Escuela y vida (1ª parte)

Una de las razones por las que hay estudiantes que chocan contra los estudios, es lo que llamaré el «desajuste vital». En estos casos sucede que, entre lo académico que se les ofrece y exige en las clases, y la vida que ellos tienen, con sus expectativas y proyectos, no hay ajuste, no hay encuentro. Lo académico es extraño, ajeno a lo vital que en ellos hay. (No me refiero, pues, a que este desajuste se dé siempre: solamente acontece a algunos alumnos que fracasan en los estudios).

En Occidente, desde que se generalizaron los «sistemas» educativos, los seres humanos somos muy pronto entregados a la educación de los profesores. Si no es en el jardín de infancia, desde luego todos entramos en el sistema educativo desde muy niños. Se trata de una interferencia externa que rompe el amable clima de acogida y de afirmación personal que teníamos en casa (lo cual no significa que sea una interferencia inadecuada). Es comprensible que, desde muy pronto, el niño experimente el contraste entre lo afirmativo familiar y lo negativo escolar. Por supuesto, las nuevas pedagogías y el sentido común de muchos maestros consiguen suavizar ese contraste.

Más tarde, cuando la guardería ya es escuela, el niño se ve invadido por un nuevo elemento externo. A través de los maestros, entran en contacto con los «saberes» o las «ciencias» en forma de «cono», de «mates» y de «lengua». Podrá edulcorarse cuanto se quiera este encuentro, podrá envolvérselo con juegos y entretenimientos, que casi siempre seguirán siendo los estudios algo «artificial» y un poco forzado. La naturalidad de la vida puede no encajar bien con el rigor de los saberes, aun de los saberes reducidos a su versión más infantil. Para mayor dificultad, las solicitaciones de lo agradable sobre los niños pueden llegar a abrumar o embotar sus intereses, con la televisión, los juegos electrónicos, los deportes y, en ocasiones, la protección entusiasta de los padres.

Así, cuanto más se avanza en los estudios, y a medida que el niño cubre las etapas de su desarrollo psico-físico hasta llegar a la loca adolescencia, más posibilidad hay de que se forme y abra una grieta entre la experiencia vital y los contenidos académicos. Precisamente uno de los puntos fuertes de lo que se conoce como la «escuela nueva» ha sido el rechazo de lo académico en favor de un aprendizaje vital, en continuidad con el modo de vida y las estructuras mentales y afectivas que los niños han formado en sus ambientes familiar y social. Sin embargo, el problema que resulta de estas teorías es distinto, y más grave que el que se quiere solucionar. En la tensión entre escuela y vida, la moderna pedagogía se inclina por proteger la vida y reducir la escuela. Un signo muy claro de esa actitud es la insistencia en lo lúdico y en la necesidad de que el aprendizaje sea divertido. Es cierto que el modelo «clásico» puede aplastar la «vida» en nombre de la escuela; también lo es que el nuevo modelo pendula al extremo opuesto y deprime la escuela en nombre de la «vida» espontánea. La nueva pedagogía, al poner en el centro los «intereses» vitales de los alumnos declarándolos intocables, renuncia a ampliarlos. La educación que así se realiza no abre horizontes vitales y encierra a los estudiantes en lo que ya son y tienen.

Frente al reduccionismo de las pedagogías al uso, la verdad es que lo académico tiene un valor específico positivo, incluso en su contraste con la «vida». El error del que deriva la descalificación de lo académico,  estriba en  pensar que es irreal. Porque se piensa, en el fondo, que las ciencias y las artes, con sus tecnicismos y sus dificultades, son construcciones arbitrarias que perjudican el correcto desarrollo de los seres humanos. Esta descalificación descansa, a su vez, en la idea de que la vida auténtica y verdadera es la del joven –aunque tenga cuarenta años– que se divierte con sus amigos, juega con su Play Station, mensajea por Whatsapp, sale de fiesta los jueves por la noche, etc. Ya el mundo del trabajo presenta para esta concepción, un primario e intrínseco valor negativo, pero no deja de reconocérsele el ser un medio ineludible para tener algo de dinero y una vida propia. Por supuesto, ello implica que los estudios que no tienen un sentido laboral carecen por completo de sentido. La clásica idea de la inutilidad del saber adquiere hoy un significado completamente distinto y del todo negativo.

Esta mentalidad se gesta en las escuelas desde la base, con la complicidad de los padres y del clima social. Refuerzo y causa al mismo tiempo de este estado de cosas, es la actitud de los gobiernos en sus políticas educativas, perfectamente concordantes con semejante concepto de los saberes académicos.

Desde el punto de vista del alumno de primaria o secundaria, el resultado es que todo se encamina a entorpecer el ajuste entre la vida y la escuela. Al menos en España, la escuela es vivida con «laica» resignación y una sorda y creciente tensión de fondo. ¿Acaso es irrelevante el elevado número de alumnos con dificultades de aprendizaje, y el mucho trabajo de los gabinetes psicológicos? Perturbaciones más graves habrá seguramente, pero pasan ocultas.

Es preciso hacer posible la sutura entre vida y escuela. Lo cual, desde luego, obliga a una profunda modificación de muchos órdenes de la actividad educativa. Por lo que respecta a lo que se ventila «de tejas abajo» en la escuela, es decir, dentro de las aulas, se precisa que el profesor tenga clara la condición «académica» de sus enseñanzas; y se requiere, asimismo, que el alumno se abra a la posibilidad de ajuste entre su vida y sus estudios.

Madame Curie vivió y murió para explicar las propiedades radioactivas. I. Newton tenía como ideal descubrir las leyes fundamentales del comportamiento de los cuerpos. L. van Beethoven buscaba las formas más perfectas de expresión musical. Cristóbal Colón puso en riesgo su vida por encontrar nuevas rutas a la India y se encontró con las Indias...

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José J. Escandell

Mi Blog "Pensamientos para vivir bien" 

Doctor en Filosofía. He sido profesor en la Universidad CEU San Pablo, la Universidad Eclesiástica San Dámaso y en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Profesor de enseñanza media, actualmente ejerzo la docencia en un Instituto de Educación Secundaria de Madrid. Casado y padre de cinco hijos. He publicado diversos trabajos científicos, especialmente de metafísica y antropología, y sobre la figura de Antonio Millán-Puelles. También participo en programas de radio y en periódicos de internet.

José J. Escandell, es autor, editor y responsable del Blog Pensamientos para vivir bien, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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