus hijos tomaran interés por el estudio.

Paralelamente, nos enviaron un mensaje a los profesores de estos dos cursos informándonos de la hora en la que tendría lugar dicha reunión, que era al finalizar la tarde, mucho después de nuestra jornada laboral.

Yo no hablé con nadie de esto, pero informé a uno de los tutores de que le acompañaría pues tenía mucho interés en hablar con los padres.

¡La sorpresa fue impresionante! Sólo os diré que de 40 padres convocados aparecieron 8, pero lo increíble fue que ¡aparecimos todos los profesores!

La asamblea estuvo formada, fundamentalmente, por los profesores que, sin hablar entre nosotros, habíamos decidido asistir para concienciar a los padres de su responsabilidad como tal en la formación de sus hijos.

Evidentemente, los familiares que acudieron quedaron muy impresionados al ver a todo el elenco de docentes preocupados por sus hijos.

Para mí fue un testimonio de amor. De amor a los chicos, a sus familias y al trabajo con el que, cada día, nos ganamos el pan.

¡Esto es lo que llamamos vocación! SENTIRNOS LLAMADOS a dar lo mejor de nosotros mismos a los demás, aunque “los demás” no tengan el menor interés por lo que les ofrecemos.

Somos “cristos” cuando nos dejamos la piel a pesar de la incomprensión, de la ignorancia y del vapuleo al que nos someten. Por intentar hacer bien “la misión” que se nos ha confiado. Por querer mejorar este mundo día a día, gota a gota, con nuestro trabajo y esfuerzo.

Doy gracias a Dios por mis compañeros. Ese día me sentí esperanzada, animada y agradecida.

¡Claro que habrá desidia en algunos docentes, no lo voy a negar!, pero os aseguro que no son mayoría, ¡gracias a Dios!

Me siento orgullosa de pertenecer a este grupo de profesionales que no actúan como funcionarios, que son capaces de renunciar a su tiempo de ocio y privado por intentar enriquecerse, cada vez más, para poder transmitir mejor a los adolescentes que les han confiado.

Por renunciar a la peluquería, a ir de tiendas, a ver la tele, al gimnasio, a tomar copas… porque tienen algo más valioso que hacer como corregir, preparar trabajos, exámenes o buscar información.

¡Gracias, profesores! Por vuestra labor aunque no lo aprecie el mundo, Dios sí sabe el empeño que ponéis en hacer de él algo más factible y humano.

Seréis creyentes o no creyentes en Dios, pero está claro que sí lo sois en el amor pequeño e imperceptible del trabajo bien hecho y eso, para mí, ya pertenece a Dios.

Mercedes Lucas

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas."

Soy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología por la Universidad de Murcia y estoy elaborando mi tesis doctoral cuyo tema central es la familia.
Estoy casada y tengo dos hijos y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es en la fe de donde mana mi alegría y esperanza  cada día.

Mercedes Lucas Pérez, es autora, editora y responsable del Blog Padres, adolescentes y esperanzas, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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