Sobre la esencia del cristianismo

En el siglo XVIII se ha gritado que la Iglesia sea destruida. El siglo XIX es el siglo del ateísmo y el siglo XX es el siglo del olvido de Dios. El espíritu cristiano ha entrado en el siglo XX con temor hacia la filosofía. Por todas partes crecen las voces anticristianas. La filosofía es vista como enemiga. La filosofía está personalizada en Hegel y en el positivismo. Hay prevención hacia la filosofía racionalista o idealista y hay prevención hacia la ciencia empírica.

La única grieta que los teólogos y los filósofos católicos encuentran en esta cultura secularista es el existencialismo y, en sus proximidades, el vitalismo o el historicismo. Estas filosofías que viven de aferrarse a la especificidad del ser humano, a verlo como existente sui generis respecto de los restantes del mundo físico. El personalismo actual es la prolongación de este humanismo. Uno de esos autores que han luchado por preservar una racionalidad cristiana en medio de este paisaje ha sido R. Guardini. De su amplísima obra me interesa en este momento tan sólo La esencia del cristianismo. Es muy breve y la postura de su autor es clara.

El problema de la esencia del cristianismo consiste, en estos tiempos, en mostrarlo como algo con sentido. Tanto el racionalismo como el positivismo lo disuelven o lo agreden. Cuando se leen las obras publicadas en estos dos últimos siglos sobre este asunto, se ve que son numerosísimas las que hacen del cristianismo, o bien una religión que no expresa más que los anhelos puramente naturales del hombre, o bien una insensatez inadmisible para un ser humano maduro. En ambos casos hay reduccionismo. El cristianismo se torna humanismo en el primer caso; la fe cristiana es filantropía, solidaridad, amor, etc. En el segundo caso, la fe propone modos de vida inverosímiles para un ser humano con los pies en el suelo, es decir, con teléfono móvil.

Guardini busca preservar el lugar propio del cristianismo, enfrentándose noblemente con las resistencias del mundo contemporáneo. Resulta revelador el modo de proceder de Guardini, en el que cabe advertir la búsqueda de nuevas vías de defensa de la fe sin el recurso a la tradición medieval. Guardini quiere ser plenamente moderno y ser, a la vez, plenamente cristiano.

En La esencia del cristianismo adopta su autor una posición que puede resumirse en dos ideas:

  1. Rechaza todas las teorías sobre la esencia del cristianismo (que enumera someramente en pp. 15-16) «porque se hallan formuladas en forma de proposiciones abstractas, subsumiendo su «objeto» bajo conceptos generales» (p. 17).
  2. La esencia del cristianismo está constituida por Jesús de Nazaret (cf. p. 19 in fine), por la «persona de Cristo» (p. 103).

Puede cumplirse aquí aquello atribuido a Leibniz, a saber, que toda filosofía es verdadera en lo que afirma y falsa en lo que niega. Hemos caracterizado la posición de Guardini con una tesis negativa y una tesis afirmativa.

La negativa de Guardini a caracterizar el cristianismo con «proposiciones abstractas» requiere mostrar qué tienen de rechazables, de vituperables. Las bases para averiguarlo se encuentran en estas consideraciones:

«Lo propiamente cristiano no puede deducirse de presupuestos terrenos, ni puede determinarse por medio de categorías naturales, porque de esta suerte se anula lo esencial en él. Si se quiere aprehender esto último, hay que hacerlo partiendo de su propio ámbito. Hay que preguntar directamente a lo cristiano y recibir de él la respuesta; sólo así se perfilará su esencia como algo propio y no soluble en el resto. Lo cristiano contradice el pensamiento y las dicciones naturales, para los cuales todas las cosas, sea cual sea la diferencia entre ellas, se reúnen bajo las mismas categorías últimas, constituidas por la lógica y la experiencia. Lo cristiano no se inserta bajo estas categorías. Cuando el pensamiento se percata de que, pese a toda la identidad en los elementos naturales y en la estructura óntica, no puede desintegrar lo cristiano ni integrarlo en el «mundo», entonces y sólo entonces se dibuja con claridad lo esencial del problema» (p. 19).

