¡Menos mal que hay fotos!

Estamos en la recta final. El curso acaba. Y, como cada año, me machaco con la incertidumbre de si podía haber realizado mi trabajo mejor.

Con la llegada del calor, permanecer en clase ¡es un reto! Los chicos se quejan, están inquietos, desganados. Les animo a no desfallecer, a hacer un último esfuerzo. Pero hay días ¡que ni yo misma tengo la energía suficiente!

¡Hay que darse prisa! ¡Vamos atrasados con el temario! ¡Hay que concretar las fechas de entrega de los cuadernos! ¡Tenemos que presentar informes!... ¡Hay que... hay que…!

¡Dios mío, qué frenesí! ¡Las matrículas! Las pugnas entre los propios compañeros por competir y llevarse la “clientela” a su optativa. Las malas caras, los ceños fruncidos, las desconfianzas.

Y los chicos no ayudan. Perciben el ambiente enrarecido. Saben que se convierten en objeto de deseo… y empiezan los chantajes: “Si me apruebas, cojo religión, si no, no”.

Y, de nuevo, los problemas de conciencia. Bueno, los problemas no. ¡Está claro la opción de mi conciencia!

Y primero:

- “Yo no te apruebo”, lo haces tú con tu trabajo.

Y segundo:

- “No, no sé si aprobarás hasta que no lo evalúe”.

ESA ES MI DECISIÓN. No, no me vendo. Lo siento. ¡Es que no puedo!

La dignidad de mi asignatura está por encima de sus chantajes y amenazas. Una cosa es ayudar, y otra muy distinta, regalar.

Se trata de esfuerzo y es una virtud. La capacidad de sacrificio, otra. Y si no puedo enseñarles nada más, al menos, no les engañaré haciéndoles creer que la vida es fácil. Que no hay que esforzarse para conseguir nuestros sueños, que no hay que luchar ni trabajar, para obtener resultados. No. Soy profesora y creo en lo que hago. No sólo enseño, también intento educar.

Sé que cometo errores, que no siempre tengo toda la paciencia que necesitaría, que, a veces, la desgana me ha podido. Pero lucho por sobreponerme y ser mejor cada día. Y no quiero entrar en esta deshonrosa competitividad que nos envilece a todos.

Desde mi asignatura ofrecemos cultura, principios, reflexión y valores. Pero, sobre todo, la posibilidad de cuestionarnos sobre Dios y su Iglesia. Si esto no es lo que interesa, yo no voy a falsearla para “adaptarla” a las demandas consumistas de los alumnos y los padres.

Pero como el Señor es grande, me mandó un guiño a través del correo interno de los profesores, donde un compañero nos demandaba “fotos” para realizar un trabajo de fin de curso donde se plasmaran todas las actividades que habíamos realizado durante el mismo.

Al principio, me atropellé pensando que, aunque había hecho fotografías de las actividades, las tendría que buscar entre el desorden acumulado en mi portátil de trabajo. Poco a poco descubrí que no era tan caótico como pensaba y que, después de todo, ¡tendría remedio!

Fui encontrado cada actividad fotografiada, las ordené en carpetas (¡y resultó que eran un montón!) y se las pasé al compañero. Esta pequeña labor me había vuelto a la realidad. Yo misma me asombré del trabajo realizado.

- ¡Madre mía qué cantidad de trabajo hemos hecho! Me parecía impresionante.

Con el frenesí de la vida, tendemos a hacer y olvidar. A cumplir con los objetivos propuestos y, sin tiempo para saborearlos, nos urge la necesidad de  pasar a otros nuevos.

¡Qué cantidad de actividades he propuesto y realizado con mis chicos! La verdad es que he llegado a la conclusión, sin lugar a dudas, de que me he dejado la piel para, desde la más absoluta soledad (a nivel laboral), intentar que se plantearan la búsqueda de la Trascendencia y su necesidad para la realización del hombre completo.

Ya está hecho. Para bien y para mal. Con aciertos y fallos. Pero no hay duda... como decía una compañera el otro día al salir de la última clase:

- “Por hoy, lo he dado todo de mí. Lo he entregado todo.”

Hasta el último día, querré que sea así.

Mercedes Lucas

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas."

Soy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología por la Universidad de Murcia y estoy elaborando mi tesis doctoral cuyo tema central es la familia.
Estoy casada y tengo dos hijos y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es en la fe de donde mana mi alegría y esperanza  cada día.

Mercedes Lucas Pérez, es autora, editora y responsable del Blog Padres, adolescentes y esperanzas, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

Más en esta categoría: « Me he acordado de ti

Dejar un comentario