Quitar a Dios de nuestras vidas

- Profe...¡si quitan la religión, te quedas sin trabajo!.

- No te preocupes por mí. Yo tendré trabajo. A mí me dais pena vosotros; os vais a quedar muy solos...

Un alumno de 1º de ESO, me manifestaba esta inquietud hace unos días y yo, respondiendo, le manifesté la mía.

Este curso me está resultando bastante extraño. Me he estrenado en un centro nuevo.

Cuando comencé, me agradaba mucho el ambiente que percibía. No quería ilusionarme, pero me consolaban los saludos con sonrisas entre algunos compañeros y, sobre todo, intuía que la nueva directiva, tenía un especial empeño por cuidar ciertos valores de respeto, esfuerzo y disciplina que hacía tiempo que no observaba.

Tras estos meses, sigo teniendo la misma sensación, pero siento una tremenda inquietud por ciertos jóvenes que me he encontrado, sobre todo, en los cursos superiores.

Diría que “son buenos chicos”. Tienen modales y suenan respetuosos. Pero, bajo un disfraz de buenas formas , he descubierto un sibilina malicia hacia todo lo que les suene a exigencia. Acostumbrados a cuestionarlo todo y a todos (excepto a ellos mismos) , se muestran soberbios y prepotentes. Desafiantes y descastados. Tengo la sensación de que creen “que les debemos algo” y que se lo quieren cobrar a base de insolencias.

Creen saberlo todo y “el interés junto con la efectividad” son sus principios básicos. Son hedonistas y se enfrentan con uñas y dientes a quienes pretendan imponerles unas normas que cumplir. La acedía por la vida , les consume y la apatía les devora el alma como ave carroñera que volatiliza los despojos.

Se solidarizan con corrientes de pensamiento en las que no creen verdaderamente, pero de las que han aprendido a sacar tajada sumando “derechos” a los privilegios de los que ya disfrutan.

Son herméticos y no les apetece hablar a no ser que sea para discutir y enfrentarse a otros. El querer saber en sus corazones, “no ocupa lugar”, pues han descubierto que con google, tienen respuestas para todo.

Su violencia soterrada, me asusta. No creen en “el encuentro” y han desistido de pensar que “los otros” son fuente de riqueza pues los perciben como adversarios.

Me pregunto qué es lo que estamos haciendo con ellos... Mientras nosotros debatimos la interdisciplinariedad de los departamentos, la forma de “motivarles en el estudio”, la realización de un sinfín de actividades cuyo objetivo es “engancharles” (¡qué ironía, hay que sobornarles para que accedan a que les formemos!...), ellos nos observan de forma condescendiente ignorando tales esfuerzos y juzgando cada una de nuestras intenciones.

Son pocos, pero se destacan. Los demás, otorgan. Se muestran sumisos a su aparente liderazgo y poder. Unos pocos se atreven a cuestionarles, pero “muy bajito y a escondidas” no sea que descubran que ellos sí que están interesados por descubrir lo que desconocen.

Observo a mis compañeros que con sátira y desprecio intentan ahogar la desesperación que sienten ante este sistema que les está aplastando y que convierte la docencia en una mera “guardería” de futuros dóciles servidores .

No cuestionan la raíz, creen que tal o cual político o determinada ideología se configurará como la salvadora de todos nuestros males. No se consideran ya protagonistas de nada sino meros intermediarios de una sociedad que se corrompe y que no pueden sostener ni remediar.

Mientras, nuestros jóvenes no creen en el futuro. Se entretienen, en cuanto tienen una hora libre, en jugar a las cartas. No les interesa nada como no sea el puro cotilleo.

Cuando llega el Adviento, viene el Rey del mundo y pocos nos atrevemos a expresar que lo estamos esperando. Unos por pura desesperación, otros por puro anhelo de auténtica liberación.

El Señor nos pedirá cuentas a nosotros, a nuestra generación, por adormecerlos entre tanto bienestar, por entontecerlos y aniquilar lo más íntimo del ser humano: la capacidad de relacionarse con Dios.

Por consentir en eliminar a Dios de sus vidas.

Si la religión no importa, la dejaremos morir y si importa, se lo mostraremos al mundo venciendo nuestro ensimismamiento .

No os confundáis, creo en la educación como fuente de creación de personas libres y responsables, pero lo que estamos haciendo es una deformación de la realidad misma. Preferimos flexibilizar y permitir antes que reflexionar y combatir superando nuestros errores.

Reincidimos una y otra vez en ocultar el fracaso antes que reconocerlo.

Cada vez que un gobierno sube al poder, cuestiona las clases de religión. Entramos en bucle con este tema y, al parecer, pocos se dan cuenta que lo que nos estamos jugando es la PRESENCIA DE DIOS en el ámbito de la persona. Eliminarlo a Él, es eliminar a la persona.

Yo me pregunto: si esto sólo importa a los profesores de religión,...¿realmente es tan importante?. ¿Dónde están los miles de padres que se dicen católicos o que simplemente, desean una educación integral para sus hijos incluyendo la Trascendencia en su formación? ¿Quién ha de defender la asignatura?....

Juan Manuel Cotelo, para mí todo un adalid de la fe, ha salido en nuestra defensa. Te doy las gracias por decir en voz alta lo que todos callan: ¡Intentemos vivir sin Dios y a ver qué pasa! ....si es que todavía no lo hemos descubierto...

Mercedes Lucas

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas."

Soy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología por la Universidad de Murcia y estoy elaborando mi tesis doctoral cuyo tema central es la familia.
Estoy casada y tengo dos hijos y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es en la fe de donde mana mi alegría y esperanza  cada día.

Mercedes Lucas Pérez, es autora, editora y responsable del Blog Padres, adolescentes y esperanzas, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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