Escuela y vida (2ª parte)

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Para la política educativa, la síntesis entre vida y escuela se resume hoy en hacer de la escuela una preparación para la vida laboral y para la convivencia democrática. Tan corto es su vuelo, tan miope es su mirada.

Claro que la vida laboral debe formar parte del horizonte de la educación de los niños. Lo que no es verdad es que eso sea todo el horizonte. Como tampoco es de recibo formar a los niños para que sean demócratas, pues la tarea política de los ciudadanos no se reduce a ello. En realidad, estos graves defectos de la política educativa se deben a falta de profundidad y a un inadecuado concepto de las relaciones entre lo público y lo privado. Es decir, la política educativa occidental adopta un papel incorrecto.

Esta idea de la política educativa supone que la vida a cuyo servicio está la escuela se reduce tan sólo a la vida pública de los estudiantes. Lo privado y particular se abandona en las manos puramente subjetivas, arbitrarias y hasta caprichosas de cada cual y de sus padres, en su caso. Esto es presentado como «libertad». Existe la convicción de que el proyecto vital de cada cual es, en efecto, únicamente de cada cual; qué ideas y actitudes morales, qué concepciones del mundo y de la cultura se tengan, qué confesión religiosa se adopte, es cosa que los modernos han declarado territorio privado. Se concede libertad en todos estos asuntos, a cambio de que todos ellos, sin excepción, sean declarados asimismo sin importancia. Porque un supuesto esencial de esta «libertad» es que solamente lo público tiene valor humano auténtico. Y la educación ha sido declarada tarea pública.

Es verdad que la política educativa tiene sobre la educación una responsabilidad parcial, no completa. La política tiene facultades en materia educativa que se restringen al plano del bien común social. Y, por lo mismo, su papel es secundario respecto de la responsabilidad primera de los padres. El problema de la moderna política educativa es que aplica el principio del «perro del hortelano»: ni educa (porque se limita a lo «público») ni deja educar (a los padres y a los profesores).

Es así como se ha creado el clima que ha dejado desamparados a los niños. Tienen una vida que proyectar, y se les deja solos. La educación no quiere entrar en la vida del niño, porque –como insistentemente vengo diciendo– ha decidido que su tarea se limita a las dimensiones públicas de la persona. Y esas dimensiones, además, han sido jibarizadas y distorsionadas hasta extremos héticos y consuntivos: lo máximo que se imbuye a los niños es el deber de reciclar basuras, la solidaridad con el pueblo tibetano y la más oceánica permisividad sexual.

Por su parte, tanto las familias como las religiones han desertado de sus respectivas funciones educativas. La familia ya no es apenas lugar de educación personal, simplemente porque la familia ha sido expropiada y destruida. Hay pocas que queden en pie según la estructura esencial de un matrimonio monógamo y estable. El divorcio, la liberación sexual, la «ideología de género» y el egoísmo han llevado a la familia a ser residual en muchos países; en España, los hogares más numerosos son los hogares con una sola persona. Estos son los modelos que los niños y los jóvenes experimentan en sus propias vidas.

Por lo que respecta a las religiones, el cristianismo occidental se ha aguado y se limita a hacer de altavoz de las consignas socialistas o liberales, según los casos. Contaminado por las doctrinas anticristianas, encogido y avergonzado de sí mismo y de su historia, el cristianismo ha dejado de ser profético en la mayoría de los colegios y universidades confesionales. Cosa distinta, desde luego, es el comportamiento del islam en materia educativa.

El resultado es que el estudiante se ha quedado sin orientación. Y como el mal puede con frecuencia más que el bien –sobre todo si se trata de niños y jóvenes (con escasa experiencia, pasiones en efervescencia y fáciles de persuadir), y si el mal cuenta con todo el poder y con todos los medios posibles– entonces lo más probable es que nuestros estudiantes se apunten al egoísmo general en alguna de sus muchas versiones. Se trata de una fuerte reducción del horizonte vital. Los seres humanos podemos embarcarnos –la historia es testigo de ello– en proezas y hazañas, aunque sean domésticas, y podemos también, por el contrario, concentrarnos en el puntiforme propósito de satisfacernos tan sólo a nosotros mismos. En esta dirección camina hoy nuestro mundo.

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José J. Escandell

Mi Blog "Pensamientos para vivir bien" 

Doctor en Filosofía. He sido profesor en la Universidad CEU San Pablo, la Universidad Eclesiástica San Dámaso y en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Profesor de enseñanza media, actualmente ejerzo la docencia en un Instituto de Educación Secundaria de Madrid. Casado y padre de cinco hijos. He publicado diversos trabajos científicos, especialmente de metafísica y antropología, y sobre la figura de Antonio Millán-Puelles. También participo en programas de radio y en periódicos de internet.

José J. Escandell, es autor, editor y responsable del Blog Pensamientos para vivir bien, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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