Un libro sobre la revolución sexual global (I)

La editorial Didaskalos acaba de poner a la venta el libro de Gabriele Kuby titulado La Revolución Sexual Global. La destrucción de la libertad en nombre de la libertad. Me llega recién salido de la imprenta. Son 499 páginas, aunque de caracteres de buen tamaño.

la revolucion sexual globalUna idea de la línea que sigue el libro se tiene de inmediato a la vista de los nombres que aparecen en su portada. La edición y traducción es de Pablo Cervera, sacerdote, quien fuera (entre otras muchas cosas) Director General de la BAC, hoy Redactor Jefe de «Magnificat», editor incansable y traductor de garantía (por ejemplo, de algunos volúmenes de las Obras Completas de J. Ratzinger, nada menos). Tras él, otros tres nombres, de los autores de otros tantos prólogos del libro. Mons. Juan Antonio Reig Pla (obispo de Alcalá de Henares), Mons. Carlo Cafarra (recientemente fallecido) y el Prof. Robert Spaemann (filósofo, que fuera docente en las Universidades de Stuttgart, Heidelberg —en cuya cátedra sucedió a H. G. Gadamer— y, finalmente, hasta su jubilación en 1992, en la Universidad Ludwig-Maximilians de Munich).

El tema del libro es bien explícito en su título, nada sugerente sino del todo claro y directo. He aquí que la autora manifiesta, a quien quiera leer estas páginas, que estamos hoy en el mundo envueltos en una revolución sexual global. Lo de «revolución» significa que asistimos a un giro de ciento ochenta grados, a una subversión del rumbo cultural, a un vuelco de las ideas y las costumbres, a una inversión de las convicciones. Queriendo o sin querer, acontece hoy un drástico cambio de escenario. La materia a la que afecta la revolución es nada menos que la sexualidad humana. Y el añadido de «global» no hace sino realzar el alcance del giro, subversión, vuelco e inversión de la sexualidad humana.

Que el asunto es grave, salta a la vista. Aunque pueda parecer (por ejemplo, a quienes piensan que «lo importante es la economía») que la cosa se limita a un corto radio de la vida humana y que se agota en ese breve espacio. Es cierto que la sexualidad no lo es todo; pero, desde luego, es mucho, muchísimo. Por dos razones, al menos. La primera, por el poder de la energía sexual en la vida de los seres humanos. Pocas pulsiones hay en nosotros que puedan llegar a tener tanta capacidad de dinamización de nuestras conductas. Como pulsión que brota a su aire y busca denodadamente su satisfacción, puede acabar por destruir a su sujeto si no se la somete a razones. El logro de su control es, además, difícil; es lo que se llama castidad, que tiene casi más de don y regalo divino que de logro y conquista personales. Una sexualidad lujuriosa aleja la vida humana de su alcance total, que no es el placer, sino la inmersión en el Bien Común, es decir, en el anegamiento en la soberana plenitud de Dios.

La segunda razón por la que la sexualidad es importante es que, en los seres que disponen de ella, es la condición de su reproducción. Es elemental y evidente: los hijos vienen de la práctica de la relación sexual, y no de la cigüeña. Pero los hijos no son cualquier cosa, sino carne de «mi» carne, como unas réplicas de nosotros mismos. Por así decir, no es solamente la «especie» humana la que se reproduce en cada hijo, sino que en él se re-produce (esto es, se vuelve a producir o generar) la pareja humana concreta que tiene ese hijo concreto. Mi hijo me releva, me «sucede» y me hereda. Mi hijo es mi yo renovado, rejuvenecido, prolonga mi vida concreta con su existencia concreta. En la reproducción humana está el medio por el que cada sujeto concreto, cooperando con otro de distinto sexo, prolonga su existencia y, con ello, mantiene existente al género humano.

Me parece oportuno recordar estas ideas, porque en estos tiempos turbulentos hay quienes ven en el matrimonio, la familia y el sexo como algo secundario. Estas cosas son, por el contrario, esenciales para el mundo, para la historia, y hasta para la economía. El ser humano no puede prescindir de ellas. Las patologías del matrimonio, la familia y el sexo repercuten, con graves efectos, en la convivencia universal, en este mundo globalizado.

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El libro tiene por subtítulo «La destrucción de la libertad en nombre de la libertad». Detalle agudo y digno de reflexión. La autora ha podido darse cuenta de que una de las columnas que sostienen a la revolución sexual es una idea de la libertad que es contradictoria en la práctica (y falsa en la teoría). Contradictoria en el sentido práctico, es decir, «impracticable», irrealizable, imposible de vivir. Uno puede empeñarse en lo contradictorio, pero la realidad es insensible a nuestros caprichos y acaba poniendo las cosas en su sitio (la mayor parte de las veces), por las buenas o por las malas: la insistencia en llevar una piedra a las nubes, lanzándola cientos de veces hacia arriba, es correspondido inexorablemente con una pertinaz lluvia de sólidos fieles a la ley de la gravedad.

