Los extremos se tocan

Durante este curso, me ha resultado casi imposible dejar que mis alumnos de Bachillerato debatieran sobre cualquier tema.

Indiferentes a la cuestión que nos planteáramos, se formaban, de forma espontánea, dos grupos bien diferenciados, opuestos y combativos, el de ¡chicas contra chicos! (con contadas y valientes excepciones).

Digo bien, ellas contra ellos, ya que la mayoría de veces ellas atacaban y ellos se defendían o abandonaban, hastiados, la discusión.

Intento mediar y hacerles ver que este no es el camino, pero lo realmente importante es preguntarnos por qué sucede esto y cómo hemos llegado a esta situación.

Soy mujer y siempre creí que era feminista, ya que lo entendía como la búsqueda en la igualdad de derechos frente a los varones, en una sociedad que consideraba a la mujer un ciudadano de segunda.

Pero hace ya tiempo desistí de esta concepción y del posicionamiento que conlleva.

Ahora me asustan las y los que se etiquetan a sí mismas/os como feministas. En realidad… ¡me tienen horrorizada! Hemos convertido la lucha por la igualdad y la dignidad de las personas en un combate de luchas de poder y de egos exaltados.

La etiqueta de “machista” se aplica para dejar claro que el otro está equivocado y que es un retrógrado conservador al que hay, no menos, que aplastar. Es decir, ahora resulta que machismo y feminismo se han convertido en términos que propugnan exactamente lo mismo: la aniquilación del otro (sexo). El egocentrismo de unos frente a los otros. La superioridad de ellos o de ellas. Ya no se trata de igualar, sino de machacar.

A las chicas adolescentes les sigue gustando ser piropeadas con estilo. Les agrada que les cedan el turno y les encanta ser invitadas a un refresco por el chico por el que se sienten atraídas.

Pero se encolerizan en cualquier discusión que, fruto de la ideología imperante, cuestione las diferencias entre hombre y mujer. ¡Las diferencias reales! Entienden la igualdad frente al otro sexo menospreciando la maternidad, exaltando el éxito laboral y la promiscuidad sexual, es decir, “cuando imitan las cuestiones varoniles que hasta hace poco criticábamos, es cuando se sienten más iguales”.

Para entenderlo, nos igualamos rebajando el nivel. Minusvalorando nuestras diferencias originales. Tirándonos al barro en vez de sembrar el jardín. Ya no se trata de defender los derechos que nos habían sido negados, de exaltar nuestras competencias y revalorizarlas; se trata de negarlas y asemejarnos a los comportamientos que despreciábamos. Hemos convertido nuestros derechos en reclamo de miserias.

Evidentemente, soy consciente que esto no es feminismo. Que ideologías destructoras del ser humano y la fraternidad están utilizando este y otros términos para enmascarar el odio y la batalla contra el diferente y el biempensante. Pero ellos y ellas no lo son.

Hemos enfrentado a la mujer con el hombre, al político contra el pueblo, al profesor contra los alumnos, a los hijos contra los padres, a la ley contra la justicia… Vivimos tiempos de odio. Se palpa en la sociedad y se palpa en las aulas.

Resulta muy difícil escuchar, hacer esfuerzos para comprender a los otros, atender a sus argumentos…

Quizás el problema está en los argumentos. A veces, la mayoría, no los tienen. Sólo repiten el mensaje “subliminal” que oyen hasta la saciedad (de una forma u otra), que “el otro es mi enemigo con el que he de combatir, al que he de derribar”.

“Los juegos del hambre” llevados a la gran pantalla son un claro ejemplo de esta sociedad pintoresca y absurda que disfruta enviando a la muerte a los jóvenes de la comunidad, actuando como chivos expiatorios de la estupidez y la sinrazón.

La simbología con el circo romano es brutal y nos ayuda a darnos cuentos de que no hemos avanzado nada.

El enfrentamiento es fruto de la naturaleza humana. Sólo redimida por la gracia es capaz de ofrecer la vida por el bien de los otros.

Sin Dios, el hombre es un lobo para el hombre. Thomas Hobbes acertaba en su obra El Leviatán (1651) en que el estado natural del hombre es la lucha continua contra su prójimo. Pero con el Papa Francisco (en la meditación que realizó antes de rezar el Ángelus en la fiesta de la Inmaculada Concepción del 8 de diciembre de 2014) podemos afirmar que todo es gracia, todo es don gratuito de Dios y de su amor por nosotros.

Por esto, nuestra esperanza no se fundamenta en los hombres o en cualquier ideología o política. Nuestra esperanza trasciende este mundo y la naturaleza humana.

Gracia, gracia y gracia… ¡bendita palabra que lo cambia todo!, que todo lo transforma y lo hace nuevo.

En mi batalla particular en las aulas, mi arma es la gracia, “eso con lo que vosotros no contáis”, les digo. El poder es de Dios; la fuerza, del Espíritu. Sólo la misericordia nos acercará. El perdón nos sanará y la oración lo hará posible.

Son tiempos de oración, de súplica y de acción. La esperanza está en juego.

Mercedes Lucas

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas."

Soy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología por la Universidad de Murcia y estoy elaborando mi tesis doctoral cuyo tema central es la familia.
Estoy casada y tengo dos hijos y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es en la fe de donde mana mi alegría y esperanza  cada día.

Mercedes Lucas Pérez, es autora, editora y responsable del Blog Padres, adolescentes y esperanzas, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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