El afamado teólogo comienza por establecer heterogeneidad entre lo «propiamente cristiano» por un lado, y, por otro, los «presupuestos terrenos» y las «categorías naturales». Se trata de dos ámbitos distintos. Y tiene razón en ello. Pero, ¿hasta qué punto llega esa distinción? La traducción española que manejamos llega a decir que lo cristiano «contradice» lo natural, que lo natural y lo cristiano están en contradicción, es decir, que ambos se excluyen, se rechazan. Aunque quiero pensar que con esto Guardini habla de forma hiperbólica. Lo cristiano, tomado en rigor, no puede ser formalmente incompatible con lo natural, pues si tal fuera, dondequiera que estuviera lo cristiano no habría ya naturaleza. Lo cristiano destruiría y rechazaría a lo natural. Pero no es posible que el cristianismo sea formalmente incompatible con lo natural, aunque sólo sea porque el autor de la naturaleza es el mismo Dios que se hace hombre en Jesús de Nazaret.

Tan chocante postura comienza a hacerse comprensible cuando Guardini dice que las «categorías» naturales proceden de «la lógica y la experiencia». Salvo que se proponga persistir en la exageración, no puede ser cierto que Guardini entienda propia y rigurosamente lo cristiano como algo alógico y ajeno del todo a la experiencia. Tampoco parece aceptable pensar que Guardini entienda la índole del cristianismo como del todo exterior a la experiencia y a la lógica. Y no lo es porque el propio Guardini, al expresarse, no puede evitar hacerlo, en este libro o en cualquiera de sus manifestaciones comunicativas, con «categorías» o conceptos que proceden, sin reserva, de la experiencia y de la lógica. Cuando Guardini habla de Jesucristo como «persona», o del «amor a Cristo», etc., no puede evitar emplear palabras y conceptos lógicos y empíricos. Los conceptos de persona o del amor son conceptos empíricos.

Las hipérboles pueden resultar, en definitiva, confusas y oscurecedoras.

Lo interesante de este planteamiento de Guardini, y que merece ser retenido, es el carácter extramundano del cristianismo. El cristianismo no forma parte de lo posible en el marco de la naturaleza, en el mundo creado, según las leyes y principios de este mismo mundo. No es verdad que el cristianismo se reduzca a la religión natural, a amar a Dios y respetar a los hombres. Por eso a lo cristiano sólo se puede acceder «partiendo de su propio ámbito». Es verdad que el cristianismo no es parte ni resultado del mundo natural. Cristo no es un producto de la evolución y desenvolvimiento de la naturaleza. No es un punto de llegada del mundo, un punto al que el mundo pueda llegar por sí mismo, según las leyes de su constitución interna. El mundo no puede producir a Cristo, o exigir que Cristo exista de acuerdo con la constitución propia de lo natural, por mucho que el mundo sea muy capaz, como se ve, de producir hombres, elefantes y geranios, montañas y pulgas, ríos y planetas. En este sentido, Cristo no es un ser natural.

Sucede, sin embargo, que «lo cristiano» sólo puede ser expresado con palabras, sólo puede ser pensado con conceptos, y las palabras y los conceptos proceden de la experiencia natural del ser humano. En este sentido no es verdad que «lo propiamente cristiano» no pueda ser determinado por categorías naturales o terrenas. Para conocer a Cristo se ha de emplear la inteligencia que la naturaleza nos ha otorgado; para hablar de Cristo hay que emplear el lenguaje que naturalmente poseemos. El propio Jesucristo emplea el pensamiento y el lenguaje de los hombres.

Con esto Guardini pone en cortocircuito las teorías hegelianas, racionalistas, de la religión cristiana. Pero para hacerlo comete un exceso. El cristianismo, aun no siendo una realidad natural, tampoco es una realidad contradictoria de lo natural. El cristianismo no es contradicción, sino novedad. Un añadido o prolongación de lo natural. No forma parte de la creación que el Hijo de Dios se encarne para redimir y elevar a los hombres. Según su constitución natural y su natural desenvolvimiento, el hombre pecó y cortó su acceso a Dios. Más allá de su condición de Creador providente, adoptó Dios la condición de Redentor y Amante íntimo del hombre, y para ello «tomó» carne, esto es, asumió la naturaleza creada del hombre. Una naturaleza previa, conceptualmente al menos, a la propia Encarnación.