La libertad no es libertad «de todo». Tampoco es la capacidad para hacer cualquier cosa. Y eso, sea que se piense en la libertad humana, en la divina o en la de los ángeles. La creatividad de la libertad, su apertura, es inexorablemente y por naturaleza, una apertura definida, un juego en un marco determinado de fines y de posibilidades. Por ejemplo: cuando me propongo comprar un coche, que ese sea el fin previsto condiciona mi elección, porque la hace posible, pues si no quiero comprar un coche no ha lugar a elección alguna. Puedo cambiar de fines, pero entonces las elecciones que se abren son otras. Porque, si quiero comprar un coche, pondré delante de mi mirada coches que puedo adquirir, y solamente coches. El margen de posibilidades electivas puede ser muy grande, puede llegar a ser inabarcable, aunque siempre será un margen; nadie incluye entre las posibilidades de elección lo que de ninguna manera consuena con el fin que pretende lograr.

Hay quienes confunden la idea de una libertad incondicionada con la de una libertad finita. Toda libertad es condicionada, pero no toda libertad es finita. La de Dios es una libertad infinita y, no obstante, esa libertad del Supremo Hacedor es libertad condicionada, y lo es porque depende de su total y plenaria Bondad (Dios no puede hacer el mal). No puede ser de otra manera.

En la historia de la filosofía y de la teología, se ha llamado «voluntarismo» a la tesis según la cual la voluntad de Dios es incondicionada e infinita. Voluntaristas como el franciscano Guillermo de Ockham (1285-1347) sostienen que Dios puede decidir que sea moralmente bueno para el hombre odiar a Dios. Por el contrario, los «intelectualistas» como santo Tomás de Aquino defienden que Dios decide que sea bueno para el hombre lo que real y verdaderamente es bueno para el ser humano. Para santo Tomás, la libertad de Dios es infinita y condicionada. Lo bueno es bueno, aquí y en la China. Lo malo es malo, lo diga Agamenón o su porquero. La libertad, sea finita (humana y angélica) o infinita (divina), supone necesariamente esta crucial escisión. En el caso de la libertad infinita de Dios, su poder no le hace creador del bien y del mal, como posibilidades que puedan derivarse de su absoluto ser. El bien y el mal no son creados: el Bien es increado, y el mal es Nada.

Pues bien: todo esto viene a cuento de la tesis de Kuby, según la cual la revolución sexual busca destruir la libertad en nombre de la libertad. Es ello muy cierto, en cuanto que los promotores y ejecutores de esta revolución dan por sentado que la libertad humana es incondicionada. Es lo que Sartre llamaba «responsabilidad», retorciendo con ello tan venerable concepto; la «responsabilidad» es, precisamente, para el famoso filósofo francés, la conciencia de que nuestra libertad es incondicionada. Pero una libertad «absoluta», es decir, incontaminada de un fin que la oriente y le otorgue su sentido y dirección, es un simple imposible. La «responsabilidad» sartreana es el concepto de un oxímoron.

Esa libertad «absoluta» se denomina «autonomía» del sujeto humano. Se trata de una libertad que, como los anarquistas, grita «¡Ni Dios, ni amo!». Y que, como imposible que es, sólo puede ser un grito impotente y, al cabo, resentido.

Tergiversada y confundida, una libertad entendida como autonomía sólo es posible, en la práctica, en la forma de un deseo siempre insatisfecho. Ese anhelo es inasequible al desaliento por el fracaso, y la primera negación de la evidencia del carácter condicionado de la libertad, se suma a la subsiguiente negación de la evidencia de su fracaso. Quien anhela una libertad incondicionada se hace amigo de la falsedad.

Esto significa que la libertad es un querer ciego, como una pasión. De hecho, solamente la pasión puede explicar la pertinacia de los defensores de la libertad como autonomía. Pero, de este modo, el animal racional acaba por vivir como un bruto insensato. He aquí cómo el proyecto de una libertad «incondicionada» desemboca en la negación de toda libertad posible.- Si con mi cuerpo quiero hacer lo que me venga en gana, acabaré siendo su esclavo, individual y social.

Lo dice Mons. Reig al subrayar, con la autora del libro, que «cuando en el enfoque de la sexualidad se prescinde de toda norma moral y se sigue el proceso de deconstrucción de la persona que propone la ideología de género y sus derivaciones, estamos abocados a la anarquía, al caos, a la imposición del pensamiento único que puede dar lugar a un nuevo régimen totalitario liderado por el Estado y la gobernanza global» (p. 21).

José J. Escandell

Mi Blog "Pensamientos para vivir bien" 

Doctor en Filosofía. He sido profesor en la Universidad CEU San Pablo, la Universidad Eclesiástica San Dámaso y en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Profesor de enseñanza media, actualmente ejerzo la docencia en un Instituto de Educación Secundaria de Madrid. Casado y padre de cinco hijos. He publicado diversos trabajos científicos, especialmente de metafísica y antropología, y sobre la figura de Antonio Millán-Puelles. También participo en programas de radio y en periódicos de internet.

José J. Escandell, es autor, editor y responsable del Blog Pensamientos para vivir bien, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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