Laicos del Hogar de la Madre

El centro de la espiritualidad de los Laicos del Hogar de la Madre (L.H.M.) es el mismo Jesucristo. El Hogar de la Madre es una familia de adoradores de la Eucaristía. Jesús Sacramentado se convierte para ellos en experiencia de amor y de acción.

Para llegar a Jesucristo van por el camino más corto: María. Ella, con su “Fiat” se convierte en ejemplo vivo, aceptando los designios de Dios para la salvación del mundo. Contemplando a la Virgen se ratifica la misión propia de servicio a Dios en la Iglesia de los L.H.M.

La espiritualidad del Hogar de la Madre es carmelitana, es decir, de búsqueda de la unión con Dios a través del camino de las "nadas" marcado por S. Juan de la Cruz y de fidelidad a Dios, inspirados en el ejemplo de profeta Elías.

El Hogar de la Madre es un camino de santidad, un modo de ser Iglesia. Se trata de una llamada, de una vocación específica, la de ser Hogar de la Madre en la Iglesia. El Espíritu Santo, autor de las obras suscitadas en su Iglesia, es a la vez su impulso y motor. Él las anima y alienta para que vayan dirigidas a la glorificación de la Trinidad.

Conscientes de que son Iglesia y de que sirven a la Iglesia, porque la aman como obra de Dios, los L.H.M. participan en la Liturgia, meditan la Sagrada Escritura, estudian la Tradición y el Magisterio, aceptan sus normas morales, colaboran con los Pastores y comparten su preocupación por los problemas y el progreso del género humano. Este sentir con la Iglesia les compromete a una concreta colaboración en la obra del establecimiento del Reino de Dios.

Los principios por los que se mueven los L.H.M. deben contemplarse en el misterio de Cristo y su Evangelio, como lo cree y predica la Iglesia, y en la suprema ley del amor.

Desean actualizar, en cada situación de su vida, esta ley inscrita en sus corazones por el Espíritu Santo en virtud del Bautismo. La ley del amor les empuja a estar abiertos a todos los hombres, tratando de darles a conocer las riquezas de su fe y trabajando por el auténtico progreso humano, la paz, la justicia, la caridad, la libertad y la dignidad del hombre.

Los Santos propuestos por la Iglesia son para ellos los amigos fieles y ejemplos de vida. Se encomiendan personal y comunitariamente a ellos, especialmente a los Santos Protectores y Patronos del Hogar. Reconocen la necesidad de la oración personal y la dirección espiritual como instrumento indispensable para buscar y hallar a Dios en todas las cosas.