El espíritu en vacaciones

“Que disfrutéis de vuestras vacaciones y os sirva para fortalecer vuestra unión con Cristo y uniros a la Creación. Podéis ir en paz”.

Con esta despedida acababa la primera misa a la que asistía este verano, fuera de mi entorno habitual, en un pueblo vacacional.

Me pareció que expresaba de forma contundente lo que, para mí, significaba entrar en un nuevo período en el que las responsabilidades cotidianas se tornaban menos estresantes y más placenteras.

En ese instante, ofrecí al Señor este nuevo tiempo de convivencia familiar, de renovadas experiencias y de novedosos encuentros con  personas a las que desconocía.

Y, como para Él nada cae en saco roto, deseo contaros algunas de las breves e increíbles experiencias con las que nos sorprendió durante nuestro recorrido por distintos lugares de nuestro hermoso país.

La primera anécdota tuvo lugar al salir de la misa de la que os hablaba. Mi marido y yo queríamos jugar al tenis durante la semana en la que íbamos a hospedarnos en un pueblito de Málaga. No es que juguemos al tenis de ordinario, pero aprovechamos los tiempos de distensión para practicar algún deporte juntos (en este caso “darle a la pelota “). 

Así fue como nos dimos cuenta de que teníamos raquetas pero no pelotas y nos acercamos a uno de los establecimientos que existen junto a la playa para preguntar si las tenían disponibles. Salió el dueño del establecimiento, un chico joven y encantador que, mientras nos enseñaba la mercancía de la que disponía, nos comentó que esas pelotas (que daban el “pego” y que mi marido y yo hubiésemos comprado para salir del paso) no valían pues no botaban. Sin pensarlo dos veces, nos envió a una pista cercana donde su “primo” daba clases, para pedirle que nos diera, de su parte, un par de pelotas.

Yo (desconfiada) quería aclarar la situación y le dije:

- “A ver, para que yo me aclare. Tú quieres que vayamos y nos presentemos a tu primo, le digamos que tú nos envías y que nos dé unas pelotas para poder jugar”.

- “Eso es”, respondió él.

¡No nos lo podíamos creer!, presentarnos ante un desconocido, así sin más, para pedirle algo….

Aún así, allá que nos fuimos. El primo resultó otro encanto de persona y nos regaló una bolsa de plástico en la que introdujo unas 20 pelotas de tenis.

Sí, así sin más. Sin pedir nada a cambio. Con una amabilidad extrema y una gracia y salero que nos embaucó.

Otra anécdota.

Tuvo lugar en el complejo en el que nos alojábamos.

A media mañana, después del tenis y unos ejercicios en el gimnasio, volvíamos a ducharnos al apartamento y nos cruzamos con una de las encargadas de supervisar a los huéspedes del hotel. 

Con una sonrisa amplia y luminosa, nos saluda y nos pregunta qué tal nos encontramos. Iniciamos una conversación complaciente y educada, pero sin darnos cuenta y sin saber ni cómo, ¡acabamos hablando, de pie, en medio del jardín, durante una hora y media! Pero nada de hablar “del tiempo o de cosas insustanciales”, no. Hablamos del matrimonio, los hijos, la familia, la educación y ¡al final de Dios! La chica nos abrió su corazón. Nos expresó el dolor que le ahogaba y las circunstancias de su vida que lo habían provocado. De cómo confiaba en la presencia de Dios en su cotidianeidad aunque no entendía el por qué de algunas experiencias.

Hablamos de que lo importante no era el por qué sino el para qué el Señor las permitía; de la confianza y de la fe. Terminamos abrazándonos, intercambiando números de teléfonos y dando gracias por este encuentro que tanto nos había enriquecido a los tres.

Por si no era suficiente; esa misma noche, decidimos visitar Marbella. Mi marido y yo paseábamos y nos echábamos fotos junto a las esculturas que encontramos en un precioso paseo y ¡sin comerlo ni beberlo, acabamos dialogando con un famoso escultor venido de Rumania! Se interesó por nosotros y nos enseñó (vía google) sus más famosas obras ¡y resultó que eran unas imágenes religiosas, realmente magníficas y bellas que tenía expuestas en una iglesia católica en su país (él es ortodoxo)! Os aseguro que son dignas de Miguel Ángel.