Así, pues, entre todas las tergiversaciones del cristianismo, quizás ninguna más destructiva que la que lo convierte en consecuencia natural y consumación propia, según su ser, del mundo y del hombre naturalmente constituidos. Es decir, la filosofía de Hegel, de quien se alimenta y bebe el pensamiento religioso occidental desde el siglo XIX.

(En otros lugares, y quizás también aquí implícitamente, Guardini parece pensar que «naturaleza» significa lo que los estoicos dijeron de ella. Para el estoicismo, la naturaleza es el mundo entendido como algo autosuficiente. No todos los filósofos, ni siquiera todos los filósofos griegos, admitieron esto).

*    *    *

He aquí por qué no es acertado contraponer lo «abstracto» de las «categorías» naturales y empíricas de la mente humana a una captación existencial y concreta de la persona de Cristo. Porque todas nuestras ideas, sin excepción, son abstractas, incluso las que nuestra mente une en la idea de la «persona de Cristo». «Persona» y «Cristo» son abstracciones. El concepto de lo «abstracto» adquiere un sentido negativo en el pensamiento antirracionalista y antiidealista posterior a Hegel. «Abstracto» significa «irreal». Así hablan Kierkegaard, Marx. Y también el mismísimo Hegel. Se diría que es este el concepto de lo «abstracto» que maneja Guardini, y que él enfrenta al carácter concreto de la persona de Cristo. Aunque con decir esto no hemos avanzado apenas.

Tal como Guardini se expresa, la novedad cristiana significa que lo existente no se fundamenta en «principios abstractos», sino en la persona de Cristo. Sin embargo, nadie pretende ni puede pretender –tampoco los paganos– que unos «principios abstractos» puedan ser fundamento real y auténtico de nada.

Cuando Platón decía que el fundamento de la realidad del mundo se encuentra en las Ideas, de ninguna manera pensaba el filósofo griego en ideas «abstractas», irreales, puramente existentes en la mente del hombre, o de algún chalado. Si algo afirma Platón inequívoca y rotundamente es que las Ideas son reales, y que lo son tanto, que tienen existencia propia y que son fundamento de todo lo real. Ni pretende Aristóteles otorgar al mundo finito un fundamento en un Motor Inmóvil «abstracto», indefinido, vago y puramente mental. Tanto las Ideas, de Platón, como el Motor Inmóvil, de Aristóteles, son reales según los respectivos filósofos. Y no solamente reales, sino más reales aún que las cosas que no son ni las Ideas ni el Motor Inmóvil.

La Persona de Cristo no llena un vacío en nuestra explicación real de la realidad del mundo. No nos baja de las nubes abstractas para hacernos tomar real y efectiva conciencia de lo que hay.

En consecuencia, el empleo por parte de Guardini de los conceptos de «abstracto» y «persona» en esa peculiar contraposición, aunque contiene aciertos inequívocos, también se presta a equívocos desaciertos, por no acabar de ajustar, con la precisión requerida, la aportación que para el mundo y el hombre supone la Encarnación del Verbo.

 



Me refiero a Guardini, R. (1977). La esencia del cristianismo (3ª ed.). (F. G. Vicen, Trad.) Madrid: Cristiandad.

José J. Escandell

Mi Blog "Pensamientos para vivir bien" 

Doctor en Filosofía. He sido profesor en la Universidad CEU San Pablo, la Universidad Eclesiástica San Dámaso y en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Profesor de enseñanza media, actualmente ejerzo la docencia en un Instituto de Educación Secundaria de Madrid. Casado y padre de cinco hijos. He publicado diversos trabajos científicos, especialmente de metafísica y antropología, y sobre la figura de Antonio Millán-Puelles. También participo en programas de radio y en periódicos de internet.

José J. Escandell, es autor, editor y responsable del Blog Pensamientos para vivir bien, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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