¿Qué haces mujer?

Tres amigas. Adolescentes, inquietas, impulsivas, rebeldes, dinámicas…e inocentes. Se sientan siempre juntas. Muy pegadas unas a las otras, como si de ello dependiera toda su estabilidad y fuerza. Separarlas resulta ser fuente de conflicto seguro, pero dejarlas juntas ¡también! ¡No paran de hablar ensimismadas entre ellas y ajenas a todo lo que sucede a su alrededor!

Cuando, por alguna razón, deciden intervenir en la clase, hacen preguntas con un poso de incredulidad y petulancia evidente que no concuerda con sus caras de niñas y con la ingenuidad que trasmiten.

Me ha costado “pillarlas”. No terminaba de situarme frente a ellas. Según el día, podían mostrarse encantadoras o insolentes y no entendía dónde se encontraba la raíz de tales excesos emocionales e intelectuales (lo de la emoción, viene por la adolescencia, pero lo intelectual...).

Sin querer y porque la Providencia así lo quiso, descubrí que pertenecían al EQUIPO FEMINISTA del centro escolar y ¡qué curioso!, unos días precedentes, me quedé leyendo detenidamente los “panfletos propagandísticos” que se mostraban jactanciosos en un panel que cubría una de las paredes de uno de los pasillos en una de las plantas del edificio escolar. 

Me llamó poderosamente la atención un cartel, tamaño folio que bajo el título de “FEMINISTAS EN NUESTRO GOBIERNO”, mostraba numerosas fotografías de ministros, junto al presidente del mismo , todos ellos , por supuesto pertenecientes al mismo y único partido. 

Junto a éste, se mostraba otro folio donde se convocaba a una manifestación, que, junto a reivindicaciones “feministas” quería acabar con la religión y la Iglesia, todo ello acompañado con una imagen de una chica exaltada, con rostro muy poco amigable y el puño alzado, gritando… ¡Dios sabe qué! (probablemente, algún que otro improperio contra todo lo que huela a varón...).

El adoctrinamiento al que están siendo sometidos los alumnos resulta bastante evidente ya que en los debates cuyo tema es el referido, no saben argumentar sino más bien repetir los eslóganes que, hasta la saciedad nos repiten los masmedia, pero como contrapunto, se les da fenomenal la provocación y el menosprecio a todo lo que consideran que no se ajusta a su mentalidad.

Veamos. Cuando yo misma era adolescente, me consideraba feminista.

Odiaba los privilegios que tenían los varones y que a mí me estaban “vetados”.  Me sentía discriminada con respecto a mis hermanos. La hora de recogida cuando salía y mis obligaciones en las tareas de casa eran, claramente, desiguales y me indicaban la “condición” de inferioridad con las que las mujeres nos teníamos que enfrentar de forma impuesta. Pero ya sabéis que hablo de otros tiempos…

Yo creía que el feminismo velaba por equiparar derechos que preservaban la dignidad de la mujer igualándola a la de los varones y, por ello, me consideraba feminista.

Cuando autónomamente pude dirigir mi vida, los principios sobre los que educar a nuestros hijos estaban muy claros para nosotros, y así lo hicimos: igualdad de responsabilidad, igualdad de derechos, aunque jamás llegamos a confundirnos pensando que nuestros hijos eran iguales porque NI LO ERAN, NI LO SON. 

LA DIGNIDAD, EL VALOR DE LOS MISMOS, ¡claro que sí!, pero ni dos hombres son iguales ni dos mujeres ¡tampoco!

Ahora, esta esquizofrenia del absurdo quiere poner el mundo al revés y resulta que los varones, según gran parte de una ideología que se dice feminista (pero que suena a cierto neonazismo), nos trata de convencer de que son una panda de salvajes de los cuales nos tenemos que defender “a estacazos” .

Enarbolan emblemas envueltos en un léxico que resulta estridente y embaucador (sistema patriarcal machista y esclavista, bla, bla, bla...).

Nos han sumido en una guerra de sexos en la cual todos salimos heridos. Lo constato cada vez que he intentado, estos años anteriores, comentar las relaciones entre hombres y mujeres y ellas les increpan en el mismo instante en el que a alguien se le ocurre decir una opinión contraria a la suya (os comenté en otro artículo, que apenas puedo utilizar ya este recurso porque resulta imposible que puedan dialogar y escucharse los unos a los otros sin que haya descalificaciones por medio).

