Hijos que estorban

Es tiempo de descansar, “desconectar”, relajarse, pero, lo siento, yo quiero denunciar.

Denunciar el egoísmo, la estupidez y la necedad de una sociedad que ha decidido que la vida no merece la pena ser vivida. Y que sólo es válida cuando se rinde al placer de los sentidos, al culto al cuerpo o a la diversión extrema. 

Me cuesta aceptar el punto en el que nos encontramos:

-        Adolescentes de los que nadie se ocupa o por los que nadie se preocupa, “carne de cañón”, faltos de amor y viviendo una vida solitaria y llena de carencias. Niños que estorban a sus padres, sobre todo si están separados. Que planean sus vacaciones y tratan de endosarle “al partenaire” la responsabilidad que no le apetece asumir porque una nueva relación más apetecible llena el vacío de una vida farragosa y anodina.

-        Jóvenes treintañeros que conciben la vida como si tuvieran quince. Donde la paternidad/maternidad es una losa que les impide seguir jugando a videojuegos o cultivar, durante horas, un cuerpo musculado en el gimnasio más cercano. O perseguir el sueño de un sueldo fijo que les cubra de seguridad y de todo el bienestar, sin el cual creen que les resultaría imposible vivir.

-        Parejas que prefieren madrugar para pasear al o a los perros, pero les resulta inconcebible restar horas de sueño para cambiar pañales…

-        Mayores, que deberían ser abuelos, que aconsejan a sus “hijas” que lo de ser madre es un lastre….

Y mientras tanto, nuestro país envejece. Las jubilaciones, peligran. Las familias, empequeñecen. Falta VIDA y ALEGRÍA, ¡faltan niños en las casas!

Y estamos preocupados por el mundial, los catalanes y el sexo de los ángeles.

Perdonadme, pero es que me cuesta mucho no ser realista.

La estupidez gana terreno a pasos agigantados, pero por gracia de Dios, soy de una región donde todavía existen familias numerosas. No son mayoría, pero resultan un “escándalo” para sus contemporáneos, como si hubiesen cometido un crimen contra ellos mismos.

A mí me gusta decir que “son testimonios de amor, de entrega y de vida”. Jóvenes que tienen hermanos, que aprenden a compartir desde que vienen al mundo. Que se preocupan por otros que no son ellos mismos y que saben reconocer el esfuerzo y sacrificio de sus padres.

Tengo un amigo ateo que dice no soportar a las personas a las que califica de “adictas al trabajo” porque les gusta hacerlo todo bien, porque son exigentes y tienen el tiempo muy ocupado para atender fruslerías oconversaciones banales. Entiendo a mi amigo. Critica, en realidad, la falta de amor y compañía. Tiene razón. Estamos embarcados en un activismo ordinario sin un objetivo concreto. El contexto social nos empuja al ruido, a la acción (aunque sólo sea para darle al botón de la TV o para escribir whatsapps).

A pesar de este sinsentido, yo sé que lo tiene. Y lo tiene porque Dios tiene un plan. Un plan que Cristo puso en marcha. Una cruz que, en silencio, se apoderará del Universo. Un Universo hermoso y bello que nosotros minusvaloramos y vejamos. Sé que no todo está perdido. Lo sé porque cuando tres chicas de bachillerato se despiden de su profesora agradeciendo lo que han aprendido estando en sus clases, cuando ella piensa que nadie la escuchaba y que a nadie le interesaba lo que les ofrecía, se da cuenta de que este milagro ocurre porque EXISTE UN PLAN. Un plan que nos sobrepasa. Un proyecto divino del cual desconocemos sus recovecos. Que hay un Padre que está ordenándolo todo. Que hay una Madre que vela por sus hijitos ignorantes e inconscientes.

Entonces, entiendo que pase lo que pase, ¡estamos a salvo!

Y cuando paseo y me cruzo con madres jóvenes que abrazan a sus pequeños o a padres que juegan con sus hijos en el parque, considero que no todo está perdido. Que no sé cómo ni cuándo, pero tarde o  temprano reaccionaremos, saliendo de este anonadamiento de la realidad que nos mantiene en estado de hibernación perenne.

Quizás la próxima generación de españoles sean de raza negra o árabe, ¡quién sabe!; lo preocupante es que el cristianismo quede reducido a “un resto” heredero de las doce tribus de Israel porque, quizás, España vuelva a ser musulmana.

Quizás este sea el plan.

Que ese resto, fecunde el mundo, de nuevo, con el amor de Cristo.

 

Mercedes Lucas

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas."

Soy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología por la Universidad de Murcia y estoy elaborando mi tesis doctoral cuyo tema central es la familia.
Estoy casada y tengo dos hijos y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es en la fe de donde mana mi alegría y esperanza  cada día.

Mercedes Lucas Pérez, es autora, editora y responsable del Blog Padres, adolescentes y esperanzas, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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