Una educación con desagües

Henos aquí con un «sistema educativo» que no tiene desagües. Desde que se consagró en España el principio de pedagogía política según el cual hasta los dieciséis años todo ciudadano ha de estar en la escuela, una de las medidas que de inmediato se han tomado, con toda coherencia, es la de impedir salidas del sistema. Según eso, un niño que entra en las aulas casi recién nacido no puede abandonarlas, caiga quien caiga, pase lo que pase, hasta al menos los dieciséis (y si puede estar más años, mejor).

Las disfunciones que este principio genera son numerosas. No obstante, el sistema está montado sobre la base de que «cuanta más educación, mejor» y de que «se puede educar siempre». Debe ser que se piensa (vaya usted a saber por qué) que los niños, los adolescentes o los jóvenes son pura plastilina, materia moldeable y blanda siempre capaz de recibir las acciones educativas, de tal modo que, si en algún momento las cosas no funcionan bien, ha de pensarse que lo que falla no es nunca el sujeto receptor, dúctil por principio, sino el sujeto educador, el que ejerce las acciones educativas, que quizás no es capaz de motivar, no emplea las técnicas adecuadas, no se mentaliza bien, no se adapta al alumno, etc. (En educación parece que casi nunca la experiencia es prueba suficiente de casi nada). Muchos profesores actuales, en medio de sus frustraciones, permanecen, unos, como iluminados pasmados esperando a Godot, y otros, tan derrotados que se han hecho cínicos.

No es verdad que cualquier muchacho, hasta la mayoría de edad, esté permanentemente disponible para la educación. Ni en el orden psicológico, ni en el moral, ni en el intelectual. El sistema, sin embargo, necesita creer, y hacer creer, que no existe el alumno incapaz o indisciplinado. Sólo hay profesores torpes. En consecuencia, los alumnos incapaces (sean temporales o fijos) y los indisciplinados permanecen todos en los centros y en las aulas. La presencia de los unos provoca al cabo pérdida de nivel educativo, porque obliga a adaptar el ritmo de las clases a las limitaciones de esos pocos. Lo cual quizás fuera soportable, si no resultara que, además, los otros –que son los verdaderamente problemáticos- son simiente de indisciplina en las aulas y acaban por hacer imposible la enseñanza.

El sistema educativo no tiene desagües. Su clausura implica que, al no haber la posibilidad de expulsar lo disfuncional, el sistema se intoxica y acaba enfermando, si no pereciendo. Seamos sinceros: la educación española no enseña nada, ni siquiera lo elemental. Lo que pasa es que sus gestores son, o doctrinarios o pragmáticos. Los primeros se mueven entre aparatosas estadísticas mentirosas y teorías tan utópicas como insensatas. Los segundos son sólo eso, meros gestores, en el sentido de que únicamente se preocupan porque la educación no preocupe: o sea, su ocupación es que no salte ningún problema fuera del sistema y quede en evidencia. Así hemos creado la gran mentira.

Hay que negar el principio de la educación universal como obligación común y general. No hay derecho a secuestrar a los niños por principio, sean como sean, y a someterlos a un sistema educativo que, aunque haya adquirido alguna flexibilidad, se considera dueño y señor de ellos. El Estado tiene la obligación de justicia de atender a la diversidad de temperamentos y capacidades; lo contrario hace de la educación mera manipulación industrial. Por eso es obligación suya el dotarlo de formas de acceso y salida abiertas. Para que quienes precisan atención peculiar la puedan encontrar, y para que quienes no quieren aprovechar el sistema, aprovechen a la sociedad en otras actividades desde la infancia.

José J. Escandell

Mi Blog "Pensamientos para vivir bien" 

Doctor en Filosofía. He sido profesor en la Universidad CEU San Pablo, la Universidad Eclesiástica San Dámaso y en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Profesor de enseñanza media, actualmente ejerzo la docencia en un Instituto de Educación Secundaria de Madrid. Casado y padre de cinco hijos. He publicado diversos trabajos científicos, especialmente de metafísica y antropología, y sobre la figura de Antonio Millán-Puelles. También participo en programas de radio y en periódicos de internet.

José J. Escandell, es autor, editor y responsable del Blog Pensamientos para vivir bien, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com