No se puede debatir en clase pues “ellas”, las adoctrinadas, lanzan sus calificativos petulantes y panfletarios contra ellos que , acobardados, se retraen y deciden callar, mientras la rabia y el menosprecio son los instrumentos más usados para minar cualquier opinión que emita un “tufillo” de contradicción a lo “políticamente correcto” en detrimento de la ideología mal llamada feminista.

Pues bien, les diré que ya no soy feminista y como al pensamiento sectario le gusta mucho los adjetivos calificativos y las etiquetas, diré que me han convertido en PERSONALISTA.

Creo que se hace imprescindible y urgente defender al ser humano, A LA PERSONA. Y sobre todo, a las más débiles, a aquellas que son agredidas, sea cual sea su sexo.

Si la mujer combativa es la imagen de la rabia colectiva y la agresión, disculpadme, SOY MUJER, pero a mí no me defendéis. 

Por supuesto que hay que defender a las mujeres, ¿quién puede estar en contra de ello? De las agresiones violentas, de las sexuales, de las discriminatorias….de todo lo que la esclavice y menoscabe su dignidad. Pero, no por ello, vamos a convertir en víctimas a todo el que se interponga, llegando a la violencia verbal, la vejación de insultos o el desprecio del que no opine tal y como deseamos.

He visto como la ley de violencia machista, cuyo eslogan es la protección de las mujeres que la sufren, las deja a la intemperie, solas y desamparadas ante un futuro desolador cuando deciden abandonar a su cónyuge maltratador; cómo la ayuda es mínima y se eterniza en burocracia descubriendo que es puro márquetin y que el dinero destinado se queda en los despachos mientras a la mujer no le llega apenas nada. He descubierto la mentira de tal protección y asistencia cuando hasta la asistenta social asegura que lo es.

Sé de algún varón que es amenazado por su cónyuge: si no le da el dinero que desea, en denunciado por violencia, a sabiendas que es mentira y conozco a alguno que ha dormido en la comisaria por el sólo hecho de una rabieta de la parienta.

Conozco a algún varón que se ha visto acorralado, expulsado y desechado ante el apoyo de la justicia “a su mujer” cuya abogada ha ignorado el hecho de que su defendida no atendía a sus hijos, les echa a la calle cuando les molesta y los manda con el padre cuando tiene plan de fiesta sin darles de comer apenas. Pero que ha conseguido la vivienda, un sueldo que le proporciona el marido, más una paga por “violencia de género”  y que vive a todo tren en la vivienda que él está pagando mientras sus hijos andan perdidos y no pueden pedir que su padre les custodie por las numerosas denuncias que ella, junto a su amiga abogada, le han interpuesto y él no puede afrontar por no tener dinero para pagar un buen abogado.

¡Esto es el mundo al revés!

¿Alguien me puede explicar en qué ha mejorado la vida de las mujeres con las maravillosas leyes de violencia de género?

Este continuo aumento en las estadísticas ¿no basta para darnos cuenta que hemos escogido un camino equivocado? Si algo no funciona ¿por qué no hacemos autocrítica para mejorarlo? ¿Acorralar, atacar, agredir… es defender? ¿A quién?

Por otro lado, tengo la impresión de que ser mujer en esta concepción feminista tan actual tiene que ver más con equipararse a los defectos varoniles que tanto rechazábamos que en enriquecerlos con lo  propio de nuestra feminidad. Es decir, para ser “ese tipo de mujer”, tengo que dejar de serlo  y ser más varonil, si no seré tachada yo misma de machista. He de despreciar la maternidad, la familia y el servicio altruista del amor ¡así es cómo demostraré cuán feminista soy!

¡Es de locos!

¡Ojalá recobremos la sensatez y seamos capaces de rectificar a tiempo! 

Mercedes Lucas

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas"

Soy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la universidad de Salamanca, poseo un Máster y un Doctorado en Teología por la Universidad de Murcia. En 2017, defendí mi tesis sobre la mujer, el matrimonio, la familia y la parroquia en mi Diócesis. 

Estoy casada y tengo dos hijos y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es la fe de donde mana mi alegría y esperanza cada día.

Mercedes Lucas Pérez es autora, editora y responsable del Blog "Padres, adolescentes y esperanzas", alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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