Por último, os contaré la que para mí ha sido la más bella por la emoción que me produjo y lo improvisado de la situación.

En otro viaje hemos visitado La Rioja. No había sido planeado (soy yo quien lo suele hacer) y decidí que iríamos donde el corazón nos llevara. 

He de deciros que ha resultado ser un viaje realmente precioso. Soy una enamorada de nuestro país y estoy convencida que no merecemos que Dios pusiera ante nuestros ojos paisajes tan hermosos, de una diversidad tan enorme, en matices y colores, en un gesto de desbordante cariño hacia unos hijos, que no terminan de valorar la grandeza de su país. Pero este es otro tema…

Bosques, arroyos, castillos, monasterios, esculturas se entremezclaban con gentes sencillas, disponibles y amables, haciéndonos sentir, en todo momento, que estábamos en casa.

Por pura Providencia, el día anterior a nuestro regreso, descubrimos que el monasterio de Silos nos salía al paso en nuestra ruta y decidimos visitarlo. Era lunes. Asistimos a la misa cantada por los monjes. ¡Había sido uno de mis sueños desde hacía mucho tiempo y no veía momento para realizarlo! Ya me daba por satisfecha pues era día de descanso y no había visitas guiadas por el monasterio. 

No obstante, no me resistía a la necesidad de hablar con algún hermano sobre el monasterio y la vida de los monjes, pero todos se dispersaron al acabar la misa y creí que no iba a ser posible. 

Justo cuando pensaba en desistir, apareció un monje y le pedí si era posible hablar con alguno. Este accedió, y a mí me pareció que con mala gana, por lo que me sentí un poco cohibida e incómoda.

Al principio, sentía que el monje nos escrutaba y que él no quería estar allí, por lo que decidimos, en un momento en el que tuvo que salir para atender a otros, que la visita había acabado. Justo cuando nos íbamos, apareció de nuevo y nos dijo que volviéramos a la salita donde nos había dejado, para continuar nuestra charla.

Su actitud había cambiado. Se mostró amable y resultaba que compartíamos amigos comunes. En un gesto de desprendimiento y generosidad nos dijo que, siendo de Murcia y estando tan lejos, no podía permitir que nos fuésemos sin enseñarnos el bello claustro del monasterio, del s.XII. Nos sentíamos agradecidos, pero no queríamos abusar de su amabilidad, pues sabíamos que era lunes y no había visitas al mismo ese día.

Él, desoyendo nuestras reticencias, insistió. Nos llevó hasta el maravilloso claustro, joya del monasterio y nos explicó el significado de sus columnas y las escenas que les acompañaban.

Fue realmente amable y generoso y acabamos despidiéndonos de él con un enorme agradecimiento en el corazón y con el compromiso de rezar unos por otros.

Con estos encuentros, pretendía ilustraros las gracias que el Señor derrama cuando nos abandonamos a Él. No porque las merezcamos, sino por puro amor y donación.

El Espíritu nos acompaña allá donde vamos y, si lo aceptamos, dirige nuestros pasos para acercarnos más a Él y a las personas que viven de Él, para crear un círculo con lazos de armonía que nos enriquece y nos ayuda a fortalecernos en la Verdad.

Tengo más historias y os prometo que cada una de ellas es totalmente verídica y maravillosa.

Oculto o cambio los nombres por pura confidencialidad, pero mi objetivo es dar Gloria a Dios en cada uno de los acontecimientos de mi vida.

No merezco estos regalos y aun así, Él me los da. Nos los da. A mí y a todos, pero hemos de pedir la gracia de saber verlos.

Gratuidad, generosidad, armonía, paz y alegría, mucha alegría son los regalos que el Espíritu nos da cuando le abrimos nuestro corazón: “Yo no soy digna de que entres en mi casa...pero aun así, TE ABRO LAS PUERTAS de toda mi vida”.

¡Bendito seas Señor!

Mercedes Lucas

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas."

Soy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología por la Universidad de Murcia y estoy elaborando mi tesis doctoral cuyo tema central es la familia.
Estoy casada y tengo dos hijos y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es en la fe de donde mana mi alegría y esperanza  cada día.

Mercedes Lucas Pérez, es autora, editora y responsable del Blog Padres, adolescentes y esperanzas, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com